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Tipología de relaciones intelectuales incestuosas
Por Rogelio del Cid

A propósito de un amante enfermo

Mucho se ha escrito sobre la relación entre el dictador Fidel Castro y la literatura, o más específicamente, su relación con los intelectuales. Porque en lo personal no creo que, por el contrario de lo que ciertas personas afirman -como ya veremos más adelante-, sea él ni tan siquiera un entusiasta lector.

Uno de los últimos abordajes a esta temática fue publicado el pasado 6 de agosto en la edición dominical de El Mercurio de Santiago de Chile. Firmado por Antonio Avaria lleva el título de La revolución y los intelectuales. Historias de amor y odio: Fidel y los escritores. El artículo en sí no ofrece nada que no sea ya conocido: comienza hablando de las tempranas desavenencias entre los intelectuales de izquierda que vivieran una idílica pero efímera luna de miel con la revolución de los barbudos -haciendo énfasis en el affaire Neruda-, continúa con el caso Padilla y termina (estoy resumiendo a grandes rasgos) con la viril discrepancia intelectual de Jorge Edwards. Pero una de sus citas se mueve en la misma tónica en la que siempre han bailado su música -léase salsa cubana- la mayoría de los intelectuales latinoamericanos. (Y que conste que las excepciones sólo confirman la regla). Es de Oscar Collazos y Antonio Avaria tiene el tino de calificarla, suavemente, de ingenua:

"Pienso (ya Edmundo Desnoes lo había esbozado), cómo en los discursos de Fidel Castro, por ejemplo, se traduce una manera de decir, un discurso literario, un ordenamiento y una reiteración verbal, una modelación de la palabra en el plano del discurso político que, a su vez, podría ser la fuente de un tipo de literatura cubana dentro de la revolución".

Pero no es a la historia de una relación marcada por los extremos a lo que queremos referirnos, sino a las más recientes manifestaciones de la lamentable prostitución que han ejercido muchos, muchísimos intelectuales, ante el gobierno que ha ejercido su poder en Cuba durante 47 años. Tan lamentable como los primeros progroms ejercidos por los propios escritores, pintores y artistas cubanos en general contra determinadas figuras que mantenían digna distancia del régimen, es la que hoy se vive en los círculos culturales de América y Europa.

Es lamentable y digno de un profundo sicoanálisis el masoquismo de los escritores y creadores cubanos que lamen la bota que los amordaza, que la han lamido durante años, que siguen lamiendo luego de sufrir consecuencias a veces tan tristes como es la de no poder publicar durante decenas de años, o ser obligados a retractarse de sus expresiones o simplemente y más frecuentemente, ser discriminados por sus ideas. Pero aún más aberrante es el genuflexo lacayismo de aquellos que, viviendo en otros países, siendo hijos de entornos y realidades diferentes, no se sonrojan para ladrar como perros y mover la cola ante el amo y dictador caribeño. Quizás pudiéramos pedir que sean justificados los que vivimos en la isla, por la enorme presión, porque no todos nacemos para héroes, porque muchos no queremos ser mártires o porque casi medio siglo de dominación y control sicológico afectan, confunden o convencen -a pesar suyo- al más estoico descendiente de los primeros pensadores griegos. No tienen justificación alguna los que desde la comodidad de no estar allí donde las papas queman, se aferran a una visión edulcorada, distorsionada y criminalmente persistente de una dictadura que dura ya casi medio siglo. Como tampoco la tienen muchos intelectuales corruptos que aún se prostituyen en el lecho de una revolución- entre comillas- tan larga que ya ha dejado de serlo para convertirse en una contrarevolución. Pero empecemos por casa.

El Granma es el diario oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, es decir, del gobierno de Fidel Castro, para decirlo sin tanta rimbombancia. Pocas veces ha publicado el Granma un poema: la élite revolucionaria se autocaracteriza por su machismo a ultranza, por su condición de valientes de armas tomar. Las fragilidades poéticas no son cosas bien vistas. Todavía recuerdo el infamante texto -me resisto a llamarlo poema- de Pablo Armando Fernández publicado cuando el poetastro decidió alabar a Fidel Castro por su cumpleaños o por su caída en Santa Clara. Ahora el mismo libelo publica otro texto, esta vez del flamante Premio Nacional de Literatura Angel Augier. Baste citar su título y la primera frase:

"Fidel. En todo el mundo, en voces de alegría se oye un nombre de Cuba que en los labios florece".

Y lo mejor de todo es que el proto-poema fue escrito, según pie de texto, en julio de 2006. ¡Ah, maravillas del amor filial! ¿Intuía -los poetas y los profetas parecen tener el mismo origen, más allá de la semántica- acaso la enfermedad del Comandante? ¿O usó un recurrido artilugio de cursilería datando el texto un poco antes de su creación? Triste figura y triste soledad la de alguien que alguna vez, hace mucho tiempo, tuvo su propio cerebro... y le funcionaba adecuadamente al menos. Líbreme Dios de la octogenaria decadencia.

