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Los hijos del enemigo
( II Parte )
Por Norberto Fuentes
Descripción del método empleado por Fidel Castro
para cometer un asesinato en masa y salir airoso del episodio

 


iii. La Habana no se entrega

El día 13 de julio se produce el hundimiento del remolcador 13 de marzo, a 7 millas al norte del Puerto de La Habana, en el que pierden la vida alrededor de 40 personas (cerca de la mitad niños), quedando 30 sobrevivientes. La embarcación había sido substraída por el grupo con la intención de abandonar ilegalmente la Isla. Las autoridades afirman que la causa fue un choque accidental con otro remolcador persecutor, pero algunos sobrevivientes acusan que la embarcación fue hundida intencionalmente y que además muchos murieron por falta de auxilio.

El día 26 de julio las autoridades informan que un grupo secuestró una lancha de las que transportan pasajeros de una a otra orilla del Puerto de La Habana. No se impide el secuestro y se limitan a escoltar la embarcación. A 32 millas de Cuba un guardacostas norteamericano, avisado previamente por las propias autoridades cubanas, recoge a 15 de los 30 pasajeros, que pidieron ser llevados a territorio de Estados Unidos.

El día 3 de agosto se produce un nuevo secuestro de otra lancha, de manera parecida a la primera, que logra su propósito. Poco después es secuestrada nuevamente otra lancha (esta última queda a la deriva a 12 millas de la costa, por falta de combustible), siendo remolcada de regreso hacia el Puerto de La Habana, con todos sus ocupantes.

De esta manera, el día 4 de agosto, animados por la excepcional actitud tolerante de las autoridades, cientos de personas deseosas de abandonar el país comienzan a congregarse pacíficamente a lo largo del Malecón, con la esperanza de tomar una de las lanchas o de que se produzca una salida masiva tipo Mariel. En horas de la noche es ya notable la cantidad de personas congregadas, muchas de las cuales duermen en el lugar.

Durante las horas de la noche del jueves 4 y de la mañana del viernes 5, comienza a difundirse rápidamente por La Habana la "bola" de que está a punto de producirse un nuevo Mariel, esta vez por el Malecón, rumor reforzado por la "vista gorda" de las autoridades ante la concentración de personas en ese sitio. Muchas personas acuden al lugar con todo tipo de artefacto individual capaz de flotar, para, llegado el caso, lanzarse al agua y ser de los primeros en abordar las ansiadas embarcaciones que los llevarían al norte. Un militante del partido habla de que vio a dos grupos de jóvenes (alrededor de 50), a las 8 de la mañana de ese día 5, en la Víbora (15 kilómetros al sur del Malecón), con jolongos y mochilas, caminando de excursión hacia la costa, para ver si se "formaba algo" y se podían ir del país.

Al final de la mañana la concentración de personas en el Malecón, desde la Alameda de Paula hasta el Hotel Riviera parece haber alcanzado un cierto "valor crítico". Hay que entender lo insólito de la situación: un agrupamiento de varios miles de personas, desafectas al régimen, durante decenas de horas y en el corazón de La Habana. Algo sin precedentes.

Después del mediodía, con los posibles factores exasperantes de hambre, calor, sol e incertidumbre, se comienzan a producir alteraciones. Los más sobresaltados gritan consignas contra el gobierno y agitan a una aglomeración humana óptima para la sublevación.

La masa fermenta y se produce la revuelta. Miles de manifestantes, en su mayoría jóvenes de los sectores más humildes, pero no necesariamente antisociales (aunque estos hayan participado y se hayan aprovechado), corren por las calles aledañas al Malecón, principalmente en la zona limitada por las calles: Galiano al este, Belascoaín al oeste y Reina al sur, poco más de un kilómetro cuadrado (ver mapa adjunto). Al paso se van sumando gentes. Un testigo afirma que, recorriendo la calle San Lázaro, en cada una de las calles transversales veía lo mismo, compactas manifestaciones.

Entre las 3 y las 4 de la tarde de ese viernes 5 se produce el clímax. Muchos miles de manifestantes al unísono, espontáneamente, sin líderes, sin propósito fijo, corren por las calles principales de Centro Habana, rompiendo vidrieras con palos y piedras, gritando consignas exclusivamente políticas contra la revolución: ¡Abajo Fidel Castro!, ¡Abajo el socialismo!, ¡Libertad!, ¡Basta ya!.

Se rompen vidrieras de comercios, también en lugares de acceso por divisas: tienda "La Filosofía", antigua tienda "Miami", "Hotel Deauville". Hay saqueo de establecimientos. Durante varias horas los manifestantes fueron dueños de las calles de esa zona, ante la mirada del resto de la población, que en ningún modo actuaron contra ellos. Los "Comités de Defensa de la Revolución" no dieron la cara.

Los manifestantes contaron con la simpatía de la población, quien desde balcones y azoteas, gritaba y arrojaba objetos contra la Policía y la porra. Un testigo afirma haber visto ser atacados a las 4:45 en la calle Reina, desde las azoteas, más de un centenar de policías en formación.

Un simpatizante de la revolución, persona seria que trabaja en un destacado cargo administrativo en la zona donde ocurrió el incidente, probablemente repitiendo una versión adelantada del Partido, dijo que en total participaron 20,000 (cálculo no público de las autoridades, que los disidentes elevan hasta 50,000), y que fue algo preparado por agitadores políticos profesionales, quienes pagaron a elementos antisociales para que iniciaran la protesta. Que además todos los participantes eran elementos "lumpen", muy abundantes en esa zona.

Hay que destacar que las condiciones de vida en esa zona y muchas otras de La Habana son pésimas por el hacinamiento (municipios de Habana Vieja y Centro Habana, con una densidad de población que supera la de algunas de las ciudades más pobladas del mundo), alto índice de desempleo, falta de agua, luz y gas. La población de 15 a 40 años casi siempre está en la calle, en grupos.

Las autoridades reaccionan... con algún retraso. En estos momentos deben estar rodando cabezas por no haber atajado el río antes de salir de cauce. Llegan las tropas antimotines fuertemente armadas, vistas por primera vez en público, con jeeps portando ametralladoras de trípode y cinta y los militares con uniformes especiales. También la policía. Vuelan helicópteros por la zona y aparece la porra vestida de civil, agentes de seguridad disfrazados de contingentes laborales.

La táctica para sofocar los disturbios fue tomar las calles Malecón, Belascoaín, Galiano y Reina, para rodear la zona en conflicto e ir limpiando hacia adentro. Se dio prioridad a la defensa del Hotel Deauville, donde había turistas. Un observador cuenta lo que vio por la calle Galiano: la gente del gobierno avanza en formación por la calle a encontrarse con los manifestantes. En primera fila, "civiles de la Blas Roca", detrás la Policía Nacional Revolucionaria, por último las tropas antimotines en carros artillados. Se oyen muchos disparos. Se producen choques, con una tendencia cada vez mayor a la dispersión de los manifestantes.

El gobierno ha subrayado demasiado la participación de la "Brigada Blas Roca Calderío", dándole carácter omnipresente. Testigos oculares observaron la llegada de camiones con hombres vistiendo pullovers de esa brigada, pero completamente nuevos, acabados de sacar de sus cajas. Fuerzas especializadas en la lucha cuerpo a cuerpo (con cuarteles en el Bosque de La Habana y Mulgoba), con una complexión física extraordinaria y distinta al trabajador típico de la construcción, simularan ser obreros de esos "contingentes".

De todas maneras, el mismo énfasis en el papel jugado por esas fuerzas traídas en camiones hacia el lugar de los hechos, evidencia que el dispositivo que el gobierno ha preparado durante años para cada lugar, las Brigadas de Respuesta Rápida, o no funcionaron o fueron incapaces de parar a los manifestantes.

Los detenidos fueron golpeados salvajemente. Se reporta que han sido presos algunos defensores de los derechos humanos que no participaron en los hechos.

Al otro día amaneció la zona en estado de sitio, con decenas de camiones de transporte de tropas en puntos claves y miles policías y veladores del orden vestidos de civil. Se vio repartir ron entre ellos.

Fuentes médicas afirman que de los amotinados hay casi 300 heridos, 17 de ellos de bala y 3 muertos (consta que el administrador del SuperMercado "Oso Blanco", en Galiano y San José, fue herido de bala en la ingle, y actualmente se encuentra en estado grave en el Ameijerias). El gobierno ha silenciado las cifras de detenidos, heridos y no ha informado de ningún muerto. Solo ha entrevistado un par de heridos de su parte y reportó un policía fallecido. La versión oficial de esa muerte ha sido oscura y contradictoria: el gobierno necesitaba un mártir con fines propagandísticos.

La cobertura de los hechos por la prensa nacional de los hechos fue absolutamente (como siempre) tendenciosa. Nunca se presentaron imágenes de la demostración masiva, ni de la brutal represión que siguió a esta. Pero si de actos de calle organizados posteriormente, donde aparece "el pueblo", siempre con los vacíos secuestrados por los camarógrafos, verdaderos magos en el arte de aparecer a un grupito como una multitud.

El acto en la Plaza de la Revolución para despedir al nuevo mártir fue de escasa asistencia. Un experto calculó 20,000 personas, como límite superior. La locutora de la TV anunció que habían pasado frente al féretro más de medio millón de personas. El cuidadoso cálculo de un ingeniero arrojó que para que eso fuese cierto, la velocidad de paso frente al cadáver tenía que haber sido de 13 personas por segundo.

Se dice que en horas de la tarde, después de controlada la situación, distintos puntos de la ciudad fueron baleados desde autos: dos estaciones de policía del Vedado, un punto de guardafronteras en la boca del río Almendares y la Asamblea Nacional del Poder Popular. Hay el rumor de que se produjeron incidentes menores en La Lisa y Marianao y otros puntos de la capital.

Para quienes conocen los métodos de Fidel Castro en su más de tres décadas en el poder, siempre presididos por el engaño, la manipulación y la tendencia a resolver las crisis por la violencia, es transparente que el "secuestro" de las lanchas fue preparado por él con varios propósitos:

Servir de contrapeso al hundimiento del remolcador, por el cual ha sido acusado de genocidio, "demostrando" ante la opinión pública la naturaleza terrorista de quienes secuestran embarcaciones para evadir la Isla.

Realizar una prueba de la respuesta del gobierno demócrata de los Estados Unidos, aparentemente tan indeciso por su actuación en los últimos acontecimientos internacionales, especialmente Haití, para, en caso de debilidad de éste, provocar un éxodo masivo estilo Mariel, válvula de escape a la explosiva situación en la Isla.

Desplazar el foco de atención, de los problemas económicos internos hacia un una confrontación fabricada con el "enemigo imperialista", pretexto que tan buen resultado le ha dado siempre.

