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Noticuba Internacional
Lunes, 15 de enero
del 2007
Lejos del mito, está
el hombre, el esposo, el padre, una persona que
tiene demasiadas virtudes para poder enumerarlas todas, pero entre
todas ellas hay una que ha sido poco destacada por los medios,
su
inmenso amor, a su mujer, a su familia y a su patria.
El mayor de la aviación
cubana, Sr. Orestes Lorenzo Pérez, quien como
ustedes saben viajó trayendo a Estados Unidos un avión
MIGS que él
pilotaba en Varadero, Cuba, pidió asilo político
en Estados Unidos y
le fue concedido, pero a su familia, su esposa Victoria (Vicky)
y sus
dos hijos menores, Reinel y Alejandro, el régimen comunista
de Cuba
los mantuvo como rehenes y no los dejaba salir, a pesar de las

denuncias que hicieron ante la Comisión Interamericana
de Derechos
Humanos (CIDH), de los gobiernos y organismos de Derechos Humanos
de
América, de Europa y del mundo. Frente a esa violación
flagrante de
los derechos humanos de la familia Lorenzo Pérez, el padre,
arriesgando su libertad y su vida, realizó una portentosa
hazaña que
ha tenido repercusión en el mundo entero: fue a Cuba en
un pequeño
avión Cessna, aterrizó en una carretera que conduce
de La Habana a
Varadero y en menos de un minuto recogió a su esposa y
sus dos hijos
y regresó a Estados Unidos, ante el asombro del mundo.
Todo eso puso en evidencia lo que es capaz de hacer un padre por
su
familia, el arraigado sentimiento familiar que el comunismo no
ha
podido eliminar, pero también la inhumana crueldad del
régimen
comunista que ha sido impuesto al pueblo cubano por el engaño,
el
terror y la fuerza.
Creo que el interés
de las opiniones del Mayor Orestes Lorenzo es más
que evidente por lo que les trasmito una parte de mis charlas
con él,
espero que las disfruten tanto como yo lo hice, están divididas
en
tres partes para facilitar su publicación pues se habló
claro y largo.
1. ¿Que razón
le ha llevado a romper su silencio y conceder esta
entrevista?
En realidad no he tenido
el propósito de permanecer en silencio. Lo
que pasa es que cuando recibo la invitación para una entrevista,
de
la que sospecho que el énfasis se hará en el sensacionalismo
relacionado al rescate de mi familia, la he rechazado cortésmente.
Aquello quedó atrás. Y sinceramente, ya me aburre
hablar del rescate.
Especialmente porque, como todo cubano, tengo opiniones sobre
lo que
ocurre en Cuba y en el exilio. Son asuntos de actualidad que nos
afectan crucialmente a todos hoy, e impactarán a nuestros
descendientes en el futuro. Por su importancia, prefiero expresarme
y debatir esos problemas. Esta entrevista es bienvenida precisamente
por eso.
2. ¿Que añora
más de Cuba?
Muchas cosas: las calles
en que jugué de muchacho, los arroyuelos y
los campos en que corrí, nadé, y me sentí
más libre. La hospitalidad
y la candidez de los campesinos. El mar y La Habana con sus olores
únicos. Los paseos con Vicky por el malecón, los
teatros. Pero sobre
todo añoro a la gente. El bullicio del barrio, el ruido
de los niños
en la calle, la voz de la vecina llamando por aceite o sal. La
muda
complicidad de vecinos para bloquear el entrometimiento oficial,
y
protegerse de la absurdidad que resulta haber convertido en delito
toda iniciativa para buscarse el sustento y sobrevivir. Añoro
la
compañía de familiares y los amigos.
En contraste tendría
que decir también lo que más detesto, y que
explica por qué no estoy allí: la vigilancia constante,
la doble
moral, la máscara que mucha gente se pone para opinar.
Los chivatos,
la ineptitud de los funcionarios, los dirigentes serios y tiesos.
La
inercia, el mutismo, la sumisión, el servilismo y la traición
convertidos en virtudes. La humillación de no poder pisar
lugares
para extranjeros
¡en mi patria! El adoctrinamiento,
la mentira
oficial, el silencio y el miedo. El partido, los CDR, la FMC,
la UPC,
la UJC, los sindicatos y cuanta porquería han concebido
para inhibir
el libre pensamiento. Los discursos oficiales, las estadísticas
absurdas, los logros vacíos, el triunfalismo nefasto y
el falso
nacionalismo. La mediocridad en los medios, o los medios en manos
de
la mediocridad. El conformismo y la resignación. ¡Los
héroes!, que no
lo han sido salvo para destruir.
3. ¿Tiene esperanzas
e intención de volver a residir en su patria?
Esperanzas, sí.
Para mí la intención es acción. Y no estoy
preparado
para afirmar esa parte, porque no lo sé. Si llegara el
momento de
considerar esa posibilidad, la decisión dependerá
del balance que
exista entre el peso de la potencial contribución que pudiera
hacerle
a mi país, y los deseos de mi esposa e hijos. Lo que sí
puedo
asegurarte desde ahora es que la opinión de mi familia
jugará un
papel determinante. Soy de los que piensa que para hacer patria,
primero hay que hacer familia.
4. ¿Cuánto
cree que durará la muerte anunciada de Fidel Castro?
No lo sé. Hoy
la tecnología puede hacer cosas increíbles. En
principio podrían mantenerlo como un vegetal por mucho
tiempo. Aunque
de hecho ya estuviera muerto, quiero decir, intelectualmente.
Ariel
Sharon, por ejemplo, lleva un año en ese estado, y se sabe
que no
regresará al poder, pero tampoco cuando morirá.
Sin embargo, esa comparación
es válida únicamente desde el punto de
vista médico. Al ex primer ministro israelí se le
mantiene vivo por
respeto o por razones humanitarias como ocurre con muchos pacientes
a
los que los familiares no quieren retirar los equipos de soporte
vital. En Israel existe una democracia, y sus ciudadanos exigen
un
gobierno responsable. No sólo el estado de salud de Sharon
es
público, sino que un nuevo primer ministro fue elegido
rápidamente.
El gobierno continúa funcionando bajo el mandato del pueblo.
El caso de Fidel es
diferente. En Cuba el estado se moldeó y funcionó
en torno a su personalidad, en lugar de la ley. Con la pérdida
de sus
facultades, el gobierno ha caído también en una
crisis que percibimos
a través de esa espiral de mentiras y silencios ridículos
en que ha
caído desde que se anunció la enfermedad.
La aparente inercia
de las autoridades cubanas me recuerda el pintor
al que le han retirado la escalera: con la desaparición
pública de
Fidel, se han quedado "colgando de la brocha", y no
saben ni como
agarrase ni como caerse. Es en este contexto que lo necesitan
vivo,
alimentando la falsa posibilidad de que regrese a sus funciones
por
medio de discursos oficiales y partes de científicos extranjeros
convertidos en voceros. Eso les da algún tiempo para consolidar
el
control con métodos más burocráticos y mecánicos
como reglamentos y
directivas. Los tiempos de gobernar con discursos pasaron
definitivamente para Cuba. Pero ese impas tampoco puede extenderse
demasiado, porque desnuda el pánico que envuelve a las
autoridades,
resultándoles peligroso. Entonces, en algún momento,
cuando sientan
que pueden controlar las cosas, tendrán que anunciar la
incapacidad
irreversible de Fidel, o sencillamente retirarle los equipos que
lo
mantienen vivo. Y llegado ese momento, el caso de Fidel difiere
también del de Sharon, pues su existencia se convertiría
en un
estorbo para gobernar con autoridad.
De lo que no albergo
dudas, es que las últimas imágenes en la vida de
Fidel Castro fueron las vistas el 28 de octubre pasado. Ni regreso
al
poder, ni momificación siquiera. Tal es el impacto del
mal que lo
consume y que quedó revelado precisamente en esas imágenes
de
octubre.
5. ¿Tiene alguna
duda de que la revolución se perpetuará mediante
una
dictadura militar, encabezada por Raúl Castro, disfrazada
como un
gobierno del PCC?