Pero hay más malas yerbas en la viña del señor. Uno de los creadores del Movimiento de la Nueva Trova o canción protesta, como entonces dio en llamarse, fue Silvio Rodríguez. Otro de los fundadores fue Pablo Milanés. Aclamado por los jóvenes cubanos cuando canciones suyas eran prohibidas en los medios de difusión oficiales y parecían -sólo parecían, eran espejismos dibujados con habilidad de artista-, Silvio fue derivando a una apología del régimen que hoy lo lleva a declarar que regalaría hasta su vida al Comandante. Quizás su matrimonio con una hija de cierto personaje influyera en tan profunda concientización. Nada tiene que ver, pensará él, que siga cantando Guajirito soy... mientras toma únicamente whisky escocés, una bebida tan ajena al guajiro cubano. Su contrafigura, Pablo Milanés, que en cierto momento fuera recluído -como muchísimos intelectuales y jóvenes en la Cuba de los años 70- en un campo de reeducación por medio del trabajo forzado, las famosas Unidades Militares de Ayuda a la Producción-, ahora se baña en la piscina climatizada de su modesta casa en Cuba y se limpia el trasero con papel higiénico traído especialmente de México. No es de extrañar entonces que le escriba una romántica carta deseándole una pronta recuperación al dictador de Cuba y que se despida con un no menos romántico Tu Pablo Milanés. ¡Alucinante! Si a veces pienso que el café mezclado con chícharos que se consume en Cuba le ha hecho daño a mi percepción de la realidad.

Limitado por la extensión e inmediatez aceptables que debe tener este comentario no hablaré de otras manifestaciones recientes de seudointelectuales como Roberto Fernández Retamar, el inculto Ministro de Cultura o el flamante Presidente de la Unión de Escritores y Artista de Cuba que nada preside.

Un segundo tipo de relación incestuosa y casi carnal entre ciertos intelectuales y Fidel Castro, es la ejemplificada por figuras como la de Norberto Fuentes, quien luego de vivir durante muchos años a la sombra de los altos círculos de poder tuvo la peregrina idea de intentar marcharse de Cuba en una balsa rusa (¿!) y que ahora, luego de escribir una autobiografía apócrifa -porque nadie que no sea la propia figura puede autografiarse- se ha hecho de un blog en un conocido diario español. Tan falsas como su maniobra propagandística con el título de la biografía de Fidel Castro, son sus opiniones diarias sobre temas políticos, sociales y culturales cubanos. Es un ejemplo vívido de como el maridaje entre los artistas y los políticos dejan sus huellas indelebles en las mentes de aquellos que son por naturaleza más sensibles, más humanos que los políticos. Aquí se hace bueno lo que el excelente libelo Manual del perfecto idiota latinoamericano compara con la conocida canción Que un viejo amor, ni se olvida ni se deja...

Es el turno entonces de los alcahuates extranjeros. Y es difícil decidir por quién comenzar, quién es más... más. Pudiera ser Gianni Miná, el italiano que no ha sido capaz de ver las similitudes entre un Castro y un Mussolini, o el dominico brasileño Frei Beto. El latinoamericano, autor de un libro que ha devenido en antológico para tanto confundido estudiante universitario, seudointelectual o aprendiz de izquierdista en esta América nuestra, titulado Fidel y la religión, en el que describe la afición del Comandante por los camarones dorados en un aceite especial, que nada tiene que ver con el picadillo de soya con aceite de pésima calidad que comen los simples mortales en Cuba, ha dicho (asegúrense de leerlo bien, por favor...):

"Es que somos hermanos en Cristo y hermanos en Castro".

Y esta frase me ha recordado aquella otra de nuestro primer indio rebelde, Hatuey, quien al ser condenado por los conquistadores españoles a morir en la hoguera y explicarle el sacerdote español los beneficios de arrepentirse de sus pecados e ir al cielo, preguntó si aquellos -los soldados españoles- también iban allí, y al conocer la respuesta afirmativa respondiera algo así como Pues yo no quiero ir a donde van ellos... Con semejantes sacerdotes -que me perdone Dios por pecador- no hace falta Satanás. ¿Cómo puede un sacerdote católico igualar a Cristo y a Castro, como no sea por otra cosa que la semejanza de sus grafías españolas?

