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Jineteras, pingueros y turipepes
El fenómeno del turismo sexual en Cuba arrancó
a principios de los noventa. El régimen castrista, perdidos
los fondos que anualmente enviaba la recién desaparecida
Unión Soviética y con una zafra azucarera incapaz
de satisfacer las mínimas necesidades de la inexistente
infraestructura económica cubana, puso los ojos en el turismo
como piedra angular de la nueva economía. Y fue el propio
régimen quien estimuló, como un encanto más
de la isla junto a sus playas y su clima, la "hospitalidad"
de la mujer cubana. Apoyado en inversionistas ávidos de
beneficios rápidos, en su mayor parte españoles,
los hoteles proliferaron en la otrora "Perla del Caribe"
y, a sus puertas o en sus discotecas, comenzaron a aparecer jóvenes
muchachas que en muchos casos ni alcanzaban la mayoría
de edad. 
"Otras prostitutas en el mundo se escandalizarían
al saber que una jinetera cubana entrega su cuerpo por un blue
jean (pantalones vaqueros) o por un plato de comida en un restaurante
de segunda categoría. Son jovencitas que sueñan
hallar en la promiscuidad callejera a un príncipe azul
que las libre de los apagones y el potaje de chícharos
sin carne", escribía Jesús Zúñiga,
periodista independiente de La Habana. En España, la voz
se corrió rápidamente, hasta el punto de que se
fletaron vuelos chárter ocupados por "hombres de negocios"
y que podían comprar en un pueblo de Guadalajara lo que
se conocía como el "paquete cubano": jabón
de tocador, medias de cristal, productos higiénicos....
Todo preparado por 5.000 pesetas. Los "turistas" de
mediana edad, solos y ávidos de sexo fácil y exótico
se hicieron parte del cuadro habitual en el aeropuerto José
Martí hasta el punto de que se inventó una palabra
para denominarlos: los "turipepes".
Pero el negocio del sexo se le fue de las manos a Fidel Castro.
Lo que empezó como la aventura de unas jóvenes que
buscaban "resolver" (aliviar las necesidades diarias)
de ellas y de todas sus familias acostándose por unos dólares
se convirtió en un negocio por cuenta propia que se ramificaba
sin cesar: las "jineteras" comenzaron a necesitar chulos
para protegerse, y casas de alquiler por horas, "paladares"
(restaurantes privados de pocas mesas) donde cenar con el "turipepe"...
Y aparecieron las navajas por controlar el negocio, las drogas,
algún turista murió y el régimen que veía
que le entraba el capitalismo por entre las piernas de las "jineteras",
que cada vez eran más y hasta dejaban sus trabajos como
enfermeras, profesoras o secretarias, donde apenas ganaban 200
pesos en un mes, por unas cuantas noches con los "turipepes",
que les reportaban fácilmente 200 "fulas" (dólares)
con los que mantener a varias familias en la Cuba de Castro...
OPERATIVO LACRA
Y como dice la canción, "en éstas llegó
Fidel, y mandó parar". En 1998, tras un incendiario
discurso denunciando lo que su régimen había promovido,
lanza el "Operativo Lacra": redadas masivas contra "jineteras"
y "pingueros" (chaperos) que se habían sumado
al paisaje del atardecer del Malecón o la Quinta Avenida.
Las principales discotecas y locales son cerradas y se les conmina
a "reorientar el enfoque" de la diversión. En
octubre de 1998 son cerradas las discotecas del Comodoro, el Café
Cantante y el Palacio de la Salsa, y se restringe el uso "sólo
para clientes" en las salas de los hoteles Marina Hemingway,
Copacabana o Habana Libre.
La "Operación Lacra" consiguió dos cosas:
por un lado, que la prostitución en Cuba se ejerza de manera
discreta, sin perturbar la imagen de tranquilidad que pretende
el régimen, y, por otro, que se desarrolle bajo su control.
En la actualidad, las "jineteras" ya no tienen que mostrarse
por el Malecón ni prostituirse por una pastilla de jabón.
Ahora, según las informaciones de la prensa idenpendiente
en La Habana, las tarifas oscilan entre los 35 y los 80 dólares,
los chulos ofrecen a sus muchachas por Internet (totalmente controlado
su acceso por el régimen) y son los empleados de los hoteles,
contratados directamente por entidades del Estado, los que "ofertan"
las "jineteras" y "pingueros" a los "turipepes"
que allí se hospedan.
El local especializado hoy en "sexo para turistas"
es "El Túnel", en el habanero municipio 10 de
Octubre. Según María Elena Rodríguez, de
la Agencia Cuba-Verdad, "El Túnel es visitado a diario
por un promedio de 60 muchachas cuyas edades oscilan entre los
16 y los 25 años, (...) y por hombres de entre 25 y 35
años que son sometidos a investigación policíaca
dado que el salario promedio en Cuba, alrededor de 220 pesos,no
les permite tener acceso a dicho lugar pues sólo la entrada
cuesta 5 dólares (100 peso)". Los extranjeros entran
sin problemas, "aunque a ellos les pueden cobrar hasta 20
dólares por la entrada".
En esa discoteca todo se vende en dólares, a precios imposibles
para la población cubana, y allí se establecen los
contactos entre los "turipepes" con "pingueros"
y "jineteras". Éstas, aún sueñan
con que alguno se enamore de ella, vuelva en otro vuelo y se la
lleve a España. Por 500 dólares, lo que cuesta el
papeleo, la "jinetera" olvidará su pasado e intentará
rehacer su vida lejos de Cuba. Aunque, eso sí, en el aeropuerto,
antes de partir, seguramente verá llegar nuevas remesas
de "turipepes" ávidos de sexo fácil, como
el que la lleva agarrada del brazo.
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