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Cosas importantes han ocurrido en Paris estos últimos días.
La capital francesa fue el escenario de una de las protestas más
significativas de los últimos años: la izquierda
europea, sobre todo la francesa, rompió su pacto de tolerancia
con el régimen de Fidel Castro y recordó el encarcelamiento
de decenas de periodistas y escritores disidentes.
En primera fila del Teatro del Rond-Point, en los Campos Elíseos,
una venezolana acompañó al grupo de destacados líderes
políticos e intelectuales (como Jorge Semprún, Pierre
Arditi, Zoé Valdés, Jack Lang, Noël Mamère,
Pedro Almodóvar y Catherine Deneuve) que bajo el slogan
de "Cuba sí, Castro no" comenzaron a desmontar
el mito de Fidel en Europa. La venezolana Elizabeth Burgos da
testimonio de un evento que pone fin a la luna de miel de Castro
con la izquierda del viejo continente:
Por primera vez
la izquierda francesa hace un acto de repudio contra Castro, y
al escuchar los discursos se nota que todavía les cuesta
mucho. Fidel es un mito, un gran maestro de la propaganda.
¿Cómo
se explica esa condescendencia de la izquierda europea con un
dictador que lleva cuatro décadas en el poder?
Por el discurso de Fidel Castro, como el que tiene Chávez
ahora. Los que tratan de defender a Castro siempre argumentan
que en Cuba le dan educación y salud al pueblo. En la izquierda
europea hay una actitud de condescendencia con América
Latina que se revela en una idea: la gente del tercer mundo debería
estar contenta con un poco de medicinas y educación. Por
eso es que hay cosas que los franceses nunca aceptarían
aquí (en Paris) pero que lo ven normal allá.
¿Nos consideran
países menores?
Si. En Europa comparan a Zimbabwe con Honduras o Venezuela.
Todos los países que ellos encierra en el cliché
de "tercer mundo" son iguales, no conocen la especificidad
de la historia: no importa equiparar a los países más
subdesarrollados de África con Argentina y Brasil. Y todo
eso se combina con el sentimiento de antiamericanismo que hay
en Francia, que no es nuevo. Es una manera muy fácil y
barata de pelear contra Estados Unidos: aquí nadie pensaría
en declararles la guerra, pero les encanta cuando se las declaran
en otro lado.
¿Y cuál
fue el evento que desencadenó esta reacción?
El apresamiento de los periodistas. En Cuba se logró
crear un espacio de periodismo independiente y el régimen
había mostrado una cierta tolerancia. Pero ese es un mecanismo
que siempre ha usado Fidel Castro: él permite espacios
de libertad y después los reprime, es una técnica
que usa desde 1959. Lo que pasa es que la gente estudia muy poco
la dinámica del régimen cubano y se preocupa muy
poco en conocer su historia. Pero esta ultima ola de represión
tocó a personajes conocidos, ya ellos no pueden hablar
de "batisteros" (cómplices del régimen
de Fulgencio Batista) para justificar sus acciones. Eso ha hecho
que mucha gente abra los ojos.
También hubo
una protesta el 24 de abril de este año, en la sede de
la embajada cubana en Paris, que terminó violentamente.
Eso pudo haber exacerbado los ánimos...
Eso también influyó. Yo participé en
esa manifestación y el embajador salió con sus esbirros
y nos pegó con cabillas. Los franceses quedaron traumatizados
con ese evento, decían "si esta gente era capaz de
hacer eso en Paris, imagínense lo que hacen en La Habana".
Eso ayudó a la reacción.
¿Y cómo
quedan personalidades como Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta
Menchú, al mantenerse al lado de Castro?
Ellos tienen esa posición por ignorancia, apoyando
la premisa del desarrollo de la salud y la educación. No
se molestan en saber como era La Habana antes de 1959, no conocen
que el porcentaje de analfabetismo en Cuba era uno de los más
bajos del continente, similar al de Argentina y Uruguay; no saben
que Cuba tenía el mismo ingreso per capita de Venezuela,
que es un país petrolero. Ellos no saben estas cosas, ni
están interesados en saberlas.
Se mueve el centro
de gravedad
Burgos sostiene que
la red de poder castrista se basa, casi exclusivamente, en el
Ejército y el Ministerio de Interior de Cuba, desde donde
se desarrollan todos los mecanismos de control social contra la
población. Sostiene que Lula ya desplazó a Fidel
Castro como el referente de la izquierda latinoamericana.
Lula abrió
la brecha de la izquierda sensata y democrática en Latinoamérica.