Sin embargo, a pesar del enorme cuidado que el gobierno debe haber puesto en la operación para que la situación no saliera de control, una apreciación optimista hizo que se le fuera de las manos, con el desenlace descrito, muy perjudicial para el gobierno en cuanto a la imagen proyectada, y en particular por la eventual disminución del turismo hacia la Isla, una de las principales esperanzas económicas del régimen.

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iv. El Dunquerke de los pobres
1
Muy poco distinguió, hasta hace poco, al régimen autoritario de La Habana del resto de sus ex-congéneres del Este en el enfoque migratorio. Durante décadas se ha violado sistemáticamente el Artículo 13, inciso 2, de la Declaración de Derechos Humanos: «Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país». La emigración de un cubano del territorio nacional durante el período comunista siempre ha sido un proceso discriminatorio, largo, humillante, arriesgado, incierto, costoso y definitivo, donde el estado se abroga hasta el derecho de quedarse con todos los bienes materiales del emigrante. Esa limitación, la constatación práctica del progreso material y espiritual de los que emigran de Cuba, y la convicción generalizada de los inconformes con el régimen de que nada se puede hacer para cambiar la situación, ha convertido a muchos cubanos en emigrantes potenciales.

Por la imposibilidad o dificultad de emigrar legalmente, y a riesgo de sus propias vidas, muchos han optado por cruzar el estrecho de la Florida en rudimentarias embarcaciones, en su mayoría construidas artesanalmente. Durante los últimos años han llegado a territorio norteamericano por esta vía, un promedio de 3,000 personas al año. Las autoridades cubanas siempre persiguieron la emigración clandestina con distinta dureza según la época (desde varios años de cárcel por el intento, durante décadas, hasta multa, desde hace aproximadamente un año). Estadísticas subjetivas de la oposición afirman que por cada dos que llegan a las costas de la Florida uno muere en el intento, lo que arrojaría una enorme cantidad de víctimas. El gobierno cubano, único conocedor exacto de esas estadísticas (por conteo de desaparecidos), jamás ha dado la menor información pública al respecto.

La extrema penuria material y la posibilidad cada vez más probable de un Armagedón, incrementó a niveles extremos las salidas ilegales este año. Una innegable desmoralización, cuando no un cambio de casaca de personas del gobierno con la responsabilidad de cuidar barcos y aviones, hicieron crecer el secuestro de esas naves a un nivel que evidenciaba una pérdida de control del gobierno sobre la situación. Esa fuga masiva y la teoría de medios oficiales sobre la conveniencia de una sangría de los elementos que hubieren alcanzado mayor energía, parece que hicieron a las altas esferas organizar una crisis espontánea que condujera a una salida masiva relativamente ordenada hacia territorio de los Estados Unidos.

La crisis de los balseros comenzó el día 13 de julio pasado, con el hundimiento del remolcador «13 de Marzo» a siete millas de La Habana, secuestrado por 70 personas, de las cuales murieron ahogadas más de la mitad.

Poco después el gobierno cubano anunciaría que «no cuidaría más las costas de los Estados Unidos», provocando un éxodo masivo (23,000 hasta el momento) en frágiles embarcaciones, en un tiempo menor de un mes.

En 1966 el Congreso norteamericano aprobó la llamada Ley de ajuste cubano del 66, que privilegia a los cubanos a no ser deportados si llegan a territorio norteamericano y piden asilo político. Con esto se daba legalidad, en favor de los cubanos, a una práctica extendida en los países occidentales democráticos en época de la guerra fría: acoger a todos los ciudadanos que huían del comunismo, no importaba desde dónde y hacia dónde huyeran.

Durante muchos años las reglas del juego han sido: los norteamericanos acogen a los cubanos que huyen y exponen el hecho como una comprobación de rechazo al régimen y de falta de libertad por no poder abandonar Cuba legalmente. El gobierno de Cuba, por su parte, acusa a Estados Unidos por acoger como héroes a «delincuentes» y «antisociales», mientras castiga desproporcionadamente los intentos de salidas ilegales. Desde hace años el gobierno cubano acusa adicionalmente al norteamericano de estimular las salidas ilegales otorgando pocas visas para la emigración legal.

El gobierno cubano también viene acusando a los Estados Unidos de no cumplir los acuerdos migratorios de 1986, en el cual se comprometieron a dar 20,000 visas anuales a emigrantes cubanos. La cantidad de visas aprobadas por la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba ha ido disminuyendo con los años, hasta poco más de mil últimamente, quizás por la voluntad norteamericana de cerrar la «olla de presión». También es verdad que miles de cubanos han seguido emigrando ilegalmente a Estados Unidos, bien atravesando aventureramente el Estrecho de la Florida, bien quedándose (alrededor de un 10%) en los viajes de visitas a sus familiares en Estados Unidos. Esta emigración la pudiera entender la parte norteamericana como parte de la «cuota». Los viajes a familiares, resultados de acuerdos migratorios entre los dos países, y para los cuales el gobierno de Cuba ha venido dando cada vez mayores facilidades (aunque sin perder sobre cada autorización un estricto control), los utiliza principalmente como fuente de divisas, así como, quizás, para mantener alguna esperanza viva en el pueblo.

De pronto, insólitamente, la situación se invierte en el mes de agosto: el gobierno cubano no solo permite, sino que estimula las salidas ilegales, mientras las autoridades norteamericanas tratan de impedirlas, bajo la contradicción de tener la «ley de ajuste del 66» y la presión de un poderoso exilio cubano en la Florida que nunca aceptará que los cubanos sean devueltos a la Isla.

Los norteamericanos, parece que utilizando la misma lógica que el régimen cubano, pero a la inversa, no quiere permitir «una válvula de escape», una emigración que afloje la crisis cubana actual, quizás con la esperanza de una explosión social. Esta situación parece haber sorprendido sin una estrategia adecuada al círculo de poder norteamericano, quien debe haber reaccionado bajo presión de los elementos más «duros» del poderoso exilio cubano. No pudiendo parar como quisieran el flujo migratorio, devolviendo a los cubanos a la Isla, han optado por llevar a los balseros a «campos de concentración»: base naval norteamericana de Guantánamo, en Cuba, y Krome, en la Florida. También han pedido a países de la zona, que admitan cierta cantidad de cubanos. Así México y otros países han aceptado, o están por aceptar, el recibir a cubanos con familia en esos países. Además, Estados Unidos está preparando lugares de concentración en otros países, principalmente Panamá. La sorpresa del gobierno de los Estados Unidos fue que la medida resultó completamente ineficaz para detener la frenética huida en balsas.

Existe preocupación por la situación explosiva que pudiera representar el tener decenas de miles de refugiados cubanos en la Base Naval de Guantánamo. Esta base siempre ha sido un punto muy delicado en el diferendo Cuba-Estados Unidos. Desde hace mucho Cuba reclama la devolución de la Base, y Estados Unidos se niega a ello, basándose en razones jurídicas (duración del contrato). En la Habana no se conoce exactamente la situación en la Base y sus alrededores.

El gobierno de Cuba, que durante décadas minimizó la importancia del fenómeno de la emigración, calificándola abiertamente de emigración política, en expresiones como: «traidores que corren a lamer la bota del amo imperialista», ahora ofrece una interpretación económica, conceptuándola como «de igual a la de otros países como México, Santo Domingo o Haití». El gobierno cubano ha pasado a explicar que la gente huye precisamente del bloqueo imperialista, causante principal de la pésima situación económica. Esa lógica es absurda al menos por tres razones:

Los que huyen lo hacen precisamente hacia el país victimario, atribuyéndoseles una total carencia de ética. Sería como si los ciudadanos de Leningrado, durante el bloqueo, hubiesen querido huir hacia Berlín durante la II Guerra Mundial.

Ninguna emigración económica, con las que pretende comparar la cubana, se hace a un altísimo riesgo de la propia vida.

Ahora los cubanos van a parar a campos de concentración y, aún así, continúan yéndose. Difícilmente pueda concebirse que estarán mejor económicamente en un campo de concentración que en sus hogares.

La imagen, transmitida generosamente por el mundo, de la «crisis de los balseros», conspira contra el desenvolvimiento económico, en particular del turismo e inversiones extranjeras, agudizando todavía más la crisis económica.

2
En una estampida que en los últimos días se ha estabilizado en un promedio de 1,000 personas diarias, se lanzan al mar elementos principalmente jóvenes (algunos de las comunidades católicas), en una aventura cuya probabilidad de muerte algunos juzgan aproximadamente igual al del juego de la «ruleta rusa». Familiares, amigos y curiosos, despiden a los balseros en las playas en un clima de profunda tristeza e impotencia, en un cuadro nunca antes visto en Cuba: un grupo de cubanos donde nadie diga un chiste.

Esta histeria cuasi-suicida, a veces con niños pequeños, mujeres embarazadas y ancianos a bordo, es un comportamiento francamente irresponsable, al no haber en Cuba ninguna guerra civil, hambruna o extrema situación sanitaria que pueda justificarla. Es, ante todo, independientemente de las penurias materiales y la falta de libertad, consecuencia de la desesperanza en la que ha caído el pueblo, el cual no vislumbra «la luz al final del túnel». Cada quién concibe, para su caso particular, como única solución la de escapar, y algunos de los que no tienen posibilidad de hacerlo legalmente, recurren al mar.

En lo que va de año, 30,000 personas han cruzado el estrecho de la Florida. Los cálculos más discretos indican que hay cientos, y quizás miles, de muertos: la peor tragedia a la que se ha enfrentado jamás el pueblo cubano.

El gobierno cubano en su prensa, y hasta en las numerosas y largas comparecencias de su presidente sobre la crisis, omite paladinamente cualquier referencia a esta tragedia nacional. Los que mueren alcanzan con el gesto previo de querer abandonar la Isla la categoría de «no-persona». El gobierno cubano contradice así, en la práctica, las declaraciones de que sólo se trata de emigrantes económicos, para los cuales al menos podía haber tenido un poco de compasión.

Un ejemplo del desinterés del gobierno por todo este sufrimiento humano es que no ha publicado las listas de rescatados dadas a conocer por las autoridades norteamericanas, en gesto de indiferencia total por la desesperación de los familiares de los balseros. Tampoco informa de los cuerpos sin vida recuperados.

La Iglesia, por boca de sus Obispos, ha instado en varias ocasiones al pueblo a que no utilice la solución individual de irse de Cuba para resolver sus problemas, sino que utilice y reclame espacios para su participación ciudadana. En particular el «Llamamiento» de los Obispos cubanos del pasado 24 de agosto expresa su consternación por los naufragios, y califica de desesperada e irreflexiva la decisión de lanzarse al mar.

Tres aspectos se evidenciaban antes de que se tomaran los primeros acuerdos de las conversaciones ntre lo Estados Unidos y Cuba obligadas por la crisis de los balseros:

El interés del gobierno de Cuba de discutir, más allá de los problemas migratorios, las relaciones entre los dos estados, principalmente el embargo de Estados Unidos a Cuba. Contrasta con esta posición las declaraciones del gobierno de los Estados Unidos de que sólo aceptará considerar durante las conversaciones, aspectos migratorios.