La perpetuación
del gobierno y la constitución presentes son
imposibles porque representan un retroceso en el desarrollo natural
de la civilización.
En cuando a la posibilidad
de una dictadura militar, tampoco. Al
menos no del estilo de las dictaduras militares que abundaron
antes
en América Latina. A diferencia de esos países,
las Fuerzas Armadas
cubanas no han sido un órgano represivo contra la población.
No han
encarcelado, enjuiciado o torturado. Esa criminal tarea la cumplen
las fuerzas del MININT, que son muy diferentes. Hasta el momento
en
el que yo abandoné Cuba existía entre la oficialidad
más joven del
ejército una convicción profunda de ser parte del
pueblo. Aunque la
autoridad está en manos de generales esencialmente corruptos,
los
ejecutores son los mandos medios de las FAR. Estos hombres ven
su
misión como la de proteger al país de una posible
agresión, y creo
que jamás apuntarían las armas contra el pueblo.
Eso lo sabe Raúl,
como sabe que el día que dé semejante orden terminará
corriendo el
destino de Ceausescu. No olvidemos que, al margen de quién
dé las
órdenes, será el soldado en última instancia
el que tendrá que
oprimir el gatillo. ¿Y quienes son los soldados cubanos
sino los
jóvenes más avasallados, humillados y privados de
libertades por el
gobierno?
Sin embargo, en términos
de tiranía, Raúl Castro sólo necesita
continuar el presente estado de terror con los medios del MININT
y el
apoyo de la única rama de las FAR que se prestaría
a la tarea: la CIM.
Yo pienso que esta
pregunta se la estará haciendo a sí mismo Raúl
Castro. Porque en sus manos radican las opciones, y sus decisiones
tendrán un impacto definitivo en el futuro de Cuba. Pero
más
importante aún para él, en su propia vida, que podría
perderla si
mantiene el status quo.
6. ¿Cree que
hay alguna posibilidad de que una facción del ejercito
se postule a favor a una transición democrática?
Absolutamente. Conozco
el pensamiento de oficiales jóvenes y sus
deseos de lograr la democracia en Cuba. El asunto está
en si tendrán
la posibilidad de plantearlo, si se abrirán los espacios
para eso
dentro del ejército, o permanecerán cerrados como
hasta ahora.
Pienso que para que eso ocurra, el gobierno primero tendría
que dar
pasos paulatinos, pero concretos, encaminados al respeto de los
derechos humanos y la diversidad de pensamiento. ¿Se atrevería
Raúl
Castro a ello? Nadie lo sabe. Su gran batalla comenzará
después de
los funerales de Fidel. Posiblemente ya esté debatiendo
en su cabeza
la disyuntiva de continuar con el inmovilismo y arriesgarse a
un
estallido popular, o hacer cambios paulatinos que darían
sosiego a
los cubanos y tranquilidad a su gobierno.
El problema más
serio que confrontará Raúl, si se decidiera por
los
cambios, será el legado ideológico de su hermano.
Encontrar cómo
explicar a los elementos más extremos esos cambios que
obviamente
irían en contra de lo que hubiera querido Fidel, y al mismo
tiempo
asegurar la lealtad de los ministros y generales adoctrinados
y
embobecidos por Fidel.
No sabemos cuán
hábil será Raúl en ese hipotético
ejercicio. Pero lo
paradójico, y a la vez lo más inteligente para él,
sería utilizar al
mismo Fidel Castro como ideólogo del cambio, regresando
a los
orígenes traicionados de la Revolución, y a los
postulados que les
valió el apoyo absoluto del pueblo en el 58. Bastaría
con cumplir
las ideas que Fidel defendió durante el juicio por el asalto
al
Moncada, para poner a Cuba en el camino a la democracia. Serían
pasos
inteligentes que cambiarían el país y su lugar personal
en la
historia. Pero no doy crédito a esta posibilidad. Sospecho
que el
temor a las consecuencias que para él y su familia podrían
traer un
cambio, superan su sentido de responsabilidad y su amor por la
nación.
7. ¿Cree usted
que Raúl Castro acierta en apoyarse en los comandantes
de la revolución, especialmente en Ramiro Valdés,
o considera que son
capaces de traicionarle?
Creo que él
sabe perfectamente que Ramiro Valdés, Guillermo García,
Juan Almeida, Machado Ventura y otros no son más que símbolos.
La
realidad es que ninguno de ellos tiene poder alguno, y no tienen
otra
opción que someterse a Raúl como se sometieron a
Fidel. Opinarán
más, eso sí, tendrán más espacio con
Raúl para discutir. Pero no para
tomar acciones contrarias. La posibilidad de que lo traicionen
no
existe en la práctica, aunque estuvieran dispuestos, porque
sencillamente ninguno tiene con qué enfrentarse a Raúl.
Posiblemente, con el
tiempo y poco a poco, Raúl los pasará a retiro
porque se convertirán en un estorbo para él. Con
libertades o sin
libertades, Raúl necesitará proyectar una imagen
de gobernante
eficiente y práctico para sobrevivir. Y toda esa gente
es inepta, y
tan útil a sus necesidades para gobernar como lo serían
los museos.
Tendrá que cambiarlos inexorablemente por cuadros más
jóvenes y más
tecnócratas.
En el caso específico
de Ramiro Valdés, cuya eficiencia en reprimir
es incuestionable, Raúl tendrá que reemplazarlo
también por alguien
de su cría. No creo que cometa la torpeza de darle a Ramiro,
un
hombre que no es de su total confianza, el poder que ahora no
tiene,
regresándolo al MININT.
Esto es solo el comienzo
y en verdad que sabe a poco, pero tenemos la
suerte de tener más preguntas y respuestas del Mayor Orestes
Lorenzo
que serán publicadas en breve.
Amor víncit
ómnia.
El amor todo lo vence
El ex piloto militar
cubano Orestes Lorenzo, quien en 1991 se fugó de
Cuba en un MIG-23 y al año siguiente regresó a recoger
a su familia
en una avioneta, escribió el libro "Vuelo Hacia el
Amanecer" del que
espera que finalmente se pueda realizar una película acorde
con los
hechos que ya son leyenda.
8. ¿Sería
posible que una comisión de la nomenclatura del partido
o
algunos de los militares lideraran una transición democrática
sin el
apoyo del resto del ejercito?
Tu pregunta plantea
dos hipótesis. Comenzaré por la del apoyo del
ejército:
De hecho, desde hace
ya muchos años el gobierno no goza del apoyo de
la mayoría del ejército, que son los mandos de base,
y posiblemente
del 90% de los soldados porque son obligados a servir en contra
de su
voluntad, generalmente en condiciones miserables. ¿Cuántos
jóvenes
estarían dispuestos a ingresar a las Fuerzas Armadas si
no fueran
obligados por la ley? Cualquier encuesta entre los hombres cubanos
nos revelaría que la mayoría recuerda sus años
de Servicio Militar
Obligatorio como los más odiados de sus vidas. Las estadísticas
nunca
se revelarán, pero el índice de suicidio entre los
soldados cubanos
fue siempre muy alto por esas razones. El soldado cubano se
diferencia mucho del soldado en los ejércitos regulares
de otros
países. Mientras que en un ejército convencional
el armamento
personal del soldado está siempre con él como parte
del entrenamiento
que pretende convertirlo en un apéndice de su cuerpo, el
soldado
cubano sólo toca un fusil cuando está de guardia
o cuando realiza una
de las poquísimas prácticas de tiro que se organizan.
En
consecuencia, el 98% del armamento permanece almacenado todo el
tiempo bajo estricto control. Ese armamento es contado de 3 a
6 veces
al día durante cada relevo de la guardia que lo custodia,
y cuando
falta una simple pistola, toda la unidad militar queda encerrada
hasta que aparezca. En contraste, las fuerzas del MININT y la
CIM
están armadas todo el tiempo, con sus pistolas a la cintura
y sus
fusiles al hombro, listas para disparar. Pero rara vez se ve a
un
oficial o a un soldado de las FAR armado. Esta simple diferencia
que
pasa desapercibida para muchos demuestra la naturaleza del enemigo
al
que teme el gobierno.
