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Tati, La Fabulosa, se dedicó a la prostitución desde
niña y murió con 19 años por las heridas
sufridas en una riña callejera en el habanero Parque de
la Fraternidad. El escritor Amir Valle la recuerda como una jovencita
bellísima, envuelta en una aureola de inocencia que se
hacía pedazos nada más de abrir la boca. Le contó
su vida con un lenguaje tan grosero que el periodista tuvo que
dedicar varias horas a la
transcripción.
Los testimonios de
Tati y otras prostitutas cubanas aparecen en Jineteras, el resultado
final de nueve años de inmersión de Valle en el
lado oculto de la sociedad cubana.
Aunque acaba de ser
publicado por la editorial Planeta, el texto ya se había
convertido en un best seller clandestino dentro y fuera de Cuba.
Hace seis años, Valle presentó una versión
inicial en el concurso literario Casa de las Américas --
en el cual fue ignorado -- y alguien lo sustrajo, lo escaneó
y lo puso a circular en Internet sin su conocimiento.
En Jineteras se escuchan
las voces de personas de todos los niveles de la sociedad cubana
involucradas en la amplia red del jineterismo, algunas identificadas
por sus nombres. Ellas exponen descarnadamente los mecanismos
de supervivencia y explotación dentro del amplio sector
marginal, minimizado o ignorado por el gobierno cubano.
Valle, de 39 años,
cree por el contrario que la prostitución se ha extendido
de forma alarmante, y calcula que unas 20,000 prostitutas ejercen
de forma regular o esporádica. El periodista reside en
Cuba y conversó con El Nuevo Herald desde Berlín,
donde se encuentra actualmente gracias a una beca literaria.
¿A qué
atribuye que la jinetera sea una figura de éxito en Cuba?
Creo que se ha producido
un cambio en la conciencia social en Cuba. Antes de la Revolución,
las figuras más detestadas eran la puta y el chivato. Hoy,
para muchas familias cubanas no es un trauma que una hija sea
jinetera. Incluso he estado con familias que hacen chistes sobre
un futuro así para sus hijas pequeñas.
Desde hace 20 años
ser profesional en Cuba no significa nada: los marginales alcanzan
mejores niveles de vida que los universitarios. Las prostitutas
y los vendedores de ron y de tabaco se han convertido en símbolos
de éxito. Son como pequeños alcaldes de los lugares
donde viven.
A pesar de que durante
décadas se educó a la gente en la creencia de que
los estímulos morales eran más importantes que los
estímulos materiales, eso se vino al piso en la medida
en que los cubanos comenzaron a entrar en contacto con los modelos
de vida extranjeros: primero con los viajes de la comunidad [exiliados
cubanos en Estados Unidos], a partir de 1979, y luego con el turismo.
La gente comenzó a cuestionarse las cosas impuestas, porque
empezó a tener nivel de comparación.
Mi tesis es que la
prostitución nunca desapareció completamente de
Cuba: lo que se produjo en los años 90 fue un estallido
de ese mal social ante la pobreza extendida a todas las capas
de la población. En una sociedad llevada casi al exterminio
cualquier forma de supervivencia es aceptable. Lo que sucedió
en Cuba demuestra que no vivimos en una sociedad distinta a las
demás.
En las esferas oficiales
hay triunfalismo por el supuesto control que se ha logrado sobre
la prostitución. ¿Comparte ese criterio?
Lo que ha pasado es
que a raíz de la represión que comenzó en
el 1997, el fenómeno se ha complejizado y ramificado. Si
antes las jineteras eran visibles, en las áreas de los
hoteles y en las zonas turísticas, ahora están operando
subrepticiamente desde los barrios, con la complicidad de los
vecinos, que muchas veces participan de alguna manera en el negocio.
Creo que la sociedad
cubana ha pasado por diferentes etapas desde que se destapó
el jineterismo. Alrededor de 1996, no se tenía conciencia
de la magnitud del fenómeno. Tengo la impresión
de que las autoridades lo minimizaron y se les fue de las manos.
Luego trataron de apagar
el asunto, con el argumento absurdo de que generar un debate a
nivel social o en los medios de comunicación era ``darle
armas al enemigo. Ahora, el criterio que impera, y esto se lo
oí decir a un par de funcionarios, es que el país
tiene problemas más graves que resolver.
Muchas de las jineteras
que entrevistaste son menores de edad, pero no tienen conciencia
de ello, y los proxenetas consideran niños sólo
a los menores de 11 años. ¿Hasta qué punto
está extendida la prostitución infantil, o sea,
de menores de 18 años, en Cuba?
La mayoría de
las jineteras son menores de edad, y la mayoría de los
[muchachos que ofrecen servicios sexuales a los turistas] tampoco
llegan a los 16 años, que es la mayoría de edad
en Cuba.
Me llamó la
atención que muchas de las personas que entrevisté
consideraban que un niño o niña de 12 años
ya tenía ''suficiente maldad'' para entender lo que estaba
haciendo. Es curioso que exista una especie de acuerdo en ese
mundo para considerar los 11 años como el límite
entre la niñez y la adultez.