El aparente forcejeo entre las partes por la cantidad de cubanos emigrantes que Estados Unidos permitiría de ahora en adelante. Esto socava el crédito internacional de la revolución cubana, quien en un gesto sin precedentes, mendiga cuotas de emigrantes a un país «enemigo».

Pesimismo, en el Cuerpo Diplomático acreditado en La Habana, en relación con las conversaciones. Ninguna de las partes parece dispuesta a ceder.

Desafortunadamente la crisis de los balseros ha conducido a una radicalización de las posiciones en conflicto, en detrimento de los enfoques moderados. Parece ser que a mayores extremos, también mayor sería la probabilidad de que el caso cubano termine con una intervención de los Estados Unidos. En particular, algunos diplomáticos en Cuba han llegado a manifestar su preocupación de que Estados Unidos quieran dar jaque mate a la revolución de una manera violenta.

3
Queda un remanente de oscuros manejos, sin embargo. Aún queda material para el record. Un verano de muchos secuestros y contrasecuestros. De enrarecidas notas del Ministerio del Interior. Hay una aparecida en Granma el 29 de julio de 1994. Otra lancha

Es improbable que a trece días del acontecimiento del remolcador que costó la vida a cerca de 40 personas, alguien vaya a arriesgarse, en el mismo puerto de la Habana donde ocurrió el incidente, a un secuestro armado. Los secuestros armados son rarísimos en personas que quieren escapar hacia EUA.

Es muy improbable que secuestradores de embarcaciones cubanos que pretenden llegar a EUA tomen rehenes civiles, gente que no sean los custodios de la nave.

¿Porqué no los detuvieron? Se conoce que el Ministerio del Interior nunca se ha dejado chantajear por ningún secuestrador. Ni siquiera cuando peligra la vida de niños, mujeres o diplomáticos extranjeros. Siempre se ha tomado como una cuestión de principios, en la que está en juego la firmeza de la revolución, no ceder ante un chantaje o presión del enemigo.

Es inusual que el gobierno publique noticias acerca de embarcaciones que se secuestran y llevan a EUA. Ese tipo de hecho generalmente se deja pasar en silencio y hay que enterarse por la prensa extranjera. Solo mucho después, si hay escándalo, se escribe una nota.

En la Nota de prensa del Ministerio del Interior hay una incongruencia en el número de implicados en este nuevo evento. Había 34 personas en el barco al iniciarse el secuestro y solo se da explicación sobre 30 de ellos. Radio Martí confirmó esta mañana que el número de personas rescatadas fue de 15.

Por todas estas razones parece ser un incidente preparado por la Seguridad del Estado (medida activa) para contrarrestar el impacto que en la opinión pública y en las organizaciones internacionales ha provocado el hundimiento del transbordador, máxime cuando hay la pretensión de llevar el incidente al Consejo de Seguridad de las ONU.

Un incidente de esta índole, provocado, tendría que cumplir varios requisitos:

No debía haber heridos ni muertos, pero los secuestradores debían mostrar su salvajismo. Esto se consiguió «amenazando con matar a una joven de 17 años» y lanzando al agua a dos personas, una de ellas a tres millas de la costa. No se reporta siquiera de que alguien haya tragado agua. Probablemente a estas «víctimas» las entrevisten por televisión (los tirados al agua deben ser excelentes nadadores).

Los secuestradores debían estar armados.

Debía haber pruebas. Extañamente no tiraron las armas al agua justo antes de ser rescatados por el guardacostas de los Estados Unidos. Además de criminales son tontos. Los secuestradores entregaron sus armas a la tripulación del guardacostas, quienes las devolvieron a los que regresaban: «tuvieron en sus propias manos las pruebas del hecho».

La mayoría de los pasajeros deciden regresar a la patria.

4
El 5 de agosto, inmediatamente después de las manifestaciones populares, el Comandante en Jefe declaró en forma terminante: «Si Estados Unidos no toma medidas rápidas y eficientes para que cese el estímulo a las salidas ilegales del país, entonces nosotros nos sentiremos en el deber de darles instrucciones a los guardafronteras de que no obstaculicen ninguna embarcación que quiera salir de Cuba, no voy a decir que barcos secuestrados. Tendremos que darles instrucciones a los guardafronteras de no obstaculizar la salida de embarcaciones que quieran viajar a Estados unidos y de no obstaculizar la salida de embarcaciones que quieran venir de Estados Unidos a recoger aquí a familiares o ciudadanos cubanos».

Horas más tarde viajó a Colombia, a la toma de posesión del nuevo presidente de ese país. En la despedida del duelo del suboficial Gabriel Lamoth, se ratificaron las demanda del Comandante. Pero los días en Colombia permitieron a este reflexionar más sobre la situación en Cuba.

Regresó al país el lunes 8 y el martes 9 Granma publica en primera plana un artículo sin firma, aunque tampoco en forma de editorial, y el artículo de una periodista bajo el título de «Compraron pescado y le cogieron miedo a los ojos».

La fanfarronería del día 5 había desaparecido de esos trabajos periodísticos para dar paso a la acostumbrada y vacía retórica, en medio de la cual se pasa un mensaje, dentro del primero de ello, a los comunistas, los revolucionarios y los patriotas: «debemos sacar de los acontecimientos de estos días, de las reflexiones del Comandante en Jefe y del Ministro de las FAR todas las lecciones, por duras que sean, que de ellos se deriven, y lo revirtamos en favor del objeto supremo que nos une, que nos ha hecho llegar hasta aquí y permitido a nuestro país rutilar en el firmamento de este mundo unipolar convulso», mensaje que, para evitar dudas, se reitera: «A nadie escapa la trascendencia de los sucesos del viernes pasado en varios lugares del Centro de la Capital del país, ni de los factores externos que los condicionaron y promovieron, ni de los intereses que pudieron predisponerlos».

En «Compraron pescado...», luego de citar a algunos funcionarios federales y miamenses, e incluso a J.M.C. cuando llama al exilio cubano a evitar cualquier estampida de barco rumbo a Cuba en busca de familiares, la periodista da por sentado que esas declaraciones constituyen la aceptación por Estados Unidos de las condiciones del Comandante en Jefe: «Todas estas declaraciones, estos llamados a la calma hechos ahora por desesperación desde Estados Unidos no se corresponden con la tradicional política norteamericana de estimular la violencia y la ilegalidad. ¿Donde están ahora los alabarderos de la propaganda yanqui que por medio de la radio enemiga instan a la desestabilización contra la revolución? Fueron por lana y salieron trasquilados?» Y más adelante: «los sucesos del pasado 5 de agosto revelaron que toda regla tiene su excepción: aquella que a río revuelto ganancia de pescadores no les salió bien a quienes en Washington insisten en bloquear, agredir y desestabilizar a Cuba».

Lo cierto es que después de los sucesos del viernes 5 el éxodo de cubanos hacia Estados Unidos continúa: un avión de fumigación llegó a Estados Unidos con unas 5 personas pertenecientes a la misma familia, más de 200 personas fueron recogidas en balsa en el estrecho de la Florida y fue secuestrado un barco de ferrocemento al servicio de la Marina de Guerra, en cuya acción pereció un teniente de navío.

Parecía que el Comandante en Jefe contaba con nuevos pretextos para abrir definitivamente las costas a la fuga en masa de los cubanos.

El jueves 11 a eso de las 6 de la tarde, se anuncia que el Comandante se dirigirá a las 11 de la noche a todo el país. Las conjeturas se multiplican y no son pocos los que piensan que llegó la hora de un nuevo Mariel.

Muy pronto el Comandante se encargó de decepcionar a todos los que llenaban jabas y buscaban palos para construir las balsas que los llevarían a Estados Unidos. Se presentó suave y bajito de sal. Ni una sola palabra que reiterara su amenaza de abrir las costas, pese a que contaba con un oficial muerto en circunstancias mucho más claras que las que envolvieron la muerte del suboficial de la policía, y con evidencia de que las autoridades norteamericanas seguían recibiendo a quienes abandonaban ilegalmente el país. Muy de pasada dijo que se habían llevado un avión, lo que solo sabían los que escuchaban Radio Martí, pues la prensa, a diferencia del secuestro de las lanchas, nada publicó.

La operación destinada a crear un nuevo Mariel había fracasado. El Comandante se apresuró a dar marcha atrás, como ya se intuia de una lectura adecuada del Granma de días anteriores. ¿Qué fue lo que provocó ese viraje?

En primer lugar, las firmes declaraciones del gobierno norteamericano en el sentido de que no permitiría un nuevo éxodo masivo hacia Estados Unidos, sobre todo mediante la recogida de cubanos por embarcaciones provenientes de esepaís, aunque fuera necesario llegar hasta el bloqueo naval de la Isla.

La firmeza del gobierno norteamericano y la postura responsable del exilio cubano hicieron fracasar el principal propósito del comandante: provocar un arribo masivo de embarcaciones de cubanos exilados a las costas cubanas con todos los problemas que de ello se derivan para los Estados Unidos. El Comandante perdió así la principal carta de triunfo que acariciaba entre sus manos.

Decidió entonces que era mejor no jugar otro de sus naipes: la apertura de las costas para todo el que quisiera emigrar. Esto hubiera provocado la desestabilización total del país. No estamos en 1980, cuando la situación económica era mucho mejor que la actual y el gobierno tenía un control más férreo sobre los acontecimientos. La retirada de la vigilancia costera indudablemente provocaría una precipitada carrera hacia el litoral norte de varios cientos de miles de personas en busca de cualquier artefacto flotante en que abandonar la Isla. Incidentes como el del Malecón habanero podrían repetirse con facilidad, aunque a una escala muy superior y con desenlaces imposibles de predecir.

Tampoco en 1980 existían inversiones extranjeras en Cuba. Un caos de esa magnitud afectaría en primer lugar a la industria turística, donde se concentra el mayor monto del capital foráneo y una de las que más contribuye a los ingresos en divisas. Si en otras ocasiones el Comandante adoptaba decisiones políticas sin importarle sus consecuencia económicas, ahora no estaba en condiciones de hacerlo. A la brusca disminución del número de turistas que desistirían de visitar a Cuba se le uniría la desorganización de las empresas turísticas ante la fuga de muchos de sus empleados.

Pero el Comandante no es de los que se retiran del juego que organiza sin luchar hasta el final. Sacó de la manga de su chaqueta militar un modestísimo dos de bastos: su declaración con voz pausada de que «el instrumento principal con que Estados Unidos compulsa la emigración masiva de Cuba es el criminal bloqueo». Si esta jugada no podía ayudarlo a ganar la partida ya perdida, por lo menos le serviría para engrosar su saco de diatribas contra el vecino del norte. Su contenido lo vertería sobre una mesa de juego más propicia: la reunión de noviembre con los elementos «políticamente correctos» solidarios de Cuba, su respuesta a la reunión de Miami organizada por los Estados Unidos de la que ha sido excluido.