Las armas de las FAR
y de las Milicias de Tropas Territoriales que
existen para defender al país de la omnipresente invasión
norteamericana permanecen almacenadas en polvorines. Pero la policía,
la Seguridad del Estado y la CIM las tienen consigo todo el tiempo,
listas para usar. Entonces, ¿a quién teme el gobierno?
¿A los Estados
Unidos, o al pueblo? ¿Contra quien han tenido Fidel y Raúl
las armas
siempre listas? Es un detalle que el pueblo podría observar
con más
atención, porque desmiente por sí mismo el mito
de la amenaza
externa, y desnuda el temor del régimen hacia el pueblo
que oprime.
En Suiza, por ejemplo,
cada ciudadano es considerado un soldado para
defender a su país de cualquier agresión. Pero cada
ciudadano suizo
tiene en su casa el armamento de combate, listo para utilizarlo
ante
cualquier ataque sorpresivo. En cambio Cuba, a pesar de lo que
repita
el Granma, nunca ha estado lista para defenderse de una invasión
sorpresiva de los Estados Unidos. Pero eso al gobierno no le importa
porque sabe que Cuba no está amenazada desde el exterior.
Lo que
preocupa al gobierno cubano, a quien teme la dictadura, es al
pueblo.
Y por eso, contra el pueblo, es que sólo las fuerzas represivas
del
MININT y la CIM están realmente armadas.
Por otra parte, la
realidad es que los hombres de las FAR son los
únicos que pueden poner fin al abuso del MININT. Son las
armas de las
FAR, en manos de sus hombres, las únicas con capacidad
para acabar
con toda la inmundicia que representan la Seguridad del Estado,
la
policía represiva y la CIM.
A pesar de lo que se
diga en los discursos oficiales, y el lugar que
Fidel y Raúl pretendan darle a las FAR en la Revolución.
El
verdadero soporte de su gobierno ha sido siempre el MININT con
su
Seguridad del Estado. A nada temen ellos más que al ejército
armado.
Por eso bien se ocupa la CIM, cuando hay un desfile militar en
la
Plaza, de revisar y asegurarse, una mil veces, de que no halla
tan
siquiera una bala disponible en ninguno de los fusiles, aviones
y
otros armamentos que desfilarán. Las únicas armas
que puede haber en
la Plaza con capacidad de disparar son las de la Seguridad y las
de
la CIM. Díganme entonces en quien confía la tiranía,
y a quien teme.
Sin embargo, la oposición
existente en el ejército, como en el caso
del pueblo, se trata tan sólo de un estado de ánimo
que no ha podido
traducirse en acción. Primero, por la razón de que
las armas que no
están al alcance de la mano, y segundo, por la constante
vigilancia
de la Contra Inteligencia Militar. ¿Qué oficial
se arriesgaría a
decir abiertamente lo que piensa, o a intentar organizar una
oposición, cuando por reglamento la más mínima
crítica a Fidel o a
Raúl se paga con cárcel? A mi parecer es algo que
en las condiciones
presentes sólo puede ocurrir de manera espontánea
y masiva.
Pero regresando a tu
pregunta, supongo que estaríamos hablando de una
oposición organizada por una porción considerable
de militares contra
las iniciativas aperturistas del gobierno. En ese caso te diría
que
no. Porque implicaría la aceptación de diferencias
y divisiones
dentro del ejército que son universalmente inadmisibles
en de las
instituciones armadas. De lo contrario estaríamos en los
umbrales de
un conflicto con el potencial de convertirse en guerra civil.
La
única oposición a iniciativas de cambios sería
la del generalato
corrupto, pero no encontraría seguidores entre los oficiales
intermedios ni los soldados, por las razones que ya te decía.
Entonces esos generales quedarían neutralizados y retirados.
Ahora, en cuanto a
la otra hipótesis que plantea tu pregunta, la de
una comisión del partido o de militares que liderara una
transición,
me resulta difícil de imaginarla sin Raúl Castro
a la cabeza. Y
pienso así porque la estructura de poder en Cuba está
concebida de
manera que él lo heredará en su totalidad. Y cualesquiera
que sean
sus intenciones, Raúl no va a repartir ese poder, aunque
decidiera
incluso iniciar una transición. Las insinuaciones que hizo
recientemente sobre un gobierno colegiado son sólo palabras
adecuadas
para el momento adecuado. Creo que una vez enterrado Fidel, Raúl
ejercerá el poder, por la opción que determine,
sin tolerar oposición
alguna desde adentro. Para él será una necesidad.
En definitivas,
tendrá todos los mecanismos de poder en sus manos y, ¿para
qué correr
el riesgo de entregar a sus súbditos las herramientas para
que se le
opongan, practiquen la división y compitan por el poder?
Por el
contrario, sabe que una vez soltado los diablos no podrá
regresarlos
a la jaula, y que si la discordia estalla en la cúpula,
entonces
perdería el control sobre el orden de la transición,
y en
consecuencia, perdería también el control sobre
su seguridad personal
y la de su familia.
Entonces, según
tu pregunta, tendríamos el escenario de un Raúl
Castro que, desde una postura autoritaria y con poder absoluto,
decide deshacerse paulatinamente de los hombres que estorban a
su
alrededor, e iniciar una transición que él iría
profundizando en la
medida que va ganando el apoyo genuino del pueblo, y con ello,
la
seguridad para sí mismo. Es una alternativa que el pueblo
de Cuba
apoyaría mayoritariamente porque evita el caos.
Este es asunto que
muchos líderes del exilio no comprenden,
posiblemente por los años que llevan fuera de Cuba, y han
perdido la
noción del estado de cosas allí. La mayoría
de los cubanos,
incluyendo al exilio, quisiéramos una transición
justa y
democrática. Eso nos une, coincidiendo en los deseos de
hacer
justicia, que implica enjuiciar a los líderes presentes
por sus
crímenes. Pero esa justicia es sólo posible en caso
de un
levantamiento popular. ¿Y después, qué?
Hay un sector muy fuerte
entre los líderes del exilio que exige
elecciones libres en seis meses. Y cuando escucho eso, lo primero
que
me pregunto es: ¿Y quién va a contar los votos?
Porque Cuba está
sumida en un estado de destrucción y desgobierno tal que
no puedo
imaginar cómo podrían organizarse unas elecciones
justas y
transparente en tan poco tiempo. Porque para unas elecciones se
necesitan orden y ley. Y en Cuba, como sabemos, las instituciones
no
tienen fundamento legal, sino que funcionan sobre un legajo absurdo
de mandatos ideológicos impuestos por el partido único.
Entonces,
primero habría que cambiar las leyes, o al menos declarar
inválida la
presente constitución para que la de 1940 entre en vigor.
Y luego
hacer que las instituciones se rijan por la ley, y que los
funcionarios aprendan los mecanismos legales en que debe funcionar
el
país. Eso no se logra en unos meses.
Pero habría
retos aún más inmediatos que enfrentar una vez pasada
la
euforia por el gobierno depuesto y la justicia impartida. En La
Habana, por ejemplo, la mayoría de los policías
fueron importados
desde Oriente porque el gobierno sabía que los locales
se prestarían
menos para el sucio trabajo de reprimir. ¿Qué pasaría
con esos
policías? No es difícil imaginar que abandonarían
la ciudad
inmediatamente, si es que quieren sus pellejos. ¿Y el orden
público?
¿Qué ocurría con los cientos de miles de
fusiles celosamente
controlados en polvorines por todo el país hasta ese momento?
Quedarán a merced del momento, y el pueblo se armará.
Pero también se
armarán los criminales que viven entre el pueblo. Y no
es difícil
imaginar las consecuencias que traerían todas esas armas
en la calle,
en medio del vacío dejado por las instituciones del orden
desaparecidas.
