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23 de agosto de 2006
La Habana www.PayoLibre.com
Viviana tiene 34 años de edad. Es una mulata agraciada
y madre soltera. Corrían los finales de los 90. Su hija
era una pequeña de cinco años que en septiembre
entraría en el pre-escolar. No tenía dinero para
comprarle el uniforme. Quería una vida normal junto a su
hija: tener ropa, zapatos y comida.
Viviana terminó
el doce grado, pero no encontraba trabajo. Entró a ser
una más de la lista interminable de jineteras
que existen en la isla. Se prostituyó. Pudo entonces comprar
el uniforme para su hija. Tenían ropa, zapatos y comida
un poco mejor.
El lugar donde Viviana
jineteaba era en la playa de Guanabo. Un policía empezó
a acosarla. No recuerda su nombre, entre las jineteras le decían
el Nazi. El policía le exigía acostarse
con él y darle parte de las ganancias. Viviana no aceptó.
En el año 2001
fue condenada a dos años de privación de libertad.
La enviaron al correccional El Cafetal, ubicado en el municipio
de Quivicán de la provincia Habana.
En el tiempo
de condena fui testigo ocular de chantajes y abusos morales por
parte de las guardias del penal. Algunas de ellas eran lesbianas.
Estas se aprovechaban de la ingenuidad de las muchachitas que
entraban nuevas para tener sexo con ellas, a cambio de un poco
de comodidad y comida, comenta.
En cierta ocasión,
al regreso de un pase de salida, llevó al penal un gato
de peluche que le había comprado a su hija. El gato es
gris y mide medio metro, le costó 67 dólares. De
forma simbólica, tendría el calor de su hija.
Una de las guardias
le expresó que le cambiaba el gato por su libertad antes
de tiempo. Viviana le respondió que estaba ahí por
amar a su hija y ese gato no tenía precio. Ni por su libertad.
Viviana cumplió
su sanción en el 2003. No es bien mirada. Nunca lo fue.
Ahora menos. Donde quiera que vaya es sólo una prostituta.
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