5
El viernes 5 de agosto, pasadas las 11 de la noche, el Comandante informa que «en esta última lancha hubo ya víctimas mortales: un policía fue asesinado y lanzado al agua. Hay otro del que no hay noticias, pero se dice que le hicieron un disparo en el abdomen, no hemos encontrado el cadáver, hay la posibilidad de que sean dos». Se refería a la lancha «Baracoa», que presta servicios en la bahía habanera, y que había sido utilizada por varias personas para abandonar el país el día anterior.

Más adelante, en el curso de esa comparecencia, la periodista Rosalía Arnáes le siguió la rima al Comandante: «es una provocación, una burla, evidentemente, que reciban incluso a asesinos, homicidas, que son, por ejemplo, los que usted acaba de informar que dieron muerte a un policía nuestro, que hirieron a otro que quizás también fallezca...» Cuando el Comandante se refiere a la mencionada embarcación, el moderador afirma: «Y van los asesinos ahí», a lo que el Comandante responde: «Van los asesinos».

El domingo 7, Juventud Rebelde publica otra versión. Bajo el título «Yo capturé a un asesino», el ciudadano Alberto Eduardo Martín cuenta el incidente de la «Baracoa». Estando en el embarcadero siente un disparo y se percata que tres personas, entre ellas un policía, forcejaban con otra que tenía una pistola en la mano. Después de tomar un auto y meterse en el muelle rescata del mar a dos personas, una de las cuales le advierte que detrás viene otra con una pistola que le «quitó a un policía herido». Eduardo logra por fin inmovilizar a este último individuo y le quita a su vez la pistola. Afirma entonces de manera rotunda que «todo el mundo es testigo que ese tipo que yo capturé es un asesino». En su entrevista se refiere también al «policía, a quien, desgraciadamente, después saqué ahogado».

Además de lo increíble de la hazaña del joven Alberto Eduardo, sus declaraciones difieren de lo que el Comandante dijo por televisión con tiempo suficiente (más de 30 horas después de ocurrido el incidente) para conocer todos los detalles: en una versión los asesinos escapan hacia Estados Unidos, mientras que en otra el asesino es capturado por un ciudadano. El comandante aseveró que el suboficial «fue asesinado y lanzado al agua». Alberto Eduardo dice que lo sacó ahogado y en ningún momento menciona que estaba herido de bala.

Como vimos, éste declaró también que la segunda persona que rescató le había manifestado que «ese que viene atrás tiene una pistola y fue quien se la quitó al policía herido». Es decir, que el supuesto asesino no hizo más que apropiarse de la pistola de quien ya había sido herido. Pero según él mismo primero oye un disparo y después ve un forcejeo en el que participa el policía, lo que hace difícil pensar que estuviera herido.

¿Quién ultimó o hirió entonces al suboficial de la policía? ¿Se habría herido él mismo en medio del forcejeo? Caería al mar accidentalmente y no sabía nadar? ¿Se lanzaría al agua con la esperanza de ser rescatado?

En definitiva la «Baracoa» no pudo llegar a las costas de Estados Unidos por falta de combustible. Fue capturada por un guardacostas cubano que la trajo de regreso a Cuba. Aun quienes se habían percatado de las evidentes discrepancias y contradicciones de las versiones de los hechos, pensaron que quizás ahora se aclararían los enigmas de cómo murió el policía y dónde se encontraba el desaparecido, pues los presuntos asesinos, según todas las versiones, se encontraban ya en manos de las autoridades cubanas.

Pero el hecho de que la prensa escrita, radial y televisiva no mostrara en ningún momento a los asesinos, que eliminara de las informaciones cualquier referencia al desaparecido (se rumora que también quiso abandonar el país y se encuentra preso en Cuba luego que la Baracoa fue capturada), y que nunca ofreciera detalle alguno de las circunstancias en que murió el suboficial Gabriel Lamoth, no hizo más que multiplicar las dudas sobre los acontecimientos.

Muchos no consiguen explicarse que una prensa estrictamente controlada como la cubana publicara versiones tan opuestas de los hechos. Pero durante los días siguientes a los disturbios del viernes 5, la prensa cubana bombardeó a la población con todo tipo de manipulaciones de los hechos, con el objetivo preciso de fomentar la indignación y dirigirla contra el «imperialismo yanqui y sus agentes en Cuba» que supuestamente los promovieron, los que, por cierto, nunca fueron presentados ante las cámaras de TV.

Nada hay más útil que un muerto para conseguir esos propósitos. En la carrera para conmover a la población con otro «crimen» de los enemigos de la revolución las discrepancias entre las versiones salieron a flote.

En definitiva, las ondas de radio y TV se las lleva el viento y los periódicos, en el caso de Cuba, toman un camino menos poético.

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Aportes al genocidio
El 6 de julio de 1980, el barco de río «XX Aniversario» salió del centro turístico Canímar Abajo, situado en las márgenes del río Canímar, en Matanzas, con más de 60 pasajeros. Sergio Aguila Yanes, de 19 años, sargento en el ejército cubano, reclutó a su hermano menor Silvio y a sus amigos Roberto y Humberto, y juntos habían planeado la fuga. Cuando el barco se alejó de los muelles, sacaron sus armas e intentaron tomar por sorpresa a los guardias. No pudieron y cuando uno de los guardias sacó la pistola, Sergio disparó primero y lo hirió. Pronto el barco estuvo bajo control de los muchachos, que ordenaron a su capitán que se desviara hacia hacia los Estados Unidos.

El informe del tiroteo no tardó en llegar a Julián Rizo Alvarez, primer secretario del Partido en Matanzas, que inmediatamente convirtió un restaurante local en puesto de mando con teléfonos directos a la oficina central del Partido y a Fidel Castro, que le dio órdenes explícitas de que no se podía permitir que el barco se escapara. Fidel Castro subrayó a Rizo Alvarez «que pase lo que pase». Rizo despachó enseguida varias lanchas torpederas para que detuvieran el «XX Aniversario». Los barcos de guerra, más pequeños y más rápidos, se acercaron al barco e insistieron en que pararan y regresaran a Cuba. Los muchachos decidieron no obedecer las demandas del gobierno y siguieron hacia el norte. Después de que le notificaron por radio que las torpederas no podrían detener al «XX Aniversario», Rizo tomó una decisión. «Las órdenes fueron no permitir que el barco saliera de Cuba, aunque eso significara hundirlo». Como si supieran lo que iba a ocurrir, algunos de los pasajeros levantaron a sus hijos rogando a los barcos del gobierno que no dispararan. Rizo dio la orden de disparar y comenzó la masacre de los hombres, mujeres y niños que estaban a bordo del «XX Aniversario».

A pesar de que había dos barcos completamente armados atacando al «XX Aniversario» y a sus pasajeros, Rizo despachó otro patrullero más fuertemente armado y a un avión que empezó a circular encima. Los pilotos del avión empezaron el ataque justo antes de que el barco de río saliera de las aguas cubanas. Después que el avión hizo dos pases mortales, el barco estaba aún milagrosamente a flote, aunque sólo capaz de navegar en círculo. Para entonces, casi la mitad de sus sesenta pasajeros estaban ya muertos o heridos. Cuando se dio cuenta de las repercusiones internacionales que habría si el «XX Aniversario» se escapaba, Rizo tomó el mando del enorme «23 de Mayo» y le ordenó que interceptara y hundiera el barco de río, mucho más pequeño. La tripulación del «23 de Mayo» llevaron a cabo las órdenes de hundir el barco, embistiéndolo por el medio. Buscando su seguridad, Sergio había llevado a todas las mujeres y niños a la bodega para que estuvieran fuera del alcance de las balas. Aunque el primer golpe no hizo mucho daño al barco, las mujeres y los niños, ahora atrapados abajo, empezaron a gritar histéricamente. Segundos más tarde, el «23 de Mayo» embistió por segunda vez al barco y casi lo partió en dos. Al empezar a llenarse de agua el «XX Aniversario», Sergio le dijo a Roberto, el amigo de dieciséis años: «Perdóname, Papito» y fue a la cabina. Entre los frenéticos gritos de las mujeres y los niños de la bodega, Sergio sacó la pistola y le gritó a Roberto: «Los comunistas no me cogerán vivo nunca». Dirigió la pistola a la sien y se mató.

Roberto Calveiro aún recuerda que las aguas se enrojecieron alrededor de los cuerpos de los hombres, mujeres y niños balaceados. También fue testigo del ahogamiento de los que sobrevivieron la matanza inicial pero que no pudieron soportar la fuerza del mar y se hundieron sin volver a salir más. El propio Calveiro saltó al agua y empezó a nadar, pero cuando los patrulleros lo vieron le empezaron a disparar. Más tarde, cuando fue recogido en el mar por el cabello y golpeado en un patrullero, los guardafronteras que le dispararon le confesaron: «Chico, no sé cómo pudiste sobrevivir con todas las balas que te disparé». Cuando llegaron al fin a la costa, los guardias le dijeron a Roberto que se echara a correr. Roberto se negó, sabiendo bien que le dispararían. Aunque había salvado la vida, le esperaban muchas otras experiencias al muchacho de 16 años en los próximos doce años, que pasó en una cárcel cubana.

El régimen rescató sólo 11 de los cadáveres de los casi cuatro docenas de hombres, mujeres y niños masacrados ese día. El gobierno no le dio ninguna explicación a las familias de los desaparecidos, solo que habían muerto en el mar durante el «secuestro» de un barco. El gobierno no permitió entierros comunes. Antes de peritir a los diez sobrevivientes que regresaran a casa, les ordenaron no hablar con nadie sobre el incidente y no reunirse en grupos en que hubiera más de dos de ellos presentes. Durante los próximos dos años, tuvieron agentes del gobierno estacionados para monitorear sus actividades, mientras intentaban sobornar a los familiares de las víctimas, así como a los sobrevivientes, dándoles televisores, refrigeradores y otros equipos usualmente reservados para altos funcionarios del gobierno.

El 13 de febrero de 1981, catorce miembros de la familia Delgado entraron en los terrenos de la Embajada de Ecuador. Unos cuantos llevaban pistolas calibre .22 (sin detonador) como medida de precaución. Tan pronto como estuvieron a salvo dentro del edificio de la embajada, los Delgado entregaron sus armas al embajador ecuatoriano, Jorge Pérez Concha. Cuando el gobierno cubano se enteró del incidente, cortó inmediatamente la electricidad de la embajada. Ecuador envió a su Secretario de Relaciones Exteriores, Cornelio Marchán, a negociar la seguridad de la familia Delgado. En las conversaciones estaban funcionarios del gobierno ecuatoriano, funcionarios cubanos y los Delgado. Después de siete días de negociación, Ecuador anunció que había decidido conceder asilo político a los Delgado. Se entregó a Rómulo Delgado un documento oficial del gobierno ecuatoriano que especificaba los términos del acuerdo. La delegación ecuatoriano regresó a Quito el 20 de febrero, creyendo que se había resuelto el dilema.