Si pensamos con detenimiento
en estas cosas, entonces nos damos
cuenta que la transición que necesitamos debe ser ordenada,
con
tiempo para restablecer el reino de la ley, que nos traiga unas
elecciones verdaderamente libres y transparentes. Donde los
candidatos tengan las mismas oportunidades de dar a conocer sus
programas, y los mecanismos que impiden el fraude estén
firmes a
infalibles.
Así que, regresando
a tu pregunta, una transición liderada por una
comisión del partido o por militares, si estuviera verdaderamente
encaminada a la democracia, sería positiva. En cuanto a
la
posibilidad, existe, pero sólo Raúl Castro tiene
la opción de
llevarla a cabo. Y, aunque no quiero cerrar las puertas a ese
hombre, dudo muchísimo que él tenga el coraje y
el amor por Cuba como
para iniciarla.
Por el contrario, me
temo que sólo dará pequeñas libertades
económicas para apaciguar al pueblo. Y si llegara a la
estupidez de
mantener las cosas como están, bueno
Este verano
que se avecina los
expertos lo prevén como el más caliente de la historia.
También será
el de mayor presión en la caldera social cubana. Y pudiera
reventar.
9. ¿Está
la nomenclatura militar tan ocupada en sus negocios que es
incapaz de ver la realidad de los cubanos de a pie o acaso no
les
importa el pueblo en absoluto, hay algún negocio de el
ejercito en
particular que es desconocido y que le gustaría desvelar?
Claro que ven y dan
la espalda a la realidad de los cubanos de a
pie. Son corruptos y no les importa. Pero esa es la nomenclatura.
No
los confundamos con los hombres sencillos que sirven honorablemente,
desinformados y acosados por el mito de la amenaza extrajera,
en las
unidades militares que están regadas por el país.
Lo que conozco de los
negocios que realizan los generales de las FAR,
lo he conocido aquí. Pero nada me sorprendería.
El robo al pueblo es
rampante.
Se puede hablar más
alto, pero no más claro, ¿no les parece?
Todavía queda una última entrega, no se la pierdan.
Viernes, 19 de enero del 2007
Si les parecieron interesantes
las dos entregas anteriores no pueden
perderse esta tercera parte, en la que como en las anteriores
la
claridad de ideas del Mayor resulta pasmosa y pone de relieve
que el
pueblo cubano cuenta entre sus filas con más que suficientes
elementos para desarrollar una democracia que será admirada
por el
mundo entero.
10. ¿Qué siente cuando los elementos de propaganda
del régimen
insisten en destacar los presuntos logros revolucionarios?
Ultraje. Son un insulto
a la inteligencia. En Estados Unidos y en
América Latina he encontrado mucha gente que defiende la
salud gratis
como un logro indiscutible de la revolución. Entonces les
respondo
que es preferible pagar la atención médica con dinero
que con
derechos. Y aunque el sistema de salud cubano actual es un desastre,
pienso que si fuera el mejor del mundo, tampoco lo querría,
porque no
se diferenciaría en nada de la atención veterinaria
de primera
calidad que reciben los animales del zoológico. Éstos
no pagan con
dinero, pero sí con su libertad. Yo prefiero la selva,
con sus
parásitos y sin médicos.
11. ¿Cree que
queda algún mito revolucionario por desmentir al mundo
o considera que ya la comunidad internacional conoce la situación
interior real cubana?
Quedan por desmentir
todos. La propaganda del régimen ha sido
extremadamente efectiva. Y los cubanos que estamos en el exterior
hemos fracasado en combatir esa propaganda con inteligencia.
12. ¿Cree que
el pueblo cubano reaccionará de alguna manera tras
enterrar a Fidel Castro?
Habrá alegría,
claro, pero silenciosa. También expectativa y
esperanza en que las cosas mejoren. Sin embargo, Raúl cometería
un
error si interpretara eso como una señal de que las cosas
pueden
seguir igual que antes. Los cubanos necesitan respiros y él
tendrá
que darlos de alguna manera, y alimentar alguna esperanza. La
paciencia del pueblo se está agotando.
13. ¿Considera
que ha habido algún cambio en la represión interna
o
prevé alguno posible?
No, y tampoco lo preveo
a corto plazo. Raúl no podrá dar pasos en ese
sentido, incluso si lo quisiera, mientras Fidel esté vivo.
Primero
tendrá que enterrar al hermano, después quitar a
alguna gente que le
estorban, y entonces aflojar la represión. Si es que ese
fuera su
propósito. Pero no lo sabemos.
14. ¿Cree que
la disidencia en el insilio debería elaborar un
documento de común acuerdo para que lo rubricaran todos
los grupos,
pidiendo nada mas que la liberación de los presos políticos
y la
celebración de unas elecciones libres, plurales y con sufragio
universal?
Me es difícil
opinar desde la seguridad que me rodea aquí sobre lo
que la disidencia debería hacer allí. Me abstengo
de ello, y detesto
las críticas que se hacen a algunos disidentes desde aquí.
El primer
apoyo que el exilio debería dar a la disidencia es abstenerse
de
criticarla. Aunque sabemos que la disidencia está penetrada
por la
Seguridad del Estado, aunque sospechamos de algunos de sus miembros,
pienso que es preferible evitar las críticas desde aquí.
No es una
cuestión de silenciar opiniones, sino de tener una estrategia
efectiva de lucha. Porque actuamos como el grupo de pescadores
cuyas
vidas dependen del único pez que hay en río, y entonces
nos pasamos
el tiempo discutiendo cómo cocinar el pescado en lugar
de
organizarnos primero para poner la red a lo largo del río,
capturar
el pez y entonces discutir cómo cocinarlo. Para nosotros
es pez es
derrotar al gobierno u obligarlo a iniciar una apertura. Es el
primer
paso, en lo que todos estamos de acuerdo, y en lo que deberíamos
enfocar el cien por ciento del esfuerzo. Las diferencias políticas,
el cómo cocinar es pescado, es cosa a discutir después
de manera
abierta en el camino a las elecciones. Le tocará al pueblo
escoger la
receta que más le convenga.
15. ¿Deberían
elegir a un primus inter pares y un color que lo
representara para que defendiera ese acuerdo en los foros
internacionales para que se comprobara en el exterior el nivel
de
pluralidad que acepta el régimen?
Eso sería bueno
desde el punto de vista de darle un rostro a la
disidencia, y cierta protección dentro de la indefensión
en que
viven. Pero será insuficiente para obligar al gobierno
a negociar.
Para eso hace falta la fuerza, y para la fuerza: la unidad. Pero
corresponde a los disidentes elaborar la estrategia adecuada.
16. ¿Cree usted
que la disidencia en el exilio debería apoyar este
documento de forma unánime y adoptar el color elegido como
símbolo de
su representación?
Sí. Se trata
del agarrar al pez primero, ¿no?
17. ¿Considera
que en el exilio se están preparando para dar los
pasos adecuados para fomentar que los cubanos residentes en la
isla
pidan una transición a la democracia?
Habría que saber
primero qué son los pasos adecuados. Pero creo que
la mayoría del exilio apoyará cualquier iniciativa
encaminada a la
transición de los que están en la isla.
18. ¿Qué
daño podría hacerle al gobierno cubano y a los militares
en
especial una campaña que promocionara el turismo hacia
la isla solo
cuando existiera una democracia real en Cuba?
Ninguno. Aún
no hemos sido capaces de convencer a muchísimos
ciudadanos de América Latina y Europa Occidental sobre
la naturaleza
criminal del régimen. Y dudo de nuestra capacidad para
organizar una
campaña de esa magnitud que sea efectiva.
19. ¿Cree posible
que si la disidencia le planteara esta disyuntiva a
Raúl Castro transigiría con un proceso de transición
de algún tipo?
No. Para plantearle
algo de esa naturaleza al gobierno hay que estar
respaldado por la fuerza que representa el apoyo abierto de una
gran
parte de la población. Y el gobierno ha sido eficiente
en impedir que
el mensaje de la disidencia llegue con regularidad a la población.
Habrá mucho trabajo que hacer primero. El gobierno no escuchará,
a
menos que esté obligado a ello por la presión popular.
20. ¿Cree que
los cubanos residentes de la isla quieren cambios hacia
la libertad y la democracia o se conformarían con que les
mejoraran
sus condiciones de vida?
