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Estrechos vínculos
históricos y afectivos unen a los pueblos canario y cubano.
Impregnada del habla de este último, el español
hablado en Cuba y el del archipiélago constituyen, dentro
del castellano, tanto por el dejo como por el léxico, una
misma familia lingüística. El intercambio entre ambos
archipiélagos -Cuba más que una isla es un archipiélago,
como bien ha insistido en diferentes ocasiones el escritor cubano
y Premio Cervantes Guillermo Cabrera Infante-, ha sido y es de
importancia considerable. La presencia del canario en Cuba se
remonta a los orígenes mismos de la colonización
española, y se fue incrementando, con el transcurso del
tiempo, tras los acontecimientos políticos o los avatares
económicos que, de una forma u otra, atentaban contra la
subsistencia de ciudadanos canarios, durante momentos críticos
de la historia de vuestra nación, como, por ejemplo, la
Guerra Civil española. Recíprocamente, muchos cubanos
han encontrado su segunda Cuba en Tenerife, como en el pasado
un segundo Tenerife existió para los tenerifeños,
emigrantes y exilados, en la gran isla del Caribe.
Autores cubanos de
renombre han cantado con innegable amor las islas Canarias, y
en el caso que nos motiva, la de Tenerife. Silvestre de Balboa
(1563-1649), autor de la primera obra escrita en Cuba, el largo
poema épico Espejo de paciencia (1608), era canario. La
poetisa cubana y Premio Cervantes 1992, Dulce María Loynaz,
hija adoptiva de Tenerife -como bien se autodenominó en
vida-, dedicó una de sus páginas más bellas
a la isla del Teide : Un verano en Tenerife (1958). Otra escritora
cubana, Nivaria Tejera, descendiente de canarios y Premio Biblioteca
Breve Seix Barral 1971, consagró su primera novela, El
barranco, a los tristes recuerdos de su infancia cuando estalla
la Guerra Civil española en esta isla.
Sin embargo, uno de
los episodios más dramáticos de la historia del
continente americano, fue el período de gobierno del general
Valeriano Weyler (1896-1897), en la isla de Cuba, que coincidió
con la segunda guerra de independencia cubana. A través
de una guerra de exterminio contra el campesinado cubano -integrado
en ocasiones por los propios canarios-, el general Weyler "
inventó " y puso en práctica el concepto de
" campos de concentración ", que la historiografía
cubana tiende a llamar " de reconcentración "
por cuanto se alojaban en éstos a familias enteras con
el propósito de impedirles que ayudasen, de una forma u
otra, a los insurrectos cubanos.
Esta política
de Weyler significó uno de los genocidios de civiles más
vergonzoso y cuantitativamente más importante que hasta
el momento (1896-1897) hubiera sufrido pueblo alguno en el continente
americano : se estima que 220 000 cubanos perecieron en estos
" campos ", lo que equivalía a un porcentaje
considerable de la población cubana de entonces, estimada
según el censo de 1877 en 1 631 687 habitantes. Súmese
a ello que no sólo los cubanos resultaron ser las víctimas
del mencionado Weyler, sino que en los hospitales cubanos agonizaban
32 000 soldados españoles, dato que ofreció en 1897,
el inspector de sanidad del Ejército español Fernández
Losada, y ello debido, fundamentalmente, a la política
inhumana llevada a cabo por dicho general.
Ese mismo Weyler que
impunemente regresó, ya depuesto, a España -por
exigencia del entonces recién electo Presidente de Estados
Unidos, William McKinley, horrorizado por las imágenes
de los " campos de concentración " cubanos publicadas
por los diarios europeos y norteamericanos-, para ocupar sucesivamente
cargos de Ministro en los gobiernos de Sagasta (1901-1902), de
Montero Ríos (1905) y del marqués de la Vega de
Armijo (1906-1907), y culminar, al final de su carrera política,
legitimando el régimen de la Restauración frente
al golpe de Primo de Rivera, en 1923. Una muestra de las imágenes
elocuentes publicadas por la prensa se adjunta en esta carta.
Ese mismo Weyler en
honor del cual una de las más hermosas plazas de nuestra
querida Santa Cruz de Tenerife lleva, paradójicamente,
su nombre. Ironía de la historia -o del descuido-, en el
centro de vuestra Plaza Weyler se erige una fuente ornamental
conocida allí popularmente como la " Fuente del Amor
".