Se ha ganado el respeto de Bush y de Europa, su manera de hablar
y de manejar las relaciones ha despertado simpatía. Comprende
que es un jefe de un gran país, que tiene problemas muy
graves que debe resolver; pero al mismo tiempo tiene una gran
conciencia del equilibrio de las fuerzas en el planeta. Esa sensatez
es la que debe impregnar algún día a toda la izquierda
latinoamericana. Y eso parece no gustarle mucho a Fidel, porque
le ha quitado el protagonismo.
Pero en los últimos
días hubo un acercamiento importante entre Lula y Castro.
Después de la Asamblea General de la ONU, Lula visitó
la Habana y luego Fidel fue a Brasil...
Lo que pasa es que la relación que Lula sostuvo con
Castro antes de ser electo presidente de Brasil, no le permite
asumir una postura radical de un día para otro. Ni tampoco
creo que le convenga. Debe dejar una puerta abierta y mantener
los canales de comunicación con el poder cubano.
¿Entonces ese
acercamiento es más por conveniencia que por complicidad?
Eso es algo que en América Latina nos cuesta entender:
los países no sólo actúan por ideología,
sino por intereses. Eso lo están empezando a comprender
Chile, Argentina y Brasil. Además, Lula cuenta con una
escuela de diplomacia de primera clase: Itamaratí, donde
saben que los países primero tienen intereses y después
amigos.
¿Cómo
visualiza la estrategia de exportación de ideología
que todavía desarrolla Castro sobre América Latina?
En un primer momento Castro intentó penetrar a Latinoamérica
con la guerrilla, pero eso no le resultó. Y después,
como es una persona muy hábil, encontró otro medio
para alcanzar su objetivo: la caridad. Las organizaciones no gubernamentales
son los nuevos misioneros del mundo, los estados tienen cada vez
menos relaciones bilaterales de desarrollo y concentran los recursos
en grupos de este tipo. Yo diría que es la nueva forma
de neocolonialismo, y Fidel usa esa estrategia imperialista, porque
en el fondo el modelo de Castro es el modelo norteamericano. Él
siempre tuvo esa rivalidad con Washington, pero adoptó
su modelo y lo combinó con elementos del leninismo, como
el aparato del partido único y del líder único.
Castro ha intentado imponer al resto de Latinoamérica el
trauma cubano de la guerra de 1898, cuando Cuba obtuvo su independencia
gracias a la intervención militar de Estados Unidos.
Según su punto
de vista ¿Cuál es el elemento ideológico
más peligroso que ha logrado filtrar Castro en Latinoamérica?
Sin duda que los más perjudicial es el modelo del
estado pretoriano, el estado en manos del Ejercito. Los militares
latinoamericanos, en general, consideran que tienen una misión
salvadora y que son los únicos que pueden hacerse cargo
del estado. Por eso el modelo cubano es perfecto para ellos. La
poca economía que hay en Cuba está en manos de los
militares; el Ministerio de Interior y el Ejército son
el verdadero estado en Cuba, las otras instancias son figurantes.
Cuando se muera Fidel hay que tomar en cuenta eso.
¿Cómo
visualiza a Cuba después de Fidel Castro?
No sé si Raúl Castro será el nuevo
hombre fuerte, porque parece que él está más
enfermo que el hermano; pero en todo caso surgirá de los
militares y del Ministerio de Interior, que son los que mantienen
un control férreo de la población. Por eso es que
me parece difícil que cuando muera Castro cambie de inmediato
la situación, porque la gente tiene el miedo sembrado.
Precisamente, a estos periodistas independientes los apresan porque
perdieron el miedo contra el régimen, y eso es inaceptable
para Castro.
¿Percibe a Néstor
Kirchner también como un exponente de esa sensatez que
expresa Lula?
Kirchner no es un líder de la misma naturaleza de
Lula. Los brasileños son mucho más sensatos que
los argentinos. Además, Lula es un sindicalista que, por
definición, sabe negociar. Es un hombre que se ha forjado
a si mismo. Eso le ha dado una gran sabiduría. Argentina
siempre ha sido un país menos sereno, aunque parece que
el equipo que está en el poder con Kirchner se inclina
menos a la sensualidad del poder y más a atender las responsabilidades.
Ha mostrado una gran capacidad para negociar con el FMI y con
Bush y eso hace pensar que va por buen camino.
Las decisiones contra
los represores de las dictaduras militares también ha favorecido
su imagen...
Bueno, eso habría que analizarlo con mayor detenimiento.
Obviamente se deben castigar a los violadores de derechos humanos,
pero de todos los bandos. Por ejemplo, en el mismo caso de Argentina:
un líder de izquierda que haya mandado a la muerte desde
Paris a muchachos para desencadenar guerras allá, mientras
ellos se quedaban aquí tranquilos, eso habría que
analizarlo. Sanaría mucho la situación. No es que
yo trate de equiparar las violaciones de los militares con las
del otro sector, pero esas también existen y eso hay que
saberlo.