Creo que una mayoría
aplastante quiere cambios hacia la democracia.
Pero también quieren tranquilidad. Mejorar las condiciones
de vida no
los conformará, pero les dará un poco más
de paciencia en esa espera
para evitar la violencia.
21. ¿Estaría
dispuesto a asumir algún papel activo en un futuro
proceso de transición a la democracia?
Depende del proceso
en sí, de mi familia y de lo efectivo que en
realidad pudiera ser.
22. ¿Qué
mensaje les enviaría a los militares cubanos?
Sean siempre leales
a su misión, que es defender al pueblo de todo
agresor, incluso del gobierno.
23. ¿Qué
le diría al pueblo cubano si pudiera leer sus respuestas?
Que practicáramos
la decencia cotidianamente con todos. Es el camino
más corto a la libertad.
24. ¿Cree que
está entrevista será censurada en Cuba y se bloquearán
las paginas en las que se publique?
Seguramente, como censuran
todo lo que informe al pueblo. Aunque no
sé de sus capacidades actuales para bloquear las páginas
del
Internet. Pero el Internet es como un dique que se ha roto: ponen
un
tapón aquí, y les sale por allá.
25. ¿Cree que la opinión pública es consciente
de hasta donde es
capaz de llegar el régimen para mantener su imagen y en
particular,
que opinión le merece la utilización de Elián
y de sus hijos?
No. Especialmente dentro
de Cuba porque la opinión pública está a
merced de la manipulación absoluta de la información
que practica el
gobierno. Te pongo un ejemplo sutil: en 1991 cuatro policías
de Los
Ángeles fueron filmados por un aficionado cuando golpeaban
brutalmente a un hombre de la raza negra llamado Rodney King.
Las
imágenes se transmitieron muchísimas veces por las
televisoras
norteamericanas. En Estados Unidos reinó la indignación,
y los cuatro
policías fueron enjuiciados. Rodney King, quien tenía
una larga
historia delictiva, recibió una compensación millonaria
porque sus
derechos civiles habían sido violados. La televisión
cubana sólo
transmitió las imágenes de la golpiza, y omitió
luego el desempeño de
la justicia. Entonces, ¿se le puede culpar a la gente en
Cuba que
tiene una visión equivocada de los Estados Unidos?
Ellos son maestros
en manipular la información para someter a las
masas. A veces los subestimamos, o no los comprendemos, y cometemos
errores que les facilitan el trabajo. El caso de Elián
Gonzáles en
un vívido ejemplo de esto. Fidel vio en la situación
creada alrededor
del niño una oportunidad única de redimir su reputación
como divisor
de familias y poner al exilio en ridículo ante la opinión
pública.
La aprovechó en toda su dimensión. Montó
una campaña de publicidad
extraordinaria alrededor del caso, gastó millones en abogados,
aviones fletados y periodistas invitados a cubrir los eventos
en
Cuba. Para él esos millones eran un precio insignificante
a pagar por
el beneficio político que obtendría. Entonces movilizó
al pueblo y
organizó las numerosas manifestaciones a lo largo de la
isla que allí
recordarán bien.
En la prensa de los
Estados Unidos, que generalmente se ocupa muy
poco de Cuba, no hacía más que hablarse del niño
Elián y de las
demostraciones masivas en La Habana. Puedo asegurarte que en esos
días se debatió más el caso de este niño
cubano en los medios
norteamericanos, que todo lo que se había discutido o escrito
sobre
Cuba desde la Crisis de Octubre hasta ese momento. Y todo eso
en un
contexto positivo para el gobierno cubano. Fidel envió
al padre de
Elián con el resto de la familia a Washington, vinieron
las abuelas
Todos ellos, claro, estrictamente controlados por los oficiales
de la
Inteligencia cubana que los acompañaban, inhabilitados
para hablar
por sí mismos. ¿Y qué veía el pueblo
de los Estados Unidos? Veía a
un padre reclamando el legítimo derecho de potestad sobre
su hijo.
Veía al pueblo en Cuba exigiendo, frente a la Sección
de Intereses,
la reunificación de esa familia. Y veía a unos parientes
y a unos
líderes del exilio empeñados en retener al niño
con ellos. Eso es
todo lo que vía la mayoría del pueblo norteamericano.
Entonces, ¿de
qué lado iba a estar la opinión pública que
dicta la política de este
país? Para los ciudadanos libres no hay nada más
importante que los
hijos, y los norteamericanos vieron en Elián a sus propios
hijos, y a
sí mismos en Juan Miguel. La mayoría, desde luego,
estuvo por el
retorno inmediato del niño a su padre.
Yo creo que los líderes
del exilio perdieron esa perspectiva de las
cosas y se dejaron arrastrar al juego político trazado
por Fidel.
Cayeron en la trampa que se tendió desde La Habana, y cometieron
el
error de convertir la batalla por Elián en una batalla
política. Los
líderes de la Fundación Cubano-Americana pusieron
sus recursos y sus
abogados al servicio de los parientes de Elián en Miami.
Lo que
estuvo bien. Pero se pusieron ellos también en la prensa
y se
convirtieron en protagonistas. Lo que estuvo mal. De esa manera
mientras más presión hacía Fidel desde La
Habana, más presión
hacíamos nosotros desde la tribuna de las organizaciones
políticas,
acentuando el conflicto y aumentando la publicidad que trabajaba
en
beneficio del gobierno cubano. El pueblo vio por televisión
a las
organizaciones políticas del exilio haciendo de contraparte
al
gobierno cubano, hablando en nombre de la familia, vio el cortejo
de
automóviles con esos líderes yendo a entrevistarse
con una amiga de
la Fiscal General. Se convirtieron, de hecho, en el rostro que
aparecía en la batalla del lado de acá, y por eso
de perdió. Porque
el pueblo norteamericano lo interpretó como una batalla
política
entre el exilio y Fidel. Y en ese caso, el pueblo prefirió
ponerse al
lado del padre, al que veía en el medio. Y todo eso ocurría
cuando
había otros niños y familias enteras en Cuba impedidos
de viajar por
el gobierno cubano para reunificarse con sus seres queridos. ¡Y
no se
hablaba una palabra en la prensa de EEUU al respecto!
Todos sabíamos
que el padre de Elián y las abuelas eran rehenes
virtuales del gobierno cubano, y que no estaban hablando por sí
mismos. Fidel, en cambio, estaba obligado a impedir el contacto
entre
la familia venida de Cuba y la familia de Miami. Por eso su máquina
de propaganda inventó los supuestos peligros de Miami para
justificar
que los familiares venidos de Cuba no se reunieran con los de
aquí a
solas porque sabía que corría el riesgo de que todos
ellos, una vez
separados de los agentes que los controlaban, pudieran optar por
la
libertad y quedarse.
Fidel predijo la reacción
de los líderes del exilio que habían tomado
control de las cosas aquí. Ya sea por desconocimiento o
por
protagonismo, el caso es que cayeron en su trampa y comenzaron
a
actuar como contraparte del gobierno cubano. Así que si
Cuba había
dicho que no permitiría la reunión de los familiares
en Miami porque
era peligroso allí. Entonces los líderes de la Fundación
respondieron
que no se reunirían fuera de Miami porque podrían
intentar el
secuestro de Elián. ¡Qué torpeza! Nada menos
que en los Estados
Unidos, donde para los efectos de la ley daba lo mismo estar en
Miami, que en Nueva York, u otro estado como Colorado o Arizona.
De
esa manera se confundieron las prioridades, y en lugar de hacer
todo
lo posible por facilitar esa reunión a solas entre familiares,
en
cualquier parte de los Estados Unidos bajo protección federal,
tomaron el curso de responder a las acciones del gobierno cubano
con
acciones opuestas. Pero que en efecto contribuían a lo
que Fidel
quería: impedir que las dos familias se reunieran a solas.
El resultado fue que
Fidel logró cercenar los lazos de una familia
cubana más, y en la operación, logró aglutinar
al pueblo y que no se
hablara de otra en cosa en Cuba que de Elián González,
que se
olvidara la represión contra la disidencia y los problemas
que acosan
a los cubanos.