Los cincuenta firmantes
de esta carta -cubanos vinculados al quehacer cultural de nuestra
nación-, solicitamos, en nombre de la historia de ambos
pueblos -el cubano y el tenerifeño-, en nombre de la dignidad,
del decoro y de la restitución de la memoria histórica,
que sea retirado el ignominioso nombre del general de la plaza
que suscita nuestra protesta. Y que subsanado el olvido (o la
afrenta), se escoja para la misma un nombre merecedor de nuestra
historia común, para perpetuar de este modo el respeto,
el agradecimiento y el cariño que ambos pueblos se prodigan.
Reciban Uds., representantes
del Cabildo Insular y del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife,
nuestro anticipado reconocimiento por el éxito que esperamos
tengan en esta necesaria enmienda,
Firmantes
William Navarrete (fundador
de la Asociación del Centenario de la República
Cubana, en París, Francia)
Javier de Castro (fundador de la Asociación del Centenario
de la República Cubana, en París, Francia)
Nivaria Tejera (escritora, en París, Francia)
Ileana Fuentes (escritora, en Miami, EE.UU)
Eduardo Manet (escritor, en París, Francia)
Martha Frayde (presidenta del Comité Cubano Pro-Derechos
Humanos de España, en Madrid, España)
Gina Pellón (pintora, en París, Francia)
Pío Serrano (editor, en Madrid, España)
Manuel Díaz Martínez (poeta, en Las Palmas de Gran
Canaria, España)
Joaquín Ferrer (pintor, en París, Francia)
Iván de la Nuez (ensayista, en Barcelona, España)
Lira Campoamor (dramaturga, en París, Francia)
Enrico del Risco (ensayista, en Nueva York, EE.UU)
Fausto Canel (escritor, en Miami, EE.UU)
Daniel Fernández (periodista de El Nuevo Herald, en Mimai,
EE.UU)
Cristóbal Díaz-Ayala (musicólogo, en San
Juan de Puerto Rico, Puerto Rico)
Carlos M. Luis (crítico de arte, en Miami, EE.UU)
Alberto Bustamante (director de Herencia Cultural Cubana, en Orlando,
EE.UU)
Armando Cobelo (director de Herencia Cultural Cubana, en Miami,
EE.UU)
Juan Benemelis (ensayista, en Miami, EE.UU)
Antonio Molina (periodista del Diario-Metro, en San Juan de Puerto
Rico)
Jacobo Machover (escritor, en París, Francia)
Ramón Alejandro (pintor, en Miami, EE.UU)
Estrella Busto Ogden (prof. Universidad de Villanova, Filadelfia,
EE.UU)
Carlos Morfa (director de la Sociedad Cubano-Alemana, en Colonia,
Alemania)
Héctor Santiago (dramaturgo, en Nueva York, EE.UU)
Madeline Cámara (ensayista, en Tampa, EE.UU)
José Abreu Felippe (escritor, en Miami, EE.UU)
Mercedes Cros Sandoval (etnóloga, en Miami, EE.UU)
Luis de la Paz (escritor, en Miami, EE.UU)
Arcadio Cancio (pintor, en Miami, EE.UU)
Néstor Díaz de Villegas (poeta, en Los Angeles,
EE.UU)
Gustavo Acosta (pintor, en Miami, EE.UU)
Alejandro Cánovas (crítico literario, en París,
Francia)
América Cisneros (periodista, en París, Francia)
Jean-Luc Fissolo (egiptólogo, en Estrasburgo, Francia)
Martha Ramos-Sicilia (ensayista, en París, Francia)
Elida Hernández (profesora, en Miami, EE. UU)
Juan José Hernández (empresario, en Miami, EE.UU)
Silvia Padilla (bibliotecaria del Colegio de Belén, en
Miami, EEUU)
Raúl Chao (ingeniero, en París, Francia)
Olga Nodarse (psicóloga, en París, Francia)
Martha Martínez (retirada, en Miami, EE.UU)
Samuel Nosarse (Profesor Emeritus, Univ. de Iowa, EE.UU)
Aurelio de la Vega (compositor, en Northridge, California, EE.UU)
Olga Serra Schweyer (ceramista, en Iowa, EE.UU)
Lesbia O. Varona (Universidad de Miami, en Miami, EE.UU)
Mirtha Caraballo (escritora, en Saint-Etienne, Francia)
Matías Montes-Huidobro (escritor, Premio Café Gijón
, en Miami, EE.UU)
Yara González de Montes (editora y escritora, en Miami,
EE.UU)
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