Cuando aterrizaron, sin embargo, supieron que el régimen de Castro había renegado del acuerdo. Entre la 1 y las 4 a.m. del 21 de febrero, fuerzas especiales de Castro asaltaron la embajada ecuatoriana. Todos los miembros de la familia fueron golpeados salvajemente, niños incluidos. Los mayores fueron encarcelados y dos de los niños fueron «puestos en libertad» para entregarlos a familiares en Pinar del Río, aunque siguieron bajo vigilancia y no se les permitió asistir a la escuela. Owin Delgado, de 15 años, recibió heridas tan graves en la cara y la cabeza (casi perdió una oreja) que tuvo que ser trasladado a un hospital. El 3 de marzo de 1981, después de estar en coma durante dos días, Owin Delgado murió.

El teniente coronel Francisco Abad ordenó inmediatamente que el cadáver fuera trasladado a una morgue en La Habana para que le hicieran una autopsia. La familia del muchacho no fue notificada. El gobierno preparó el velorio en una funeraria de Santiago de las Vegas, un suburbio habanero casi a 200 millas del pueblo natal de Delgado en Pinar del Río. El gobierno cubano declaró que había enterrado a Owin Delgado en una fosa común en el Cementerio de Colón, lugar donde descansan los restos de muchos prisioneros políticos y fusilados. El único miembro de la familia a quien se le permitió asistir al entierro no pudo más tarde identificar la tumba sin marca entre otras miles en el enorme cementerio. Miembros de la familia que fueron después a llevar flores a la tumba de Owin fueron rechazados y se les dijo que el nombre del muchacho ni siquiera estaba registrado en el cementerio.

Rómulo y Pascual Delgado todavía están cumpliendo sus condenas de 43 y 45 años por intentar buscar asilo político, y la verdadera ubicación de los restos de Owin sigue sin ser conocida. La frontera alrededor de la base naval de Guantánamo consiste de cuatro cercas de alambres de púas, una torre de vigilancia con tres guardias armados, camiones, perros de presa y un campo de minas. La bahía de Guantánamo es patrullada regularmente por barcos armados cubanos con guardias armados con granadas de mano y armas automáticas. El 10 de noviembre de 1992, Amado Veloso Vega, de 23 años, se dirigió con unos amigos a la Base Naval con la esperanza de escapar. Después de caminar dos días sin comida ni agua y de deslizarse ante varios agentes de la Seguridad del Estado, los muchachos llegaron a la base. A las 10:15 p.m. del 12 de noviembre, intentaron correr a la libertad. Después de trepar cuatro cercas de alambre y de pasar tres campos minados, estaban a la vista del territorio de EU. A las 10:40 p.m., Amado pisó una mina. La explosión le cortó completamente las dos piernas y le quemó seriamente la cara, el cuello y las manos. Los Guardafronteras cubanos, que escucharon la explosión, le gritaron a Amado que no lo podían ayudar sin la aprobación de un superior. Estuvo desangrándose y agonizando en la «Tierra de Nadie» hasta las 7:06 a.m. del día siguiente. Los guardias que recogieron su cuerpo lo declararon muerto en el lugar. Amado que estaba apenas conciente y no podía hablar, fue llevado al Hospital Agustin Neto, donde fue declarado muerto al llegar. Del hospital, Amado fue trasladado a la morgue, donde él recuerda haber escuchado decir a un doctor: «Qué hace aquí... ¡está vivo aún!» Se dice que el doctor renunció cuando se enteró después que habían llevado a Amado a la morgue como castigo por haber tratado de escapar. El centro de rehabilitación rechazó a Amado cuando el personal descubrió la causa de sus heridas y el gobierno le negó una tarjeta de impedido y una pensión. Cuando Amado pidió ayuda al gobierno, le dijeron que había otros que necesitaban más ayuda que él. El 19 de junio de 1994, a las 2:00 p.m., oficiales de la Base Naval de EU vieron a un grupo de cubanos que nadaban hacia la base, seguidos por un barco patrullero cubano. Los guardias cubanos se acercaron a los nadadores y empezaron a lanzar granadas a su paso. Aunque los oficiales de EU vieron más tarde cómo recogían los cuerpos del agua, no pudieron determinar la condición precisa de los nadadores.

Al día siguiente, 20 de junio, a la 1:30 p.m., barcos patrulleros cubanos fueron vistos de nuevo lanzando granadas a cubanos que nadaban hacia la base. Como si jugaran con la vida de los nadadores, los soldados disparaban al agua con ametralladoras. Los sobrevivientes fueron después sacados del agua y llevados a prisiones en Cuba.

Una semana más tarde, el 26 de junio, a las 11 a.m., oficiales de la Base Naval de EU observaron cuando barcos patrulleros cubanos rodeaban a un grupo de nadadores, disparaban contra ellos con ametralladooras y lanzaban granadas a su paso. Después que varios nadadores aparentemente ilesos fueron llevados al barco, tres cadáveres fueron recogidos con ganchos de pescar.

El 27 de junio, fue observado el Guardacostas cubano reprimiendo violentamente otros dos intentos de llegar a la Base. A las 11:30 a.m., se vio a los guardias del patrullero lanzar dos granadas cerca de un grupo de nadadores. Más tarde ese mismo día, se vio a los guardias abrir fuego contra otro grupo de nadadores. No se sabe si hubo sobrevivientes. El Subsecretario Asistente de Estado para América Latina, Robert Gelbart, describió los incidentes anteriores como «el tipo más salvaje de comportamiento del que he oído nunca -incluso peor de que lo que ocurría en el Muro de Berlín», mientras que la Casa Blanca emitió una protesta oficial contra el gobierno de FC pidiendo una detención inmediata de esas «bárbaras prácticas». El 1 de julio de 1993, un ciudadano americano y un residente cubano-americano recibieron disparos de las autoridades cubanas cuando intentaban recoger familiares y traerlos a los Estados Unidos. También mataron a tiros a tres cubanos cuando nadaban hacia el barco que esperaba. Rick Hoddinott y Hugo Portilla, que había escapado en una balsa en 1992, pensaba que no tenía otra opción sino regresar a buscar a su esposa, Lourdes, y a su hija de cuatro años, Monica. La embarcación, de 32 pies, fue vista fácilmente por los cubanos que esperaban en la costa. Hoddinott testificó más tarde que «lo próximo que vi fueron unas cuarenta personas que nadaban hacia el barco».

Entre los nadadores estaban el esposo y el hijo de Barbara Manzini. Barbara, una ciudadana americana que estaba de visita con sus familiares en Cuba, se quedó en tierra y vio desarrollarse los acontecimientos. El simple rescate de dos personas se haría caótico. No pasaría mucho tiempo antes de que atrajera la atención de los guardacostas cubanos estacionados a sólo tresciendas yardas. Hoddinott recuerda haber visto seis o siete guardias en la playa y luego a un barco del gobierno cubano. Los oficiales cubanos, que dijeron después que el barco encallado no estaba «cooperando con la demanda de detenerse», abrieron fuego de repente, aunque el esposo de Barbara Manzini, Rigoberto Hernández, gritaba desde el barco: «¡No disparen! ¡No disparen! El barco no se puede mover -está varado». Hoddinott fue alcanzado dos veces en la rodilla y una vez en el pie por las balas de los guardias que ahora disparaban desde la playa y desde el barco del gobierno. Varios cubanos que nadaban hacia el barco de rescate, indefensos y vulnerables, recibieron también disparos. Hoddinott recuerda haber escuchado los gritos de los niños y haber visto aguas ensangrentadas batir los blancos paneles del barco. Cuando terminaron las ráfagas del guardia, diez nadadores cubanos estaban seriamente heridos y tres de ellos, todos jóvenes, muertos.

El más joven de las tres víctimas era Loamis González Manzini, de 16 años. Su madre Barbara, cuyo padre murió en 1961 también cuando intentaba escapar de la isla, fue arrestada después por protestar por la muerte de su hijo. Fue encarcelada como una supuesta «organizadora» de la fuga. Los guardias dispararon también contra el esposo de Barbara durante el desastre.

Una segunda víctima, Mario Horta Jr., tenía sólo 19 años. Su padre, que vive en Miami, ha dicho: «Nunca pensé que perdería a mi hijo a manos del mismo régimen criminal que mató a mi padre. Mi padre fue ejecutado por el gobierno por 'actividades contrarrevolucionarias'. Sólo quería un poco de justicia y libertad, igual que mi hijo».

La tercera víctima, Alfredo Evelio Marin, murió a los 26 años. En ese momento su madre, sin sospechar nada, estaba visitando familiares en Miami.

El tiroteo fue tan intenso que despertó a todo Cojímar. Varias casas cercanas a la playa recibieron disparos. Cientos de personas se reunieron en la playa y observaron la masacre. Cuando llegó la policía, el pueblo ya estaba indignado con lo que había visto. «Algunos empezaron a tirarle piedras a los carros de la policía y a gritar consignas contra el gobierno, y otros tiraban botellas», testificó Barbara Manzini. El régimen de Castro respondió enviando tres camiones llenos de tropas del Ministerio del Interior especialmente entrenadas alrededor de medianoche.

Hoddinott describe lo que vio después que ayudó a una muchacha y a su madre en tierra: «Cuando llegué al fin a tierra, había cientos de manifestantes, quizás mil, que gritaban y me aplaudían como si yo fuera un héroe». Como Hoddinott estaba perdiendo mucha sangre, dos mujeres lo pusieron en un taxi y lo enviaron a un doctor, donde fue localizado después por las autoridades cubanas y trasladado a un hospital. Aunque en el hospital comía arroz y frijoles, pescado y carne diariamente, enseguida se dio cuenta de que otros pacientes no eran tratados igual: «Creo que estaban tratando de impresionarme, para que cuando regresara (a EU), parecieran buena gente», dijo Hoddinott. En la noche del 13 de octubre de 1993, Luis Quevedo Remolina, de 23 años, y siete amigos, lanzaron su rudimentaria balsa al mar. A las 7:00 p.m., los ocho jóvenes se subieron a un camión y se dirigieron a la costa. En algún sitio de la carretera entre Bacuranao y Tarará, los guardias vieron el camión y le dispararon. Mientras el camión se detenía, los jóvenes saltaron y corrieron en todas direcciones. Los guardias capturaron enseguida a todos menos a uno, que siguió eludiéndolos hasta que fue atrapado entre ellos y el océano. Luis Quevedo Remolina, gritó «No disparen» y se rindió. Los guardias no dispararon. En cambio, comenzaron a golpear a Luis Quevedo repetidamente con la culata de los rifles. Cuando se cansaron de golpearlo, su víctima estaba cubierta de sangre y apenas agarrado a la vida. El resto también fue golpeado y luego llevado a Villa Marista. Luis Quevedo fue llevado a un hospital donde murió. Su familia, después de buscar frenéticamente en las estaciones de policía, hospitales y morgues, fue informada al fin de su muerte 15 horas después. El gobierno cubano le dijo primero a Esther Remolina que su hijo había muerto instantáneamente, al recibir un disparo cuando intentaba escapar. Cuando fue a vestirlo para el funeral, sin embargo, se desmayó: no había disparos, sino contusiones y huesos partidos.