Hay batallas que no
se ganan con dinero, sino con astucia y
transparencia. Y la de Elián se perdió por eso.
Porque las acciones
de los líderes de la Fundación estuvieron marcadas
por el
protagonismo, y no ayudaron a ganar la opinión pública
del pueblo
norteamericano, que fue la que en definitivas determinó
el curso de
los acontecimientos. Las consecuencias las pagó la familia
González,
y especialmente el niño, que perdió el derecho definitivo
sobre su
persona. Y el padre, que cedió al gobierno cómo
educar a su hijo.
Convertidos ambos en instrumentos de propaganda política.
Sólo Juan
Miguel sabe si actuó como padre, o como marioneta de Fidel.
La duda
nos quedará para siempre.
En el plano personal
me opuse al retorno de Elián a Cuba en aquellas
condiciones, y el New York Times tuvo la gentiliza de publicar
una
carta mía en la que explicaba por qué pensaba de
esa manera. Pero
puedo asegurarte que si Juan Miguel hubiera mostrado su amor de
padre, mandando al diablo a los funcionarios cubanos y a todos
los
que estaban en su camino, y hubiera arrancado para Miami él
mismo a
reclamar a su hijo, entonces me habría tenido a mí
y a una gran parte
del exilio apoyándolo. Es más, pienso que de haber
hecho eso, nunca
habría prosperado el pleito, y que los parientes del niño
habrían
cedido a su petición, porque la habrían reconocido
como genuina. El
problema surge por la seguridad que teníamos todos de que
no era el
padre, sino Fidel, quien hablaba por la boca de Juan Miguel.
El juicio final lo
hará Elián cuando alcance la madurez y analice el
curso de su vida. Si determina que perdió algo tan preciado
como la
libertad cuando la tuvo tan cerca, la responsabilidad caerá
por
entero en Juan Miguel González. Un padre no puede tener
peor castigo
que ese en la vida.
26. ¿Considera
que los exiliados cubanos han aprendido de errores
pasados y están tomando conciencia de que la democracia
solo se
alcanzará en Cuba por medios pacíficos y cuando
la unidad de los
grupos disidentes sea un hecho comprobado por el régimen?
Indudablemente el exilio
ha madurado mucho con los años. Pero aún lo
consumen las divisiones, debilitando el tremendo potencial que
tenemos para hacernos sentir como una fuerza a respetar
mundialmente. Según el Departamento del Censo de los Estados
Unidos,
el grupo de inmigrantes más exitoso en la historia de este
país es el
nuestro, superando incluso a la mayoría de origen anglosajón.
El 37%
de los cubanos de segunda generación, por ejemplo, tienen
ingresos
superiores a cincuenta mil dólares anuales, comparado con
el 18% de
la mayoría anglosajona. Eso demuestra la extraordinaria
ética de
trabajo y el coraje para emprender sueños que tiene nuestro
exilio.
Sin embargo, no hemos tenido éxito en proyectarnos al mundo
como lo
que realmente somos. Nuestra falta de influencia global en la
batalla por la libertad de Cuba ha sido un fracaso colosal que
no
podemos ignorar, si queremos enmendar las cosas.
La propaganda de mentiras
del gobierno cubano ha germinado mejor por
el mundo que los testimonios reales sobre sus crímenes.
Y la
responsabilidad de contar al mundo esa verdad recae por entero
en el
exilio. Conformarnos con los éxitos obtenidos aquí,
con la influencia
alcanzada en la política interna de este país, darnos
palmadas en el
hombro por lo que se ha logrado, no ayudará a cambiar las
cosas.
Tampoco lo hará decirnos que los recursos que invierte
el régimen en
propaganda son muy superiores a nuestros recursos. Hay muchísimas
cosas que debíamos hacer y que no se hacen. La realidad
es que hemos
fallado miserablemente en lograr que los pueblos se conviertan
en
nuestros aliados, pues aún una gran parte de esta humanidad
apoya y
defiende al gobierno cubano.
Recientemente leí
que el alcalde de Londres se proponía gastar
algunos millones de libras en celebrar oficialmente el casi medio
siglo de "justicia social en Cuba". Si los londinenses
fueran
nuestros amigos, bien tenía que cuidarse el alcalde de
hacer
semejante propuesta. ¡Entonces, dígame usted si no
hemos fracasado!
Cada joven que camina por las calles de Europa y América
Latina
vistiendo una camiseta con la figura del Ché es un logro
de la
propaganda castrista, y un recordatorio de nuestro fiasco. No
reconocerlo es una torpeza que nos mantendría en el inmovilismo.
¿Y por qué
ha ocurrido eso? En mi opinión por tres razones
fundamentales:
Primera: porque estamos
divididos, y sumidos en riñas políticas que
son menos urgentes que lograr la derrota de la tiranía.
Aquí
precisamente, nos comportamos como los pescadores que se la pasan
discutiendo cómo cocinar el pescado en lugar de reunir
los esfuerzos
para capturarlo, y después discutir como cocinarlo. Desgraciadamente
una parte determinante del liderazgo se ha empeñado en
marcar sus
diferencias ideológicas con otros, en lugar de trazar puentes
y
buscar los puntos que indudablemente tenemos todos en común,
y
trabajar en ellos con tesón y tolerancia. Te pondré
un ejemplo de lo
que quiero decir: en diciembre de 1994 tuvo lugar la Cumbre de
las
Américas en Miami, la capital del exilio. Nunca habíamos
tenido una
oportunidad mejor para contar a los mandatarios de este continente
la
verdad sobre nosotros, demostrarles nuestra organización,
nuestro
poder y lo que realmente somos. Era una oportunidad única
de atraer
el respeto y la atención que necesitábamos para
ser escuchados en un
mensaje claro sobre la situación en Cuba. Como yo no era
miembro de
grupo político alguno, y mantenía relaciones cordiales
con todos,
pensé que sería una buena idea vestirme de intermediario
y conversar
con los líderes del exilio a ver si lograba que todos se
sentaran en
una mesa a discutir un solo propósito: organizar una marcha
silenciosa del exilio, sin carteles de organizaciones, sin
protagonismos personales, sin discursos. Tan sólo con banderas
cubanas y fotografías de los presos políticos y
otras víctimas de la
dictadura. El efecto de cientos de miles de cubanos marchando
disciplinadamente con un mensaje simple y claro habría
sido
trascendental. Recuerdo que Jorge Mas Canosa, Carlos Alberto
Montaner, Armando Pérez Roura y otros líderes tuvieron
la gentileza
de recibirme. Todos me escucharon. Pero al final, ninguno levantó
el
teléfono para conversar con el otro. Luego las diferentes
organizaciones realizaron sus propias demostraciones, hondearon
sus
propias banderas y los líderes pronunciaron sus discursos.
Pero la
fuerza que pudo demostrarse en una acción mancomunada del
exilio
quedó diluida y no tuvo el impacto deseado.
Yo sé que este
es un tema delicado. Y tal vez mis palabras hieran la
sensibilidad de algunos. Pero tarde o temprano habrá que
enfrentarlo
con honestidad, y los líderes del exilio tendrán
que acopiar el valor
necesario para saltar las diferencias y buscar el consenso en
lo que
nos une, postergando el debate sobre lo que nos divide, si es
que
queremos convertirnos en la fuerza formidable que tenemos el
potencial de ser.
Segunda: porque carecemos
de una estrategia de lucha coherente y
abarcadora. Lo mismo apoyamos la lucha pacífica que las
actividades
de corte terrorista de algunos grupos armados. En estos últimos
merece detenernos:
Debo decirte ante todo
que creo en la lucha armada como un recurso
legítimo que tenemos los cubanos para alcanzar la libertad.
Y creo en
la vigencia de las palabras de Maceo cuando dijo que la Libertad
no
se mendiga, sino que se conquista con el filo del machete. Pero
una
cosa es la lucha armada, y otra cosa son la propaganda grosera
y el
terrorismo que nos merecen el irrespeto de aquellos que necesitamos
de aliados. Y es importante marcar bien esta diferencia por el
daño
que a nuestra causa han hecho, en mi opinión, algunos grupos
armados
del exilio. Mucha gente calla o teme pronunciarse al respecto.
