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LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - Hace más de dos meses
presencié una discusión entre una madre y su hija,
cuando la primera le requería a la joven por sus vínculos
amistosos con una jinetera del barrio donde ellas residen. La
muchacha alegaba que la conocía desde que iban a la escuela
primaria, y que a pesar de su forma de vida era una buena amiga.
El hecho de ser una prostituta no interfería en el afecto
que ambas se prodigaban. La madre seguía insistiendo en
que no deseaba aquella relación, sin lograr al final que
su hija comprendiera las razones que movían a la reacia
posición materna.
La anterior discusión
y el tema de la prostitución en Cuba que se ha actualizado
en estos días, me motivó a profundizar en el asunto.
Más todavía cuando el fenómeno está
siendo objeto de trabajos publicados en diversos medios de prensa
sin que en los mismos se llegue objetivamente al meollo de la
cuestión. Durante estas últimas semanas he indagado
y conversado con varias mujeres y luego de haberles explicado
el objetivo de mis preguntas ellas decidieron ayudarme. He incluido
a jineteras que reconocieron realizar esta actividad degradante,
mientras arrastran una forma de vida nada fácil.
Es imposible abordar
el fenómeno social sin tener en cuenta primero el contexto
socioeconómico cubano actual y los antecedentes que lo
han precedido en los últimos cuarenta y cinco años
desde la llegada al poder del actual gobierno de Cuba. Ello conlleva
una desintoxicación en el tema de cualquier posición
política personal.
Desde los primeros
meses del triunfo de la Revolución una de las medidas dictadas
por el nuevo gobierno fue la prohibición de la prostitución
en la Isla. De esa forma fueron cerrados los prostíbulos
existentes en las llamadas zonas de tolerancia. Con esta medida
y la aplicación de otras leyes de corte popular, donde
la mujer cubana tenía un espacio social más abierto
que el de simple esposa o ama de casa, comenzaba a cambiar la
vida en toda la sociedad. Comenzaba la campaña de igualdad
entre el hombre y la mujer en cuanto al empleo, los estudios y
en otras actividades del país. La mayoría de las
prostitutas, privadas por el decreto gubernamental de ejercer
la dolorosa práctica, tuvieron la posibilidad de insertarse
en la sociedad donde encontraron otros trabajos y consiguieron
hasta realizar estudios superiores. Muchas lograron encaminar
sus vidas por senderos de honestidad e incluso formaron familias,
transformando sus vidas y dejando el pasado en el olvido. La prostitución
en Cuba fue abolida.
Durante las décadas
del 60 y 70 así como casi en la mayor parte del 80, el
fenómeno no existía en la Isla con excepción
de casos aislados. Durante ese tiempo la mujer cubana desarrolló
sus aptitudes como estudiante y trabajadora. Miles se graduaron
en centros universitarios y una cifra aún mayor en carreras
técnicas y de nivel medio, con especializaciones en ramas
de las ciencias, las letras, los deportes y la cultura en general.
Estos espacios continúan abiertos hoy en el sistema educacional
del país.
Al final de los años
80 es que comienza a notarse un brote nuevo de sexo por conveniencia,
básicamente con la llegada al país de estudiantes
de países del tercer mundo que se matriculaban en escuelas
y universidades cubanas. En esa época todavía no
había llegado
la dolarización galopante que se desarrollaría en
años posteriores. Pero algunas jóvenes establecieron
tempranas relaciones basadas en conseguir objetivos materiales
como ropa, calzado y efectos electrodomésticos, o simplemente
con la idea de tener acceso a lugares especiales destinados a
estos extranjeros. No era aquélla una forma de prostitución
en el sentido completo de la palabra ni un fenómeno social.
Coincidía este florecimiento con la década donde
la población cubana alcanzó, gracias al envío
de gigantescos recursos económicos en ayudas sin precedente
desde la extinta URSS, un nivel modesto pero aceptable de vida.
Con la desaparición del subsidio soviético ese nivel
disminuyó bruscamente hasta llegar a desaparecer. La economía
cubana sufrió cambios radicales y se buscaron nuevas entradas
de recursos y divisas. Se abrió las puertas al turismo
internacional, así como al dólar estadounidense
hasta entonces vedado a la ciudadanía. Como consecuencia,
la sociedad se dolarizó rápidamente.
El bajo nivel de vida
producto de los bajos salarios que incluye a profesionales de
todas las ramas así como el auge del turismo, fue factor
determinante para que en Cuba resurgiera la práctica de
la prostitución, conocida ahora de manera popular como
jineterismo. Pero lo realmente significativo es el por ciento
de cubanas que comenzaron a practicar el bochornoso oficio.
La población
cubana actual es de 11,3 millones de habitantes, de los cuales
casi el 51 por ciento son mujeres. La cifra abarca todas las edades,
desde cero hasta 76 años, o sea, una masa femenina de cerca
de 5,6 millones de mujeres. De ellas, casi dos millones están
entre los 16 a los 35 años de edad. Estos datos han sido
publicados en la prensa cubana y en revistas especializadas o
que han tocado el tema de la sociedad cubana. La masividad del
sistema de enseñanza abarca a casi el 96 por ciento de
las jóvenes en edad escolar, que comprende hasta el nivel
medio y universitario. Entonces vale la pregunta de qué
por ciento de jóvenes cubanas practican la prostitución
y la justificación que alega cada una de ellas para hacerlo.
No existen cifras oficiales
que especifiquen el nivel de mujeres involucradas en esta situación,
pero si se visitan los lugares donde más frecuentemente
se ve la presencia de jineteras, a simple vista se puede asegurar
que la cifra es insignificante en comparación al por ciento
de la población femenina del país. Aceptar que la
prostitución en Cuba es de altos niveles, comparable a
los que existen en otros países subdesarrollados e incluso
desarrollados, es ofender la dignidad de la mujer cubana. Digo
esto despojado de todo orgullo nacional que pueda sentir como
cubano. Es sencillamente una observación real y palpable
que cualquier periodista o visitante extranjero puede confrontar
al recorrer las calles y pueblos del país. En Cuba existen
miles de muchachas que viven la pobreza con decencia. Me recuerda
aquel dicho tantas veces escuchado a nuestros mayores y que se
refería a reconocerse pobres pero honrados.
Por otra parte, si
bien es cierto que el modelo económico del socialismo cubano
ha demostrado ser ineficiente y que la mayoría de los nacionales
vivimos llenos de carencias materiales donde los salarios apenas
cubren el 10 por ciento de las necesidades básicas de la
familia, las mujeres, mayoritariamente, recurren a vías
más honestas para obtener pequeños ingresos económicos
que no sean propiamente a través del comercio sexual.
Las leyes que en Cuba
prohíben esta práctica son severas, pero chocan
con una degradación moral debida a la pérdida de
valores tradicionales. A pesar de que en ocasiones se realizan
operativos policiales contra las jineteras las autoridades de
la isla no logran detener la situación. Por otra parte,
no se puede obviar que la familia, como base principal de la sociedad,
juega un papel importante en la formación moral de los
hijos, siendo la educación de éstos una responsabilidad
compartida con el Estado.
La prostitución
o el jineterismo es un fenómeno extraño para varias
generaciones que crecimos ajenas al flagelo. El menor indicio
del mismo, aunque no constituya una crisis, nos resulta alarmante.
El lento crecimiento del mismo preocupa cada día más
a todos los cubanos que deseamos llegue a ser erradicado nuevamente
y que no deje sus dañinas secuelas para una futura sociedad.
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