[Prólogo a la edición italiana de Versi tra le sbarre.
Antología bilingüe de poetas cubanos en prisión]
William Navarrete
La primavera de 2003 se rememorará en la historia de Cuba
como una de las jornadas más negras que haya vivido la
isla, en que la represión más despiadada de un régimen
totalitario, moribundo y obsoleto, contra civiles -exactamente
contra 75 activistas pacíficos de derechos humanos- provocara
un amplio movimiento de consternación y de solidaridad
a lo largo de todo el mundo. 
A las 75 víctimas del férreo totalitarismo castrista
se les arrestó, juzgó expeditivamente y condenó
a injustos años de encarcelamiento de hasta 28 años
por el simple delito deopinar libremente, de fundar asociaciones
o fuerzas opositoras pacíficas que se opusieran, con el
único recurso de la palabra como arma de combate, a un
oscuro régimen de cuatro décadas encabezado desde
sus orígenes por el mismo dictador.
Entre los condenados había algunos escritores y no pocos
periodistas independientes. También había poetas.
Los años de cautiverio, detrás de sórdidos
muros, incomunicados de sus familiares, donde han sobrevivido
(y sobreviven) humillados, desnutridos y enfermos, lejos de restar
valor a estos hombres, han determinado que muchos de ellos, que
hasta entonces no habían incursionado en el ámbito
de la poesía, escribieran los primeros versos que se arrojarían,
como ahora en este libro, sobre las imprentas del mundo.
Así llegan, por vez primera a Italia y en lengua italiano,
los versos de siete de estos extraordinarios hombres, a un público
que en muchas ocasiones ignora, o finge ignorar, el drama cotidiano
de los cubanos y el peso atroz del régimen dictatorial
que agobia desde hace casi medio siglo a la isla. Esta empresa,
ardua si consideramos la dificultad de comunicación como
resultado del monopolio de la información ejercido por
el régimen castrista, no hubiera podido ver la luz sin
el entusiasmo y la determinación de Gordiano Lupi y las
ediciones Il Foglio que dirige. Tampoco sin el trabajo concienzudo
de Elisa Montanelli quien los ha traducido a la lengua de Dante.
De los siete poetas antologados en este libro, tres permanecen
aún en prisión: Ricardo González Alfonso,
Omar Moisés Ruiz Hernández y Regis Iglesias Ramírez.
Uno ha sido liberado con licencia extrapenal, pero el gobierno
de La Habana le niega la salida del país aún cuando
tiene visa para emigrar a Estados Unidos: Jorge Olivera Castillo.
Otros dos, Manuel Vázquez Portal y Raúl Rivero,
pudieron salir de la isla después que la presión
internacional y la rebeldía inclaudicable de sus actos
obligaran al régimen a deshacerse de ellos por la vía
del destierro. El primero, vive hoy en Miami junto a su esposa
e hijo y es un activo periodista de la red de noticias Cubanet,
la más importante en materia de temas cubanos. El segundo,
Raúl Rivero, hace escasamente unos meses llegó,
junto a su esposa y madre, a España, donde trabaja en el
periódico El Mundo y mantiene una febril actividad como
portavoz de todos los que han quedado atrás, cautivos del
régimen. Finalmente, en el momento en que se prepara esta
antología, hemos recibido con regocijo la noticia de que
el último poeta, Mario Enrique Mayo Hernández, ha
sido también liberado con licencia extrapenal, una definición
que en la jerga carcelaria cubana significa que la condena no
ha sido anulada y que el condenado puede volver a la celda, sin
previo juicio, si se empeña en continuar sus actividades
"subversivas" contra el régimen.
Ahora bien, los versos aquí presentados, excepto los de
Manuel Vázquez Portal y Raúl Rivero -poetas consagrados
desde antes de sus encarcelamientos-, fueron escritos desde celdas
cubanas. Aún así, los de Vázquez Portal,
que ya habían sido publicados bajo el título de
"Celda número cero" (Ed. Cubanet, Miami, 2000)
fueron difundidos fuera de Cuba cuando aún no había
sido detenido, juzgado y encarcelado por la policía política
del régimen. O sea, cuando andaba "libre" en
esa otra cárcel, gigantesca, que es toda la isla.
Ahora bien, cuando el lector en lengua italiana lea los versos
de estos siete poetas encontrará, para regocijo de los
amantes de la poesía (y de la libertad), registros poéticos
muy diferentes, resultado de las diferentes y múltiples
experiencias de los autores. Sin embargo, un denominador común
da a esta antología un carácter excepcional: los
poetas aquí reunidos, sin excepción, han sufrido
en carne propia el ensañamiento de un régimen contra
la libertad de expresión y ninguno de ellos ha vacilado
un instante en hacer valer sus derechos de hombres libres contra
todo dictamen e imposición.
En reciente ocasión oí decir a Raúl Rivero
que para un preso nada compensa más el sufrimiento, el
aislamiento y la vejación que el saberse respaldado y nunca
olvidado por quienes viven el derecho inalienable de ser libres.
Por eso, cada vez que un lector recorra tan sólo un verso
de este libro, cada vez que lo comparta con un amigo, cada vez
que hable de él en su medio, no sólo estará
brindando, generosamente, un poco de su oxígeno a los que
permanecen en las prisiones políticas cubanas, sino que
está haciendo que los grotescos barrotes de la dictadura
se estremezcan, e incluso, se abran y dejen pasar una bocanada
de luz y de esperanza para todo un pueblo cautivo.
París, febrero de 2005.
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