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Con sus chistes punzantes y desenfadados, Guillermo Alvarez Guedes
ha conseguido por los últimos cuarenta años lo que
cualquier figura contemporánea ambicionaría como
una proeza mayor: conciliar a los cubanos de la isla y del exilio,
sin importar edades o ideologías, a través de la
unánime voluntad de reír.
La popularidad del
humorista --que hoy arriba a los 80 años-- logró
afianzarse desde hace tiempo entre los exiliados y, a la vez,
cautivar a los cubanos de la isla, que no han dejado de agenciarse
sus discos, reproducirlos y hasta alquilarlos para fiestas y reuniones
privadas, a pesar de que el nombre del artista fue borrado tempranamente
por la censura castrista.
''Es un fenómeno
increíble la popularidad que yo he mantenido dentro de
Cuba'', relata Alvarez Guedes. ``Hace poco me contó una
periodista italiana de un lugar semiclandestino en La Habana donde
graban mis chistes en CD a petición de los clientes, el
número 5, el 20; me llegan también muchos materiales
por internet desde Cuba y de gentes que se han ido hace poco y
están regados por Australia, Canadá, Argentina,
Chile''.
Pero sus triunfos han
desbordado también las fronteras de la cubanidad. Con 32
discos y millones de copias vendidas desde que en 1973 se decidiera
comercializar su repertorio de chistes, Alvarez Guedes es capaz
de sacarles carcajadas a españoles, chilenos, panameños
y venezolanos sin ocultar su profunda esencia criolla. E incluso
despertar el interés del público estadounidense,
con un volumen que ha registrado las ventas más altas de
toda su producción discográfica: How To Defend Yourself
From the Cubans (Cómo defenderse de los cubanos), el número
14.
Nacido en el poblado
de Unión de Reyes, provincia de Matanzas, el 8 de junio
de 1927, Alvarez Guedes es reconocido como una enciclopedia viviente
del humor costumbrista. Fue en su ciudad natal donde descubrió
un día, fortuitamente, que tenía una especial fascinación
por hacer reír. Contaba entonces con siete años
y se ganó cinco pesos tras representar en un improvisado
escenario la petición de mano de una doncella.
Tras probar suerte
como cantante de tangos y empresario circense, viajó a
Estados Unidos en 1946, donde sobrevivió lavando platos
y cortando yerba antes de regresar a Cuba tres años después.
Muy pronto escalaría
los primeros planos en la radio y la televisión cubanas.
Como figura de CMQ-TV hizo historia con la representación
de un borracho confianzudo en el popular programa Cabaret Regalías
y, como productor musical, fundó en 1957 el sello discográfico
Producciones Gemas, que grabó a artistas de la talla de
Rolando Laserie, Elena Burke, Chico O'Farrill, Bebo Valdés,
Celeste Mendoza y Fernando Alvarez.
''La Habana que vivimos
nosotros ya desapareció y no volverá jamás'',
enfatiza. ``El peor recuerdo de mi vida es el día que me
fui''.
Abandonó la
isla el 23 de octubre de 1960 rumbo a Nueva York, en el mismo
avión que salieron para siempre la legendaria cantante
Celia Cruz y su inseparable compañero, el músico
Pedro Knight. Vino con la idea de un pronto retorno que, esperándolo
por 47 años, ha dejado de interesarle.
''No me interesa ya
el regreso'', confiesa. ``Me duele mucho cómo un solo tipo
[Fidel Castro] destruyó a Cuba y la hizo semejante a él,
descuidada y sucia... Es muy triste''.
Sin embargo, admite
que consideraría retornar temporalmente a ofrecer un concierto
para sus compatriotas tan pronto se produzca una transformación
democrática en la isla.
''Hay un empresario
que sueña con presentarme en la Plaza de la Revolución
[en La Habana], pero preferiría un escenario como el Teatro
Martí, que era el que más me gustaba de todos'',
afirma el artista.
La espaciosa oficina
de su hogar, en el suroeste de Miami, atesora fotos, carátulas
de discos, caricaturas, afiches y objetos de memorabilia que recorren
la carrera del actor teatral, cantante, comediante de radio y
televisión, productor y empresario musical desde sus inicios,
en 1949. Alvarez Guedes apunta hacia un cartel enmarcado de El
Solar, espectáculo musical que protagonizó en el
famoso cabaret Montmartre de La Habana, en 1953, junto a Beny
Moré, Olga Guillot y Carlos Pous, con coreografía
de Alberto Alonso.
''Fue un espectáculo
de mucho éxito'', recuerda mientras se acerca al cartel.
``Debutamos un viernes con una acogida tremenda, pero el Beny
vino con una borrachera que no podía sostenerse y, así
y todo, salió la función... Lo simpático
fue que cuando el Montmartre contrató a [el cantante] Maño
López como posible sustituto, el Beny no faltó ni
una vez''.
En la oficina consume
mucho tiempo leyendo y escuchando música de todo tipo.
Desde allí también realiza su programa radial de
tres horas, que sale al aire de lunes a viernes por la emisora
local Clásica 92.3. Sobre una mesa, varias carpetas guardan
chistes y materiales para futuros programas y presentaciones.
Justamente por estos
días perfila el espectáculo de chistes y monólogos
con que celebrará su ochenta aniversario bajo el título
de Más de medio siglo haciendo reír. La función
única será el próximo 11 de agosto, a las
8 p.m., en el Miami-Dade County Auditorium, ubicado en West Flagler
y la avenida 27.
''La finalidad es hacer
reír constantemente'', asegura. ``Tengo todavía
el récord de 2 horas con 55 minutos de chistes sin parar
durante un espectáculo en el Carnegie Hall de Nueva York
en 1987''.
Y, por supuesto, la
presentación incluirá algunos de sus chistes antológicos
sobre la condición cubana.
''El cubano es muy
trabajador, emprendedor, luchador, y se aprecia mucho a sí
mismo, pero también es envidioso, lo sabe todo y nunca
le puedes dar una noticia, porque siempre conoce al protagonista
de la noticia, habló con él o vivieron alguna vez
en la misma casa'', detalla sonriente. ``El cubano no tiene nunca
la culpa, lo de él es siempre mejor y más grande
que lo del otro, pero es el ser con más sentido del humor
y la picardía en la América hispana''.
Alvarez Guedes vive
en Miami junto a su esposa Elsy, ex modelo de la CMQ, con quien
contrajo matrimonio en 1954 ``pensando que sería para toda
la vida''.
''Nunca fui un personaje
típico de la farándula y siempre di prioridad a
mi familia'', señala con satisfacción. El matrimonio
tuvo dos hijas en Cuba y ya son abuelos de cuatro nietos.
Su única preocupación
con la edad era no llegar a los 80 convertido en ``un viejo cagalitroso''.
''Lo único que
no quería era perder la cabeza y tener un pase a tierra'',
asevera. ``Siempre he pensado y sentido como un hombre joven...
Ni el recuerdo ni la nostalgia me interesan para nada, me entristecen''.
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