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Aumento alarmante de enfermedades venéreas en Cuba
El Nuevo Herald


El incremento del comercio sexual en Cuba está produciendo un
alarmante aumento de las enfermedades venéreas, que amenaza con una
explosión del virus del sida por todo el país.

Al final de una década en que la prostitución se convirtió en una de las industrias cubanas más visibles, las enfermedades venéreas están en alza. Expertos de organizaciones internacionales afirman que la tendencia muestra que la isla se encuentra en el umbral de una crisis de sida.

Grandes aumentos de la sífilis, que llegó a más de 200 por ciento entre 1980 y 1996, así como la gonorrea, son las primeras pruebas contundentes en relación con la nueva vulnerabilidad cubana ante el sida.

Los científicos explican que en todos los países, las personas infectadas con las anteriores enfermedades tienen un riesgo hasta 20 veces mayor de contraer el HIV, el virus del sida, que las personas sanas.

Al igual que el HIV, la sífilis y la gonorrea son enfermedades venéreas, que se trasmiten a través de las relaciones sexuales no protegidas. Su difusión muestra que en Cuba existe un medio ambiente en el que el HIV puede difundirse fácilmente.

Ese proceso ya ha empezado, según afirman algunos especialistas familiarizados con los problemas de la salud pública cubana.

Una crisis entre los jóvenes

``Tienen una epidemia en gestación entre los jóvenes'', dijo el doctor Fernando Zacarías, coordinador del programa regional sobre el sida y las enfermedades venéreas de la Organización Panamericana de la Salud con sede en Washington. Sin embargo, una funcionaria de la agencia de las Naciones Unidas dedicada a la lucha contra la epidemia mundial de sida (UNAIDS), prefirió matizar esa evaluación.

``Yo no diría que esté en gestación'', afirmó Peggy McEvoy, asesora del programa caribeño de UNAIDS, establecido en Port of Spain, Trinidad. ``Yo lo llamaría --explicó-- un acontecimiento que está a punto de producirse si no se toman las precauciones necesarias''.

Funcionarios cubanos revelaron a un especialista extranjero que los nuevos casos de HIV detectados en 1996 en un centro de tratamiento incluían a 18 hombres y 65 mujeres, quienes habían estado ejerciendo la prostitución. Ello es una clara señal de peligro.

El nivel de riesgo que revelan esas y otras estadísticas muestra el daño producido por el comercio sexual, un subproducto de la desesperación económica combinada con el turismo extranjero. Lo anterior explica la intensidad de la campaña contra la prostitución que emprendiera el gobierno cubano el año pasado. En la Habana, cuyas calles estaban repletas de jóvenes que vendían sus cuerpos --algo que ocurría sin ninguna reacción por parte de las autoridades--, ahora no se ven prostitutas.

En la isla existen las condiciones para la rápida difusión del sida.

El mismo Fidel Castro, en un discurso del pasado enero sobre el delito y otros temas, reconoció por primera vez que, en la época del HIV, la prostitución presenta un gran peligro para Cuba. ``En estos 15 años, más de 500 personas han muerto. ¿Podemos permitir que se extienda a 10,000 ó 20,000 esa y otras muchas enfermedades de tipo sexual?''

Pero el problema de la prostitución y de las enfermedades venéreas sigue siendo sumamente sensible en un país cuyos líderes se jactaron, en otra época, de haber eliminado la prostitución, que todavía describen el sistema de salud cubano como el mejor del mundo, y cuya prensa insistía hasta el año pasado que las jineteras cubanas no ejercían la prostitución por necesidad económica.
El gobierno guarda silencio

Cuba no ha publicado extensa información sobre las enfermedades venéreas entre las personas que se dedican a la prostitución. ``Dudo que ni siquiera yo pudiera conseguirla'', confesó un especialista extranjero. No se han publicado estadísticas detalladas sobre los patrones de edad de las enfermedades venéreas, ni estimados del número de personas que ejercen la prostitución.

Según los expedientes oficiales, Cuba sigue siendo una estrella en la prevención del sida. A fines de 1997, según las últimas cifras disponibles, Cuba registró 1,400 adultos con HIV o sida, una tasa de incidencia del 0.02 por cada 100,000 habitantes. En comparación, el índice de casos de sida (más reducidos que los casos de HIV) en Estados Unidos fue del 21.8. La tasa de Miami de 81.8. Las conversaciones privadas de Castro, así como sus discursos públicos, muestran que está muy preocupado por los peligros del HIV. En enero se reunió en La Habana con Luc Montaigner, científico francés que participó en el descubrimiento del HIV, para discutir un posible trabajo conjunto con los investigadores cubanos. Los especialistas de la isla se están concentrando en nuevas y más baratas terapias contra el sida, como alternativa a los nuevos y costosos medicamentos que se están usando en Estados Unidos y Europa.