Castrismo a la llanera
Al reflexionar sobre
el caso venezolano, Burgos califica a la revolución chavista
como una farsa del castrismo. Compara el discurso de Hugo Chávez
con el populismo de Jean-Marie Le Pen y descarta cualquier influencia
del primer mandatario venezolano en dirigentes importantes de
la izquierda latinoamericana.
Si se busca un
ejemplo de irracionalidad y de desequilibrio mental, habría
que nombrar el caso de Venezuela. Ese es un país que sólo
necesitaba un equilibrio mínimo administrativo para que
fuera viable; pero allí se ha desencadenado una locura
colectiva, irracional, desequilibrada, sin noción de lo
que es administración de un país moderno. Ahora
allí hay un enfrentamiento entre un mundo rural y anacrónico,
contra una población que ha llegado a la época más
moderna. Y lo que está pasando en Venezuela desde el punto
de vista institucional es muy interesante: esa guerra civil que
se está dando allí, sin armas sino a punta de ideas
desde el lado de la oposición, me parece ejemplar. Tratar
de llegar a una solución sin un enfrentamiento armado es
ejemplar. Uno se siente orgullosa de ser venezolana en estos días.
Usted comparó
el discurso de Chávez con los planteamientos de Jean-Marie
Le Pen ¿Qué pueden tener en común dos personajes
identificados con dos puntos ideológicos radicalmente contradictorios?
En Francia hay una situación, guardando las proporciones,
muy similar a la de Venezuela. Hay una crisis muy fuerte de los
partidos tradicionales. El Partido Socialista y los dirigentes
de la izquierda están en plena crisis. Le Pen hablaba en
favor al pueblo pequeño, contra las elites, con una demagogia
peligrosísima con un antiamericanismo marcado; el mismo
discurso de Chávez, que es en definitiva el discurso del
fascismo. Y en Francia el problema sigue. Ahora hay dos factores
que suben en las encuestas: la extrema izquierda por un lado,
y la hija de Le Pen, Marie, por el otro.
Algunos analistas señalan
que uno de los puntos débiles al argumentar que Chávez
es un tirano, es la libertad con la que actúan los medios
de comunicación ¿Por qué cree que Chávez
no ha desarrollado mecanismos autoritarios más efectivos
para consolidarse en el poder?
Simplemente porque no ha podido. Te lo explico con un ejemplo:
cuando el Che Guevara entró a La Habana, antes de Fidel,
comenzó a ordenar los fusilamientos contra los funcionarios
y policías del gobierno de Fulgencio Batista. En ese momento
pudieron justificar esa medida de fuerza porque había una
dictadura. Después comenzó también la represión
contra una guerrilla nacida de las mismas filas del ejército
revolucionario, en 1959, que desató una guerra contra Fidel
cuando pacto con los antiguos miembros del Partido Comunista para
darles los puestos claves del poder. Esa fue quizás la
guerrilla más intensa de Centroamérica, pero esa
guerra fue silenciada por Castro para evitar la solidaridad de
la comunidad internacional y para no manchar su imagen. Por otro
lado, en Venezuela nunca hubo una situación de dictadura
como esa para que Chávez justificara esa represión
similar. Por eso es que no pudo desarrollar mecanismos para aterrorizar
a los venezolanos y eso ha marcado su desempeño hasta ahora.
¿Cómo
define entonces el modelo político que aplica Chávez
en Venezuela?
Como decía Karl Marx, la historia cuando se repite lo hace
en forma de farsa. Chávez es una farsa del castrismo, pero
hay que estar claro en algo: Chávez puede llegar a ser
más perverso que Fidel. Porque Fidel es un hombre culto,
con nivel universitario y alguna formación intelectual;
en cambio Chávez es un engendro del Caribe, una cosa rara,
barroca. Fidel es él mismo, no tiene ningún modelo;
pero Chávez quiere copiarlo, es una persona con graves
problemas de personalidad.
¿Cuál
es la verdadera influencia tiene Chávez en el liderazgo
de la izquierda latinoamericana?
En general no veo ninguna, con la excepción de ciertos
dirigentes como Evo Morales en Bolivia, quien está fascinado
con Chávez porque le da status. De hecho, yo visité
La Paz recientemente y allá se dice que Evo Morales tiene
su oficina y despacha desde Caracas, porque en Bolivia corre peligro
de muerte. Chávez despierta solidaridad en algunos estratos
de la población, en los indígenas; pero no en la
izquierda latinoamericana, que tiene cierto nivel intelectual
y que, a pesar de haber cometido muchos errores, no se deja impresionar.
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