En un conmovedor testimonio grabado por el activista pro derechos humanos Ladislao Velázquez (que fue arrestado poco después), la madre de Luis describió las condiciones del cuerpo de su hijo: «Le aplastaron los testículos. Le rompieron la mandíbula, le rompieron toda la boca. Lo golpearon con las ametralladoras en el estómago. Dijeron después que había muerto de un disparo pero cuando fuimos a vestirlo en la funeraria vimos que no tenía ninguna herida de bala. Lo despedazaron. Son asesinos. Son fascistas. Son criminales.»

La noticia se regó rápidamente por el pueblo natal de Luis Quevedo, Regla. Cuando se supieron los detalles, la intranquilidad pública se convirtió enseguida en indignación, aunque la prensa gubernamental ....ni si quiera informó la versión gubernamental del caso. Mientras tanto, no se le permitía a amigos y familiares de los siete jóvenes detenidos en Villa Marista que los visitaran. Uno de ellos, Luis Abel Rodríguez Aguilera, estaba herido de gravedad por haber sido golpeado repetidamente con la culata de una ametralladora en la cabeza. Para evitar que su madre viera las heridas, los guardias de seguridad le dijeron que su hijo no quería recibir visitas.

En la tarde del 15 de octubre, unos 300 dolientes caminaban detrás del carruaje que llevaba el cuerpo de Luis Quevedo. Muchos más se unieron espontáneamente al atravesar el pueblo el cortejo. De repente se encontraron que la policía había puesto barricadas en la calle principal para desviar a la creciente multitud. Gritos pidiendo justicia y el fin de la dictadura de Castro empezaron a llenar las calles de Regla. «Asesinos, comunistas», gritaba la multitud. Lo que había empezado como una solemne marcha fúnebre se había convertido en toda una protesta pública contra la represión.

El chofer del carro fúnebre se negó a pasar por la estación de policía. Los dolientes, sin embargo, estaban decididos a expresar su dolor. Eide Regosa Pérez rompió las ventanillas traseras del carro (por lo cual fue condenado a un año en prisión). Abrieron la puerta y sacaron el ataúd. Los dolientes corrieron, queriendo todos cargar la caja, y el ataúd fue levantado. La multitud lo colocó frente a la estación de policía. Los gritos de «Abajo Fidel! ¡Abajo la dictadura!» se hacían más fuertes mientras la policía amenazaba a los manifestantes: «Sigan, sigan, cuando esto se termine los vamos a golpear a todos». Más tarde cumplieron sus amenazas y muchos fueron heridos y llevados a clínicas.

En el cementerio, una multitud que esperaba se unió al cortejo fúnebre. Aunque la policía, que llegó alrededor del mediodía, trató de dispersar la multitud con amenazas y diciendo que no se permitiría ningún entierro ese día, la gente se negó a abandonar el lugar. A las 2:00 p.m. la policía llamó a las Brigadas de Respuesta Rápida y le dio instrucciones para que dispersaran por la fuerza a la multitud. Identificados con pañuelos amarrados en el brazo, empezaron a atacar a los manifestantes con palos y cadenas. Uno de los golpeados y arrestados fue Daniel Santana Quevedo, hermano del muerto.

Daniel, cuya herida en la cara necesitó después quince puntos, fue llevado al Departamento Técnico de Investigaciones. También llevaron a ese lugar a los hermanos Héctor y Eduardo Quevedo y a los hermanos Eduardo y Manuel Paz Quevedo, todos familiares del muerto. Aproximadamente unos 30 cubanos fueron arrestados en conexión con los acontecimientos de ese día.

El siguiente testimonio de la madre de Luis Quevedo REmolina, Esther, ilustra cómo la familia seguía siendo perseguida casi diez meses después del asesinato de su hijo. Esther habla de su encuentro con Jorge Rojas, periodista del gobierno, que intentó obligarla a decir que las acciones del gobierno estaban justificadas. Accedió a hablar porque Rojas le garantizó que la entrevista aparecería en la televisión cubana.

Ante las cámaras y micrófonos, Rojas me preguntó qué pensaba de la muerte de mi hijo. Le respondí que no era lo que yo pensaba, sino que lo que había ocurrido realmente, era que mi hijo había sido asesinado. Le expliqué cómo abrí el ataúd, revisé a mi hijo, le saqué el algodón de la boca y vi sus dientes rotos, sus pómulos rotos. Lo vi brutalmente golpeado. Entonces el periodista dijo que Luis había muerte de una herida de bala. ¿Qué bala? Yo no vi ninguna bala, y aunque eso fuera cierto, es un asesinato, porque las balas no caen del cielo. Yo vi los golpes y deformaciones que tenía mi hijo.

Entonces, Rojas dijo que si yo no cooperaba, mi otro hijo, Daniel Santana Quevedo, que ahora está encarcelado en el Combinado del Este, sería condenado a más años de prisión. Y que si yo decía otra cosa, Daniel recibiría una sentencia menor. Yo respondí que no importaba si la sentencia era de seis meses o de por vida, era injusta porque Daniel era culpable sólo de protestar por la muerte de suhermano. Nunca pasaron mi testimonio por televisión. Esa no era la verdad tras la cual estaban». Daniel, el hermano de Luis Quevedo, fue sometido a abusos físicos por lo menos en tres ocasiones. Durante la manifestación, agentes de Seguridad del Estados vestidos de civil lo golpearon hasta dejarlo inconciente con bolas de hierro metidas en el puño. Mientras era arrestado por «desafío», la policía cubana golpeó a Daniel de nuevo, pero esta vez en su propio hogar, en presencia de sus hijos, entre ellos su hija de siete años. Fue entonces trasladado al Combinado del Este, donde los guardias intentaron obligarlo a gritar «Viva Fidel». Cuando se negó, Daniel fue golpeado brutalmente hasta que perdió el conocimiento. La represión está lejos de haber terminado: los Quevedo están bajo vigilancia constante, los activistas que han luchado por informar al mundo lo que ocurrió esa noche de octubre en que fue asesinado el joven Luis han sido silenciados sistemáticamente por la policía política de Cuba.

Aquí en Cuba, se violan los derechos humanos. Yo misma estoy pasando algo inenarrable. Soy una muerta en vida. Asesinaron a mi hijo, un pelotón de fusilamiento asesinó a mi hermano en 1974, y tienen en prisión a mi hijo Daniel por protestar por el asesinato de su hermano. Quiero que el mundo entero escuche mi ruego. Quiero justicia para mi hijo Daniel que está encarcelado injustamente. Quiero que todo el mundo sepa que donde quiera que vaya, seguiré diciendo que ellos asesinaron a mi Luis. Y pido justicia, no sólo para mi hijo Daniel, sino para todos los jóvenes de Cuba.

Una lista más
El texto que sigue es la lista parcial disponible de las personas que perecieron en el hundimiento del remolcador «13 de Marzo» y de los sobrevivientes.

Los niños:

COTORRO
Cindy Fernández Rodríguez, 2
Caridad Leyva Tacoronte, 4
Helen Martínez Enríquez, 6 meses
José Carlos Nikel Anaya, 3
Yousel Eugenio Pérez Tacoronte, 11
Yasel Perodin Almanza, 11

GUANABACOA
Giselle (o Lissete) Borges Alvarez, 4
Juan Mario Gutiérrez, 10

ARROYO NARANJO
Angel René Abreu Ruiz, 3

MARIANAO
Yolindis Rodríguez Rivero, 2
Eliecer Suárez García, 11

Adultos desaparecidos:

COTORRO
Pilar Almanza Romero, 30
Yaltamira Anaya Carrasco, 22
Marta Carrasco Tamayo, 45
Yuliana Enríquez Carranza, 23
Manuel Gayol, 58
Reinaldo Marrero, 48
Marjolis Méndez Tacoronte, 17
Odalys Muñoz García, 21
Leonardo Notario Góngora, 27
Marta Caridad Tacoronte Vega, 33

GUANABACOA
Ernesto Alfonso Loureiro, 25
Lissette María Alvarez Guerra, 24
Lázaro Borges Briel, 34
Joel García Suárez, 20
Armando González Raizes, 50
Augusto Guillermo Guerra Martínez, 45
Mario Gutiérrez, 35
Fidelio Ramel, 50 (capitan del remolcador «13 de Marzo» y secretario del Partido Comunista de Cuba)

ARROYO NARANJO
Jorge Arquímides Lebrigio Flores, 28
Julia Caridad Ruiz Blanco, 35

MARIANAO
Miralis Fernán Rivero, 27
Omar Rodríguez Suárez, 30
Eduardo Suárez Esquivel, 35
Estrella Suárez Esquivel, 45

Sobrevivientes:

COTORRO
Modesto Almanza Romero, 28 (detenido en Villa Marista, luego liberado; logro escapar de Cuba posteriormente; localizado en la Base Naval de Guantanamo)
Darney Estévez Martínez, 3
José Fabián Valdés, 17 (detenido en Villa Marista, luego liberado)
Eugenio Fuentes Díaz, 29 (detenido en Villa Marista)
Fidel González, 35
Daniel González Hernández, 23 (detenido en Villa Marista, luego liberado)
Janette Hernández Gutiérrez, 19 (logro escapar de Cuba posteriormente; localizada en la Base Naval de Guantanamo)
Milena Labrada Tacoronte, 3
Román Lugo Martínez, 29 (logro escapar de Cuba posteriormente; localizado en la Base Naval de Guantanamo)
Reinaldo Marrero Jr., 16
Daisy Martínez Fundora, 26
Juan Gustavo Martínez Gutiérrez, 36 (detenido en Villa Marista, luego liberado)
Yandi Gustavo Martínez Hidalgo, 9
Raúl Muñoz García, 22 (detenido en Villa Marista)
Sergio Perodin Almanza, 7 (logro escapar de Cuba posteriormente; localizado en la Base Naval de Guantanamo)
Sergio Perodin Pérez, 38 (detenido en Villa Marista, luego liberado; logro escapar de Cuba; localizado en la Base Naval de Guantanamo)
Susana Roca Martínez, 8
Mayda Tacoronte Vega, 28