Exageraciones, dice Castro

Castro también se quejó de que los extranjeros han ``exagerado'' el problema de la prostitución en la isla, según Pierluigi Vagliani, secretario general de la Fundación Mundial para la Investigación y Prevención del Sida de Montaigner. Al mismo tiempo, prometió que se reduciría la prostitución, amplió Vagliani.

La prostitución tiene efectos particularmente devastadores porque el sexo protegido no es popular en Cuba. Entre 1986 y 1996, período que presenció la desaparición de la URSS --con sus subsidios económicos-- y el aumento de la prostitución, la incidencia de la sífilis creció el 75 por ciento. Los casos se elevaron de 82 a 144 por cada 100,000 habitantes, según cifras del Ministerio de Salud Pública, algunas de la cuales se publican en en el Anuario Estadístico.

Durante el mismo período, la incidencia de gonorrea subió el 10 por ciento, de 334 a 368 casos por cada 100,000 habitantes.

Analizados en el período de 1980 a 1996, los aumentos son astronómicos, la incidencia de la sífilis subió el 221 por ciento y la gonorrea el 118 por ciento.

Precisando aún más el vínculo con el turismo, algunos datos ofrecidos a un puñado de especialistas extranjeros mostraron que entre 1990 y 1993, la incidencia de la sífilis se mantuvo estable, y la gonorrea declinó ligeramente. Los grandes aumentos en ambas enfermedades se produjeron entre 1994 y 1996, cuando empezaron a aumentar los visitantes extranjeros. Las tasas cubanas para ambas enfermedades son notablemente más altas que en Costa Rica, nación que tiene un sistema de salud pública bien desarrollado y una floreciente industria turística, aunque sin la presencia del turismo sexual. En 1995, el último año para el que existen cifras disponibles, la incidencia de sífilis en Costa Rica se encontraba en 44.7 y la gonorrea en 68.6 por cada 100,000 habitantes. Ambas enfermedades han declinado considerablemente desde principios de los años 80.

En los meses posteriores al discurso de Castro, algunos miembros de la agencias de salud pública comenzaron a ofrecer espeluznantes detalles sobre la prostitución y sus consecuencias para la salud pública. ``Son jóvenes, muy jóvenes y parecen viejas, por dentro y por fuera'', explicó la enfermera Herminia Sherman, citada en Juventud Rebelde el pasado noviembre. Sherman hacía referencia a las jóvenes que había tratado en la clínica de La Lisa, en las afueras de La Habana, una institución organizada especialmente para atender a las prostitutas.

Aún antes de la ofensiva contra la prostitución callejera, las autoridades de salud pública cubana habían empezado a trabajar con el capítulo holandés de Médicos Sin Fronteras y la UNAIDS, para organizar un amplio plan dirigido a luchar contra la difusión de las enfermedades venéreas. La primera línea telefónica urgente para atender llamadas anónimas está entre sus resultados . En sus primeros tres meses, de septiembre 1998 al pasado enero, más de de 5,000 personas han llamado.

Los expertos internacionales se refieren de manera muy elogiosa a la capacidad y conocimiento de sus homólogos cubanos y la eficiencia del sistema de salud pública, a pesar de su estado de deterioro.

Hay falta de medicinas

Cuba está sufriendo la escasez de antibióticos para tratar otras enfermedades que no sean el HIV. Otros obstáculos incluyen la resistencia cultural al uso del preservativo así como su errática distribución.

Un problema: los farmacéuticos no acostumbrados a un flujo estable, no tienen hábito de pedir los preservativos cuando se acaban. La UNAIDS ha estado alentando su venta en los clubes nocturnos y otros centros sociales, así como en las farmacias. Otra cuestión es si el gobierno cubano podrá mantener bajo el nivel de prostitución.

``Los jóvenes que se dedican a la prostitución no quieren entrar en el sistema estatal, y no quieren ser examinados'', dijo McEvoy, de laUNAIDS. ``En reuniones con las prostitutas nos han dicho: `sabemos como conseguir penicilina, nosotros mismos nos recetamos'. Quieren quedarse en la calle, ahí es donde se consiguen los dólares''.

Publicado el domingo, 7 de marzo de 1999 en El Nuevo Herald