Pero
la realidad es que el silencio no es nuestro amigo en esta batalla,
ni tampoco la percepción equivocada que existe en el mundo,
en gran
medida alimentada por la propaganda cubana y sazonada por estos
grupos, de que somos una comunidad tan llena de rencor que no
nos
importan las víctimas que puedan resultar de nuestros métodos.
Ayer
mismo, por ejemplo, El Nuevo Herald anunció que grupos
de exiliados
realizarán una manifestación el viernes en respaldo
a Posada
Carriles. Esa es la imagen que transmitimos al mundo. Es posible
que
Posada Carriles sea una víctima inocente de las maquinaciones
de
Fidel para implicarlo en el ataque al avión de Barbados.
Pero
también algunas de sus acciones, las que él mismo
ha reconocido, han
prestado un servicio inigualable a la tiranía, porque no
han tenido
nada que ver con la lucha armada y sí con el terrorismo.
Cuando las
bombas comenzaron a explotar en los hoteles de La Habana tuve
profundas sospechas de que era una operación montada por
la propia
Inteligencia cubana. Porque poner víctimas inocentes que
nada tienen
que ver con el problema cubano sólo sirve a la dictadura
en su
campaña universal de descrédito contra sus oponentes.
Poco después
Posada concedió una entrevista al New York Times en la
que se hacía
responsable de dichas bombas. ¿Qué opinión
se hizo el pueblo de los
Estados Unidos cuando leyó esa entrevista? ¿Ayudó
Posada Carriles con
eso a la libertad de Cuba, o sirvió a los intereses propagandísticos
del régimen? Esas son las cosas que explican por qué
el pueblo
norteamericano, el pueblo que más ha contribuido a la libertad
de
otros pueblos, no nos ha dado su apoyo a pesar de que desprecia
a
Fidel Castro.
Algo similar ocurre
con los grupos que iban a los Everglades de la
Florida, vestidos de camuflaje y armas largas a entrenarse para
la
lucha armada. El problema no está en el entrenamiento que
realizaban
si su propósito era realmente luchar con las armas contra
la
dictadura. El problema está en que al otro día salían
las fotografías
de los entrenamientos en los periódicos, con todo el descrédito
que
ello representaba. ¡Nunca se había visto a un grupo
armado más
interesado en la propaganda de sus acciones! Es el caso con las
bombas que durante una época explotaron en los consulados
cubanos de
varios países, violando la soberanía de esos países.
¿Cómo podemos
exigir respeto por nuestra soberanía, cuando no respetamos
la ajena?
¿Cómo podíamos recabar el apoyo del pueblo
norteamericano cuando una
bomba explotaba en el consulado cubano de Nueva York, y luego
un
grupo que se decía luchar por la libertad de Cuba se hacía
responsable? ¿Y los ataques furtivos a instalaciones civiles
costeras
de Cuba? ¿Merecían esas acciones el respeto y el
apoyo del pueblo
norteamericano y los países democráticos? Claro
que no. Y el exilio
dejó de condenar esas acciones porque Fidel las estaba
condenando
también desde La Habana. Porque lo triste de estas actividades,
es
que muchas han sido promovidas por el gobierno cubano. Y en el
exilio
nos ha faltado la sagacidad para darnos cuenta de ello. A pesar
de
que ha sido documentado claramente.
En 1992, por ejemplo,
Francisco Ávila Azcuy, quien era jefe militar
de Alfa 66, y trabajaba al mismo tiempo para la Inteligencia cubana
y
el FBI, salió de las sombras y contó cómo
los agentes del gobierno
cubano infiltrados en el exilio instigaban acciones armadas que
Fidel
pudiera calificar después de terroristas. Relató
cómo la Inteligencia
cubana le había entregado dinero en efectivo para financiar
tres
tiroteos a las costas cubanas desde el mar. Y que en una ocasión
le
dieron doce mil dólares para que comprara una embarcación
para Alfa
66. Antes de hacer sus declaraciones, y para demostrar su
credibilidad, Francisco se alió con un canal de televisión
local y
filmaron secretamente uno de sus encuentros con el oficial de
la
Inteligencia cubana que lo atendía y que fungía
como diplomático
acreditado ante las Naciones Unidas en Nueva York. El escándalo
obligó después al gobierno de los Estados Unidos
a expulsar al
diplomático de su territorio.
Esa es tan sólo
una intriga revelada entre las muchas que corre la
Inteligencia cubana entre esos grupos. ¡Y todavía
existe una porción
respetable de este exilio que apoya a esa gente! La mayoría
son
gente sencilla y extremadamente ocupada con sus trabajaos y que
está
a merced de lo que escucha en las estaciones de radio de Miami.
Esa
ha sido una responsabilidad de los líderes que debieron
tener la
audacia de explicar a sus compatriotas la diferencia entre lucha
armada y terrorismo. Entre los que trabajan para la libertad de
Cuba,
y los que sirven a los intereses del régimen con sus acciones.
Porque sería muy distinto si esas actividades estuvieran
encaminadas
al verdadero enemigo. Aquí se sabe dónde viven los
represores más
conocidos de Cuba, los asesinos y los torturadores que abusan
cotidianamente en las prisiones cubanas, los chivatos que han
inundado de tragedia a tantas familias, los jefes de la Seguridad
y
la policía represiva. También se sabe dónde
están las unidades
fronterizas del MININT que han cometido crímenes contra
el pueblo,
como la de Canimar, por ejemplo. Y yo pienso que cualquier acción
armada llevada a cabo contra cualquiera de esos objetivos militares,
cualquier ajuste de cuentas a esos canallas por alguno de los
comandos que aquí dicen se infiltran allá, habría
recibido el respeto
absoluto de todos. ¡Caramba, no hay que ser muy inteligente
para
darnos cuenta del timo al que nos somete toda esa gente!
Recuerdo que siendo
un adolescente escuché a Fidel decir durante un
discurso que el noventa por ciento de las organizaciones
contrarrevolucionarias de los años sesenta habían
sido creadas por la
Seguridad del Estado, y que en muchas de las otras los agentes
de la
Seguridad componían más de la mitad de sus hombres.
Y me pregunto
cuál será la magnitud del esfuerzo que la Inteligencia
cubana ha
puesto en promover organizaciones de corte terrorista en el exilio.
Personalmente creo
que la estrategia de lucha debe ajustarse a las
condiciones del momento, y que ahora la opción armada no
es viable
desde afuera, entre otras cosas, porque viola las leyes de los
Estados Unidos y otros países. El mundo de hoy no es el
de Martí en
vísperas de la guerra del 95, ni el del Granma en 1956,
y las
operaciones armadas desde el exterior, sencillamente no son
producentes. Sin embargo, aunque no esté de acuerdo con
esa opción de
lucha, sentiría siempre el mayor respeto por los hombres
que la
hubieran llevado a cabo contra objetivos represivos del régimen.
También habrían tenido el discreto respeto del pueblo
norteamericano
y una buena porción del mundo, aunque lo desaprobaran.
Pero ese no es
el caso.
Las consecuencias de
tales actos han sido terribles para el exilio.
Nos han quitado aliados cruciales y nos han privado del respeto
que
merecemos internacionalmente. En Cuba mientras tanto, sólo
han
servido para aglutinar al pueblo, para indoctrinar a la juventud
en
el odio y la desconfianza, y para descalificar a los que se oponen
al
gobierno.
Y tercera: porque hemos
dejado a la juventud en los centros
académicos del mundo a merced de la propaganda castrista.
Es cierto
que los recursos del exilio no pueden competir con los de un estado
que cuenta con miles de diplomáticos, y prácticamente
fondos
ilimitados para la labor de diseminar mentiras. Pero también
es
cierto que no hemos sabido organizar a nuestros hijos para combatir,
aunque sólo fuera en las universidades norteamericanas,
a la
propaganda castrista. I digo organizar porque es todo lo que se
necesita hacer con nuestros jóvenes. Es increíble
la identificación
que tienen los cubanos nacidos aquí con la patria de sus
padres. Si
le preguntas a cualquiera de ellos de dónde es, te dirá
que de Cuba.