GUANABACOA
Jorge Luis Cuba Suárez, 24
María Victoria García Suárez, 28
Daniel Prieto Suárez, 26 (hijo del capitan Fidelio Ramel y miembro del Ministerio del Interior; detenido en Villa Marista)
Iván Prieto Suárez, 24

ARROYO NARANJO
Arquímides Lebrigio Gamboa, 52 (detenido en Villa Marista, luego liberado)

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La cronología táctica
1993
junio 29-- La administración Clinton enmienda ligeramente las restricciones para viajar a Cuba, agregando entre los favorecidos a personas con actividades claramente definidas como educacionales o religiosas y de organizaciones de derechos humanos reconocidas.

julio 1-- Levantamiento en Cojímar, el este de La Habana. Estreno de las tan celosamente entrenadas Fuerzas Anti-Motines. Ricky Robert Hoddinott y Hugo Portilla se aventuran en la lancha "Midnight Express" a recoger a la familia de Portilla y son sorprendidos en la costa por una escuadra de Guardafrontera que abre fuego indiscriminado sobre ellos y algunos transeuntes que intentan ganar el bote. Muere Loamis González-Manzini, de 16 años, Mario Horta, de 18, y Alfredo Evelio Marín, de 26. El pueblo permanece ocupado militarmente por más de 2 meses.

julio 7-- El gobierno de EUA protesta por el ataque contra la lancha tripulada por Hoddinott y Portilla y un funcionario dice que "el gobierno cubano hizo uso excesivo de la fuerza".

julio 23-- La administración Clinton emite directrices para mejorar las comunicaciones entre EUA y Cuba, de acuerdo con lo estipulado por la Ley de Democracia para Cuba.

octubre 13-- Asesinado en Regla --en la rivera este de la bahia habanera-- Luis Quevedo, de 24 años, que fuera sorprendido tratando de escapar del pais y sufriera una brutal golpiza a manos de miembros del Ministerio del Interior.

octubre 14-- Alzamiento de Regla. Los funerales del joven Luis Quevedo se convierten en una marcha de protesta en la que participan miles de personas. Los acompanantes sacan el feretro y lo llevan en hombros por las calles de la poblacion en medio de gritos contra Fidel Castro y coreando el himno nacional cubano. La policia opta esta vez por no confrontar a la airada multitud.

1994
enero-- Llegan 248 balseros a EUA.

febrero-- Llegan 348 balseros.

marzo-- Llegan 474 balseros.

abril-- Llegan 726 balseros.

mayo-- Llegan 716 balseros.

junio 4-- Varias familias de barrios de La Habana se apoderan de un barco de drenaje y salen del puerto de Mariel. Las grifin abren fuego durante una persecusión de 4 horas, hiriendo a cuatro personas. 61 civiles que eluden a las Fuerzas de Guardafronteras que disparan salvas y de las salvas pasan a las balas de guerra. El capitan de la draga, Luis Leiva, declara en Miami que los guardias no tiraron al grupo. Tiraron para que el barco se detuviera pero... "abriendo dos huecos en su casco". Tres de los pasajeros sufrieron lesiones y fracturas. Medicos de Key West amputan la pierna izquierda de Olirio Malagon, de 49 años, uno de los lesionados.

junio 17-- Setenta y dos cubanos a bordo del remolcador "Mar Azul", de 80 pies de eslora, son tiroteados durante horas en el Estrecho de la Florida por las grifin de la isla. El remolcador, que ya esta haciendo agua por sendos boquetes de unos 2 pies de diametro, es localizado por la Guardia Costera de EUA. Fueron perseguidos por tres grifin y embestidos repetidamente por otro remolcador. En un momento determinado, un mayor del Ministerio del Interior consiguio abordar el "Mar Azul" y comenzo a disparar contra la cabina del capitan, pero fue reducido por los refugiados. Los atacantes trataron de inutilizar las helices, luego intentaron cortar el paso de la nave, por ultimo dispararon. Todo infructuoso. Hubo solo una fractura en el tobillo sufrida por Dunia Herrera, de 27 años. Ya bajo la proteccion del buque de la Guardia Costera norteamericana, el mayor del Ministerio del Interior fue devuelto a una de las grifin.

junio 19-- No obstante su encarnizada determinacion de dar caza al "Mar Azul", las tripulaciones de las tres grifin son arrestadas al llegar a tierra por ordenes expresas "del Comandante en Jefe" que los considera "acobardados ante la presencia de un guardacostas yanqui".

En junio, temperatura «Mariel» en la Corriente del Golfo: llegan 1 173 balseros a EUA.

julio 13-- Unos treintidós cubanos, entre ellos más de 20 niños, desaparecen al ser hundido por las autoridades castristas el remolcador «13 de Marzo» cuando intentaba abandonar la isla. Clinton condena la acción, llamándola un ejemplo de la naturaleza brutal del régimen cubano. Fidel Castro se defiende argumentando que ha sido un accidente y culpa a EUA por una supuesta política migratoria que alienta a los cubanos «a salir en embarcaciones peligrosas y a secuestrar barcos y aviones». El metodo de hundimiento había sido utilizado exitosamente antes, el 6 de julio de 1980, a la altura del río Canímar (unos 100 kilómetros al este de La Habana), con un saldo probable de 45 víctimas, también niños y mujeres en su mayoría. Pero el fracaso reciente con una draga y el remolcador "Mar Azul" habia exacerbado los animos.

julio 22-- El Senado norteamericano aprueba la enmienda h.R. 4603 (Ley de Apropiaciones del Departamento de Estado) al condenar el hundimiento del barco cubano «13 de Marzo».

julio 25-- Cinco cubanos secuestran un pesquero usando un revólver de juguete y luego recogen a docenas de personas y viajan a EUA con 78 a bordo.

julio 26-- Desviada una lancha de las que transportan pasajeros en el puerto de La Habana. El gobierno se apresura en declarar que dos grifin de las Fuerzas de Guardafrontera siguen a la embarcacion pero sin acercarse --para evitar «accidentes». La Guardia Costera norteamericana recoje a 15 de sus 30 pasajeros.

En julio han llegado 1 010 balseros.

agosto 3-- Una segunda lancha de pasajeros es desviada con rumbo a EUA y son rescatados en el Estrecho de la Florida por la Guardia Costera de EUA.

agosto 4-- Un grupo de 8 personas lidereado por Ramon Fidel Basulto Garcia se apodera de una tercera lancha --la "Baragua"-- y esta se encuentra sin combustible, detenida a 28 millas al norte de La Habana. Finalmente todos son capturados y enviados a prisión. El suboficial de policia Gabriel Lamoth Caballero, que se hallaba a bordo de la embarcacion, muere en circunstancias nunca esclarecidas por el gobierno cubano.

agosto 5-- Disturbios en La Habana. Fidel Castro amenaza con el viejo discurso: un éxodo masivo de cubanos hacia EUA si Washington continua alentando a los cubanos «a salir ilegalmente». En respuesta, el gobierno norteamericano advierte que no permitirá otro Mariel y que Fidel Castro no dicta la política migratoria de EUA.

agosto 8-- El recluta Leonel Macias escapa de Cuba con 24 amigos en una embarcacion militar de ferrocemento y es acusado por Fidel Castro en una de sus alocuciones televisivas de dar muerte al teniente Roberto Aguilar Reyes.

agosto 11-- En una conferencia de prensa transmitida en vivo en EUA desde la televisión cubana, Fidel Castro insiste en que el teniente Aguilar fue asesinado por el reservista Leonel Macías González, de 19 años, que admitió llevar a cabo el secuestro del 8 de agosto. Repite la acusación de que las autoridades de EUA alientan la inmigración ilegal y dice que Cuba no será responsable de proteger la frontera de EUA.

agosto 14-- Unas 250 personas coreando "¡Nos vamos!" asaltan el tanquero "Jussara", atracado en Mariel y demandan ser llevados a EUA. Su número llega a más de 700 mientras la policía se muestra incapaz de evitar que otros cientos más suban a bordo. Las autoridades cubanas prohíben la salida del tanquero, sin embargo, y los posibles refugiados bajan a tierra al día siguiente.

agosto 15-- Fidel Castro abre las costas para que los cubanos salgan en balsas hacia EUA. El cambio de politica resulta en un aumento del número de cubanos que llegan a las costas norteamericanas, el más alto desde Mariel.

agosto 19-- Ante la avalancha de refugiados cubanos, Clinton cambia la política migratoria y anuncia que los «refugiados ilegales de Cuba» no pueden entrar a EUA. La Guardia Costera de EUA tiene órdenes de llevar a la base naval de Guantánamo a aquellos rescatados en el mar.

agosto 20-- Clinton anuncia cuatro medidas contra el gobierno de Cuba. Prohíbidos los envíos de dinero a Cuba. Reducción de los viajes «charter» entre Miami y La Habana. Uso de todos los medios al alcance de EUA para aumentar y amplificar sus transmisiones a Cuba. Continuar presentando las violaciones de derechos humanos del gobierno cubano ante Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales.

agosto 25-- La administración Clinton ofrece reanudar las conversaciones migratorias y asegura no tener interés en ampliarlas hacia otros asuntos, como pide el gobierno de Cuba.

Agosto cierra con 21 300 balseros.

septiembre 1-- Se inician en New York las conversaciones sobre migración entre EUA y Cuba.

septiembre 9-- Firma de acuerdo migratorio, a través del cual Cuba se compromete a asegurar la salida legal, segura y ordenada de los cubanos hacia EUA, a la vez que EUA afirma que otorgará un mínimo de 20 000 visas anuales. La política de EUA descontinúa la práctica de otorgarle permanencia a los emigrantes cubanos que llegaran ilegalmente.

El mes termina con 11 061 balseros «pescados» por la Guardia Costera norteamericana y trasladados a Guantánamo, donde se llegan a almacenar más de 30 000 balseros.

noviembre 10-- EUA anuncia que mediante un sorteo otorgará 5 000 visas a cubanos mayores de 18 años.

noviembre 16-- El presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y principal negociador cubano en las conversaciones con EUA, Ricardo Alarcón, asiste en Washington "a un foro sobre salud".