Una anécdota, contada por el Premio In-Noble de Literatura Gabriel García Márquez a otro sacerdote -¡Dios mío, dónde estás?- y cuasipoeta, el nicaraguense Ernesto Cardenal: el Comandante ha terminado de leer una novela de García Márquez en la noche, y en la mañana siguiente le ha expuesto un profundo análisis de la misma a su autor. ¿Entonces, la evidente falta de cultura de Fidel Castro encubre una capacidad intelectual tan excelente? Porque para los cubanos que vivimos en la Isla durante 47 años sintiéndolo día a día, escuchándolo durante horas que suman días enteros, semanas, meses, años, de interminables y recurrentes discursos, es palpable su abismal incultura cuando cita fechas equivocadas, hace análisis simplistas de acontecimientos históricos o sociales, confunde nombres, pronuncia mal el español, incurre en errores de concordancia y de todo género, ofende como cualquier verdulera de vecindario a personalidades de otros países y una interminable lista de etcéteras. Recuerdo -la memoria es a veces un látigo para los hombres-cuando al iniciar ante las cámaras de la televisión su campaña propagandística de venderle una olla de presión a cada hogar cubano, preguntó si la palabra olla se escribía con h o no. ¿Cómo hay cretinos que puedan decirme y hacerme creer que es un hombre que lee, capaz de analizar profundamente una obra literaria?

Pero Ernesto Cardenal va aún más lejos y escribe en una Semblanza de Fidel, publicada en la víspera del 80 cumpleaños del dictador en el ya mencionado diario Granma:

"Es un genio también en una gran cantidad de conocimientos. Es profundo en temas de agricultura, en temas de medicina, en economía (tal vez el más grande experto mundial en cuanto a la deuda externa), en electrónica, recursos energéticos, y muchas cosas más. (...) Como alguien que lo ha tratado personalmente algunas veces, puedo atestiguar que es una personalidad fascinante: afectuoso, de voz muy suave, cortés, y aun tierno. Familiariza con cualquiera desde el primer momento. Es ingenioso, ocurrente, y siempre hace reír...

Excepto cuando se irrita y ordena fusilar a tres jóvenes que secuestran una embarcación para huir del país sin dañar a nadie, o cuando responde a preguntas embarazosas de periodistas como Juan Manuel Cao. Y para aquellos que no me crean que vean una vez más el video de su ataque de histeria y agresividad inusitada en la reciente cumbre del Mercosur. Y concluye Cardenal:

Todo esto explica que para el pueblo de Cuba haya sido un personaje indispensable, que haya gobernado por tanto tiempo (no por las armas, pues no gobierna por las armas) y que tenga tan inmensa popularidad."

Bueno, no sabía que el ejército cubano, que llegó a tener una fuerza expedicionaria en Africa durante trece años y era en su momento uno de los más grandes y mejor equipados ejércitos latinoamericanos, amén del inmenso aparato represivo del gobierno, está desarmado.

Para terminar este recorrido por los complicadas, incestuosas y a veces carnales relaciones que establecen los intelectuales y los dictadores tan brillantes como Fidel Castro (que otra cosa son los dictadores de derecha, tan poco dados a la literatura y al arte, a los que sí hay que criticar y enlodar más allá de lo merecido), vayamos ahora al extremo opuesto, pero por lo mismo -por aquella máxima hermética de que los extremos se tocan- igualmente reprobable: un escritor cubano que publica nada menos que en El Nuevo Herald (considerado por la propaganda gubernamental cubana el non plus ultra de la prensa reaccionaria) hace un llamamiento a enterrar... a José Martí. Aunque admite que

Por supuesto que es tonto, además de injusto, el achacarle a Martí toda la chapucería que se acumula a lo largo de nuestra historia.

Alejandro Armengol -sostenedor también de otro blog llamado Cuaderno de Cuba- escribe:
"Creo que para los cubanos ha llegado la hora de enterrar a José Martí. No se trata de olvidarlo, sino de bajarlo del pedestal que sólo sirve de provecho a los arribistas de cualquier tendencia. Otorgarle el valor merecido a sus escritos y dejar que los críticos valoren sus versos --algunos brillantes, otros mediocres-- y los historiadores continúen analizando su papel en la fundación de la república cubana. (...) Es lamentable que en la formación de la nacionalidad se sobrevalore un cuerpo rector formado por frases brillantes, que forman un catecismo de fácil manipulación, propicio a todos los usos. Pensamientos en los que lo luminoso de la palabra dificulta encontrar lo efímero de su contenido. Lugares comunes que nos parecen únicos por lo ejemplar de la escritura."

Entre estos extremos, acorralada por los perros que ladran, por los defensores de la fe que traicionan la esperanza de un pueblo desesperanzado y por la endeblez ética de profesionales e intelectuales que yerran el camino, se mueve la Cuba de hoy, como carro de hojas marchitas -no verdes- que marcha lenta, pero inexorablemente, a su cita con el destino, ahora o en algunos años más, en medio de una lamentable ausencia de coraje intelectual, del equilibrio justo y necesario tan ajeno a los cubanos, como nos reprochara el dominicano insigne, Máximo Gómez. Pobre Cuba, cuando llegue tu hora, en medio de una transición pacífica -cada vez más inalcanzable- o de una conmoción social que puede devenir sangrienta, ¿dónde estarán los intelectuales cubanos en primer término, y dónde los perros que adularon al sátrapa?