En general sólo
consideraban prostitución infantil al hecho de forzar a
un menor a tener relaciones sexuales por medios inocentes, no
cuando ellos se iniciaban voluntariamente.
Aunque sus entrevistados
coinciden en que existe el problema de la pedofilia, no hay testimonios
directos de cuán extendida está esa perversión
sexual. ¿Por qué?
Me topé con
casos muy alarmantes de pedofilia con niños de retraso
mental entre 1995 y 1997, que se llegaron a divulgar en la prensa
oficial. Recopilé mucha información sobre esto,
pero era un tema muy delicado. Decidí no citar los nombres
de familiares de las víctimas y finalmente traté
el tema en el terreno de la ficción en mi novela Las puertas
de la noche (2001).
Entre sus entrevistados
hay policías involucrados en el jineterismo. ¿Está
muy extendida la corrupción dentro de la policía
cubana?
Todo es una gran amalgama.
La mayoría de los policías vinculados a la prostitución
son reclutas, los que antes llamaban ''siete pesos''. El policía
cubano está muy mal pagado, mal equipado, y también
tiene que sobrevivir y buscarse la vida. Y si ve la posibilidad
de hacerlo a través de la prostitución, lo hace.
Se sabe que la policía
está corrupta, y las autoridades del Ministerio del Interior
(MININT) tienen conciencia de esto y han hablado de una campaña
contra la corrupción interna.
¿Cuál
fue la principal dificultad que encontró en sus investigaciones?
En el libro afirma que ningún funcionario le concedió
una entrevista. ¿Cuánto influyó en su trabajo
la falta de acceso a las estadísticas oficiales?
En Cuba sucede algo
que me da vergüenza. Si intentas hacer una entrevista sin
aval del medio de prensa, te cierran todas las puertas. En mi
caso, la mayoría no supo que yo era periodista, porque
me acercaba como investigador. Los primeros contactos me los facilitó
Susimil, una vieja conocida que se dedicó al jineterismo
y cuyo testimonio es central en mi libro, pero lo más difícil
sin dudas fue romper la barrera que te impone ese mundo.
Un montón de
gente me dijo que no, pero el hecho de que yo vivía en
un barrio marginal, en Centro Habana, también me abrió
puertas porque la gente sabía que yo no era nadie oficial,
que no era informante.
Aunque no tuve respuesta
de los funcionarios, sí recibí ayuda de personas
amigas en instituciones oficiales, y me dieron acceso a estudios
y estadísticas. Existen estudios sobre temas tabú
en la sociedad cubana, como el suicidio, la violencia y el sida
y las estadísticas son alarmantes, pero no se publican.
¿Cuán
efectivos han sido los métodos adoptados por el gobierno
cubano para disminuir la prostitución?
Inicialmente se colocó
el ''combate contra la prostitución'' en manos de instituciones
que todo el mundo sabe que no funcionan, como los Comités
de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación
de Mujeres Cubanas (FMC), y finalmente, quedó en manos
de la policía.
No creo que las medidas
represivas que se han adoptado -- como detener a las jineteras
y enviarlas a las granjas de reeducación -- vayan a resolver
el problema. De hecho, yo calculo que existen unas 20,000 jineteras
operando en todo el país, una cifra muy superior a que
la que se maneja en las esferas oficiales.
En el último
año se han tratado de establecer modos de control y adoctrinamiento,
que tampoco creo que den mucho resultado si se hace sólo
eso. Es imprescindible un debate público sobre el fenómeno,
en los medios de comunicación y en la sociedad, si se quiere
enfrentar de forma más eficiente el jineterismo.
¿Se publicará
Jineteras en Cuba?
He hecho gestiones
a todos los niveles para que se publique, pero hasta ahora no
he tenido respuesta. Ha sido la táctica del silencio y
del ninguneo.
La editorial que lo
publicó en España, Planeta, nunca ha estado invitada
a la Feria Internacional del Libro de La Habana, así es
que por esa vía tampoco llegará a los lectores cubanos.
Fragmento
Del testimonio de Myrna,
abogada y ex militante del Partido Comunista de Cuba, sobre su
experiencia como reclusa en una granja de reeducaión.
Hay de todo en ese
mundo: las pobres que son arrastradas por chulos; las miedosas
que no pueden enfrentar a su miedo y ceden a las presiones, incluso
de sus maridos, para que se prostituyan; las que lo hacen por
puro placer sexual; las que apostaron por jinetear para salir
del país, y muchas otras inocentes que, como yo, pagaban
cuentas que algunas ni siquiera imaginaban.
No recuerdo cuántas
veces tuve que abrir las piernas para que [uno de los guardias]
se vaciara dentro de mí. Nos turnaba. Había seleccionado
a las más bonitas y nos turnaba. Una por día. Con
la amenaza de que sus influencias podrían hacer que nos
pudriéramos allí.
[Había también]
las muchachitas que no soportaban y se suicidaban, como Clara,
la camagüeyana, de 21 años, que se ahorcó colgando
de un árbol un alambre de púas que ella misma había
arrancado de una cerca.
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