Así son nuestros hijos, y así de firme ha sido el
amor a la patria
que le han transmitido sus padres. Pero todo el talento y toda
la
fuerza que tienen nuestros jóvenes están expresados
solamente en esa
pasión por Cuba, pero sin efectividad. ¡Cuán
diferente serían las
cosas en los campos académicos si nuestros jóvenes
dieran
conferencias, interactuaran con otros jóvenes, despertaran
la
polémica y dieran testimonio de la realidad que vive Cuba!
Porque
aunque exista en las universidades una intelectualidad frívola
que
está dominada por la desidia, la verdad de Cuba, descrita
y
documentada por nuestros jóvenes, sería imparable.
Esas son las razones
por la que creo no hemos tenido el
reconocimiento internacional que podríamos tener. Sin embargo
los
fracasos son experiencias, y veo que cada vez son más los
cubanos
aquí que cobran conciencia de lo importante que es apoyar
las
iniciativas de la disidencia dentro de Cuba que, por estar allí,
está
mejor preparada para definir la estrategia de lucha correcta allí.
Creo que una vez alcanzado un consenso entre los grupos opositores
dentro de Cuba, el exilio cubano lo apoyará abrumadoramente.
Desde
luego, también se escuchará la estridente voz de
esos profesionales
de la Inteligencia cubana que viven aquí para oponerse
a todo lo que
signifique unidad. Pero serán una minoría, gritona,
pero
insignificante.
27. ¿Que grado
de infiltración cree que padece la disidencia en el
insilio y en el exilio, es esta la causa de todos sus males?
Muy alto. Aquí
y allá, a todos los niveles. Pero creo que le damos
más importancia de la que merecen, y ya con eso les estamos
ayudando
en su trabajo. Porque no olvidemos que su misión es sembrar
la
desconfianza y la división entre nosotros, impedir que
sumemos
nuestros propósitos en un frente común. Y a veces
nos dejamos llevar
por la paranoia de los espías y sospechamos de todo el
mundo, lo que
nos impide aglutinar esfuerzos. Tampoco se trata de confiar en
todos,
pero podríamos tener estrategias más efectivas para
mantenerlos a
raya si tuviéramos mayor consenso en nuestras acciones.
Esa
estrategia no puede ser la misma en el exilio que en Cuba.
Acá podemos
trabajar de manera transparente. Y si los individuos
somos transparentes en nuestras vidas y en nuestras acciones,
ya con
eso desarmamos bastante a los espías que nos puedan pisar
los
talones. Porque no hay arma más poderosa contra la infamia
que el
decoro. Y no hay que temer a los espías en las cosas que
podemos
hacer abiertamente, sin paranoias ridículas. Digamos, por
ejemplo,
que mañana surja una iniciativa para reunir firmas de exiliados
en
una carta al Secretario General de las Naciones Unidas pidiéndole
que
exija al gobierno cubano la liberación de todos los prisioneros
de
conciencia. Entonces comenzamos a preparar la lista de gente que
queremos que firme, y alguien dice: "no, ese o aquel no,
porque creo
que es espía de Castro". Y a mí me parece una
estupidez esa actitud.
Porque si el hombre fuera espía y está dispuesto
a firmar, ¡pues su
firma cuenta también! Por otra parte, no dudemos que si
tenemos un
espía entre el nosotros lo primero que hará es decir
exactamente eso
para mermar el esfuerzo.
Entonces tendríamos
que ser más transparentes a incluyentes en las
actividades que pueden serlo. Pero al mismo tiempo, mucho más
cerrados en las cosas que requieren la discreción. Digamos
por
ejemplo, que un grupo de exiliados se propone mañana introducir
en
Cuba, por mar, 20,000 copias de bolsillo de la Declaración
Universal
de los Derechos Humanos. Entonces debe organizarse enteramente
en
secreto, sin envolver a nadie que no tenga que estar necesariamente
involucrado con la operación, sin mencionarlo por teléfono
o correos
electrónicos que pueden ser interceptados. Esa discreción
debería
mantenerse antes, durante y después de la operación.
Porque también,
cuando con ánimos de protagonismo llamamos al periódico
al día
siguiente y a las estaciones de radio para contar como introducimos
los libros a Cuba, le estamos haciendo el trabajo a la Inteligencia
cubana. Ellos, que habrían tenido que movilizar a cientos
de agentes
para intentar enterarse sobre las vías que utilizamos,
el cuándo y el
cómo, reciben toda la información de nuestras propias
bocas porque
queremos ser héroes en el periódico local.
Las condiciones en
que lucha la disidencia en Cuba son muy
diferentes, por cuanto allí los espías son la ley,
el juez y el
carcelero al mismo tiempo. Nadie mejor que los que están
allí, al
corriente de las condiciones a nivel de ciudad y barrio, puede
decidir mejor como lidiar con estos personajes de doble cara.
En Cuba
existe un rostro visible de la disidencia, e indudablemente existe
otro clandestino, que irá ganando fuerza y efectividad
en la medida
que logre burlar a la Seguridad del Estado, así como desarrollar
mecanismos que le permita detectar en tiempo a los espías
potenciales.
Una cosa, sin embargo,
debe quedar clara para todos los espías en
Cuba y en el exilio: Nuestra patria no estará siempre a
merced de los
delincuentes que la gobiernan hoy. El día que la ley y
el derecho
vuelvan a reinar en Cuba, aquellos que con su traición
llevaron la
tragedia a muchísimas familias, tendrán que enfrentar
el peso de la
justicia.
28. ¿Cree que
el General Abelardo Colomé Ibarra es indispensable para
el régimen se mantenga tras la muerte de Fidel o ve posible
que tenga
planeada una estrategia de salida para que si la democracia llega
a
la isla él y los suyos estén a salvo?
No. Allí no
hay nadie indispensable para el que ejerce el poder.
¿Eran indispensables Arnaldo Ochoa, Tony de la Guardia,
José Abrantes
y Pascual Martínez Gil? ¿Lo fueron Roberto Robaina
y Carlos Aldana?
Tampoco lo será Colomé Ibarra. Pero este no es un
hombre que se
distinga por tener cabeza propia. Pertenece al círculo
íntimo de Raúl
y posiblemente tenga un desempeño similar en el futuro.
Creo que vale la pena
aclarar una cosa en cuanto a Ramiro Valdés. Te
decía antes que no creo Raúl le dará poder
real regresándolo al
MININT. Pero dada su reputación como policía eficiente,
posiblemente
permanecerá largo tiempo en la posición que ocupa
ahora. No nos
equivoquemos. La designación de Ramiro como ministro de
Informática y
Comunicaciones está fundamentada en la necesidad de controlar
el
flujo de información, impedir el acceso libre a la Internet
y
perseguir a los que se atreven expresarse anónimamente
por ese medio.
Pero es una posición civil, y él no será
una amenaza para Raúl desde
allí.
En cuando a si Colomé
u otros tienen una estrategia de salida, lo
dudo. Están tan confiados en sus posiciones que no lo ven
la
posibilidad de que tengan que abandonar el país a la carrera.
Pero no
es de extrañar. Los tiranos se alejan tanto de sus pueblos
que
pierden la percepción de la realidad, hasta que despiertan
en medio
de la revuelta y pagan con sus cabezas. Así ha sido siempre,
y así
será en Cuba, a menos que los líderes actuales se
llamen a la razón.
Debo expresar el más
grande de los agradecimientos al Mayor Orestes
Lorenzo y a su familia por robarles un poco del precioso tiempo
que
ganaron para disfrutar de su mutuo amor en libertad, espero que
sus
opiniones les hayan abierto un poquito más los ojos para
que puedan
ver que no hay que cejar en la lucha por la libertad de los
injustamente encarcelados y por una Cuba Libre y Democrática.
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