1995
enero 19-- Concluyen en New York las conversaciones entre funcionarios cubanos y norteamericanos previstas para revisar la implementación del acuerdo firmado en septiembre.

enero 25-- Ofrecen testimonio ante el Congreso de EUA los sobrevivientes del «13 de Marzo». Durante la audiencia, el representante Dan Burton, presidente del Comité de Asuntos del Hemisferio Occidental de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, señala que la democratización de Cuba será la principal prioridad de la subcomisión en los próximos 2 años.

marzo 7-- The Washingon Post informa que los asesores de politica exterior de Clinton le han recomendado eliminar algunas de las medidas implentadas el verano anterior contra Fidel Castro. Pero funcionarios del gobierno se movilizan rapidamente para restar importancia a la informacion. En Ginebra, la Comision de Derechos Humanos de Naciones Unidas censura de nuevo a La Habana. La comision integrada por 53 paises adopto por 22 votos a favor, ocho en contra y 23 abstenciones, una resolucion sobre Cuba auspiciada por Estados Unidos.

marzo 20-- Rescatados 13 balseros cubanos en Man Key, unas 8 millas al oeste de Key West. Las autoridades de EUA inician investigacion pues sospechan la existencia de un contrabando de inmigrantes indocumentados.

abril 2-- Vuelven las amenazas. Un funcionario cubano no identificado declara a The Washington Post que si el año pasado los EUA «vieron 30 000 balseros, este año pueden ver un millón». Posteriormente el gobierno cubano se apresura en desestimar la declaración.

abril 11-- Unas 30 corporaciones norteamericanas firman cartas de intencion con el gobierno de La Habana en prevision de un eventual levantamiento del embargo.

abril 12-- El gobierno cubano insiste en que no esta amenazando con un nuevo exodo.

abril 13-- Un alto funcionario no identificado del Departamento de Estado dice que Washington responderia con uno de sus "planes de contingencia" en caso de un nuevo Mariel. Un vocero cubano, Miguel Alfonso, admite no obstante que "la emigracion masiva pudiera ocsionarse".

abril 14-- Catorce balseros cubanos son descubiertos por la noche a la altura de Watson Island --a 1 milla del downtown de Miami. Nueva oleada de balseros en el horizonte.

abril 17-- En New York, primera de las dos reuniones secretas de Peter Tarnoff con Ricardo Alarcón para la firma de un discutido acuerdo migratorio. Ocurre en audiencia paralela a la reunion para el chequeo de los acuerdos migratorios. La segunda reunión tiene lugar 10 días después en Toronto, Canadá. Liberado el exrecluta cubano Leonel Macias del Centro de Detencion de Krone, en Miami, que huyo de Cuba el pasado 8 de agosto y habia sido acusado por Fidel Castro de dar muerte al teniente Roberto Aguilar Reyes.

abril 18-- Un titular de El Nuevo Herald dice que «Mares en calma presagian "temporada de balseros"». Un funcionario no identificado del Departamento de Estado dice que «no hay razón para creer que habrá un éxodo masivo como el del año pasado».

abril 20-- Cuba y EUA declaran estar satisfechos con la marcha del acuerdo migratorio firmado en septiembre. EUA mantiene a sus funcionarios ignorantes de las conversaciones secretas. Celebracion en La Habana del juicio contra Ramon Fidel Basulto Garcia y las otras siete personas que lo acompanaron en el frustrado secuestro de la lancha "Baracoa", el pasado 4 de agosto. Pena de muerte solicitada por fiscalia para Fidel Basulto Garcia como castigo por la muerte del suboficial Gabriel Lamoth.

mayo 2-- Anuncio del acuerdo migratorio producido por las reuniones secretas Tarnoff-Alarcón. Primeras protestas en Miami. El acuerdo posibilita a EUA desembarazarse del problema de los más de 30 000 refugiados cubanos estacionados en Guantanamo.

mayo 9-- Devuelto a Cuba el primer grupo de 13 personas capturadas en alta mar por la Guardia Costera --en cumplimiento del nuevo acuerdo migratorio. De inmediato en Cuba los baslseros son puestos bajo vigilancia de la policía política castrista.

mayo 13-- La Habana anuncia que un segundo grupo de 11 balseros capturados por la Guardia Costera es devuelto poco después de las 12 del dia a bordo del buque norteamereicano «Beronof», matricula 1318, en un espigón del puerto de Cabañas, a unos 100 kilómetros al oeste de La Habana. En el mismo día, dos lanchas grifin de las Fuerzas de Guardafronteras de Cuba persiguen y atacan con golpes por las bandas a una pequeña embarcación que, con 24 personas a bordo, intentaba llegar a EUA. Yalina Real Gort, de 22 años, muere a consecuencia de los golpes. Los guardafronteras cubanos disparan y lanzan garfios con el intento de hacer capturas.

mayo 15-- Roberto Robaina anuncia desde La Habana el segundo encuentro de tipo «La Nación y la Emigración» a celebrar entre el 3 y el 6 de noviembre del año en curso.

mayo 16-- Paro y manifestaciones de miles de cubanos en Miami en protesta por los nuevos acuerdos migratorios.

mayo 18-- Aristides se entusiasma. Un grupo de 14 refugiados cubanos es deportado de Haití a Republica Dominicana.

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La cronología estratégica
1959
enero 1, 6-- Caída del gobierno de Fulgencio Batista, que huye a Republica Dominicana. Fidel Castro --líder del Movimiento Revolucionario 26 de Julio y jefe del Ejército Rebelde-- alcanza el poder, junto con un amplio frente de grupos de oposición. Los soldados victoriosos de Castro entran en La Habana.

febrero 16-- Fidel Castro se convierte en el Primer Ministro cubano.

abril-- Fidel Castro pospone las elecciones generales en Cuba al menos por 4 años para «resolver nuestros problemas» y «crear las condiciones para unas elecciones libres». Al visitar EUA, niega que los americanos tengan ninguna causa de preocupación por el comunismo en Cuba.

mayo 17-- Ley de Reforma Agraria. El gobierno cubano expropia 8.3 millones de acres (3 millones 361 500 ha.)

julio 17-- Renuncia Urrutia como presidente de Cuba, acusando a Castro de tramar una toma comunista de Cuba. Castro instala en el poder a Dorticós. Ha eliminado del Gobierno Revolucionario a los que él considera «los miembros menos radicales» --en muchos casos, sus primeros enemigos potenciales.

1960
marzo-- El barco francés «La Coubre», cargado de municiones, explota en el puerto de La Habana mientras se descargaban armas y municiones belgas. Castro culpa a EUA por la explosión y la muerte de 70 personas.

mayo 7-- Fidel Castro ingresa en el mapa de la guerra fría. Establece relaciones diplomáticas con la URSS.

mayo 11-- Clausurado El Diario de la Marina --último periódico independiente-- después de publicar un editorial criticando al gobierno.

junio 18-- Cuba firma un acuerdo comercial con la URSS.

junio 29-- Cuba expropia las refinerías Texaco, Esso y Shell.

julio 6-- El presidente Eisenhower suspende las cuotas azucareras de Cuba.

agosto 7-- Fidel Castro expropia todas las propiedades privadas norteamericanas en la isla, entre ellas 36 centrales azucareros de EUA --valor estimado de más de 500 millones de dolares.

septiembre 28-- Se organizan los Comites de Defensa de la Revolución.

octubre 19-- EUA embarga las exportaciones a Cuba.

noviembre-- John F. Kennedy elegido presidente de EUA.

diciembre 20-- Fidel Castro empieza la purga del sistema judicial cubano.

1961
enero 3-- EUA rompe relaciones diplomáticas con Cuba en respuesta a la exigencia cubana de que en un término de 48 horas reduzca a 11 personas el número de empleados de su embajada en La Habana.

abril 15 a 21-- La frustrada operación de Playa Girón (o Bahía de Cochinos). Después de tres días de lucha, es derrotada una fuerza de tarea organizada por la CIA; 1 180 de los 1 500 hombres que formaban parte de la fuerza son capturados. Fidel Castro encarcela ademas --«para evitar la proliferación de la quinta columna»-- a más de 100 000 opositores en todo el pais. Primer progrom americano. Es considerada la mayor redada de toda la historia del continente.

mayo 1-- En la concentración del primero de mayo, Fidel Castro elimina las elecciones en Cuba y anuncia la nacionalización de las escuelas privadas.

diciembre 7-- Fidel Castro se declara «marxista-leninista hasta el último día de mi vida». Afirma que ha sido comunista desde el principio de la revolución.

1962
enero-- La Organización de Estados Americanos (OEA) cancela la membresía de Cuba.

febrero-- EUA inicia el embargo comercial a Cuba.

marzo 19-- Comienza el racionamiento de comida en Cuba.

octubre 14-- Crisis de los cohetes. Fotos aéreas revelan el emplazamiento de cohetes soviéticos en la isla. El presidente Kennedy ordena una cuarentena naval y aérea de la isla. 14 días después, Jruschov ordena la retirada de los cohetes. EUA se compromete a no invadir Cuba.

diciembre 23-- EUA paga 56 millones de dólares en alimentos, medicinas y maquinaria agrícola por los prisioneros de Bahía de Cochinos.

1963
noviembre-- Kennedy asesinado en Dallas. El vicepresidente Lyndon Johnson ocupa la presidencia.

1964
La OEA vota a favor de suspender las relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba debido a las actividades subversivas cubanas en Venezuela.

noviembre-- Johnson electo presidente de EUA.

1965
octubre 10-- Se abre el puerto de Camarioca a los exilados cubanos que quieran ir a buscar familiares.

diciembre 1-- Comienzan los Vuelos de la Libertad.

1966
El Congreso establece la Ley de Ajuste Cubano, la cual le otorga al Fiscal General el derecho de conceder el status de residente permanente a aquellos cubanos ingresados al país después del primero de enero de 1959 y que hayan permanecido un año en EUA.

1967
octubre 9-- Muerte del Che Guevara, derrotado por el ejercito boliviano y abandonado por Fidel Castro, cuando intentaba fomentar una revolución en Bolivia.

1968
marzo 13-- Fidel Castro confisca los restantes 55,600 pequeños negocios privados de Cuba, incluyendo los vendedores callejeros.

noviembre-- Richard Nixon electo presidente de EUA. Reelecto en 1972.

1970
julio 26-- Castro admite el fracaso de la zafra de los 10 millones. Asegura que permanecerá en el cargo por demanda popular. Cuba se hace más dependiente de la ayuda económica de la URSS.

1973
febrero 15-- EUA y Cuba firman un acuerdo contra los secuestros aéreos. Ambos países se comprometen a devolver a los secuestradores o a someterlos a juicio.

abril 6-- Se detienen los Vuelos de la Libertad después de traer a 260 561 refugiados cubanos a EUA.

1975
julio 29-- EUA y otras 15 naciones votan dan por terminadas las sanciones de la OEA contra Cuba.

El secretario de Estado Henry Kissinger, arquitecto de la política norteamericana de apertura hacia la República Popular China, reevalúa la política hacia Cuba e inicia contactos con el gobierno cubano. Eventualmente, EUA modifican su embargo comercial para permitir que las subsidiarias norteamericanas en terceros países comercien con la isla. El cambio tiene lugar después de acuerdos de la OEA que permiten a sus miembros determinar individualmente la naturaleza de sus relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba.

octubre 12-- Fidel Castro envía tropas a Angola en apoyo al Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA). La operación obliga a Kissinger a suspender sus esfuerzos. Concluye el progreso de las conversaciones con Cuba.

1976
febrero 15-- Un referéndum nacional aprueba la nueva constitución