| Poco
después de la caída del Muro de Berlín, esa ignominiosa muralla
que construyeron los comunistas en el lado este para impedir que sus habitantes
pudieran escapar del "paraíso de los trabajadores" , ví
en Miami un montaje gráfico muy ingenioso en una galería de Lincoln
Road, donde se mostraba un auto hipotético, con la mitad delantera de un
Mercedes Benz, y la otra mitad trasera de un Trabant. La imagen era tan apabullante,
que no hacía falta discurso explicativo alguno. Como la mayoría
de las personas son de poca memoria ( o de poca cultura), explicaremos mejor el
ejemplo citado: el mismo país, el mismo pueblo, la misma cultura; con dos
sistemas socioeconómicos distintos, obtuvo resultados tecnógicos
muy desiguales, lo cual continúa sucediendo hasta nuestros días
en la península de Corea. Pero en el caso del documental que nos ocupa,
cuando las dos "mitades" son contrastadas desde el punto de vista del
ballet, estrictamente hablando, la mitad con el Mercedes Benz está del
lado comunista, en esa Cuba "de Fidel". Y es que la documentalista
norteamericana Frances MacElroy ha escogido precisamente uno de los escasísimos
rubros o aspectos del caleidoscopio cultural cubano donde la balanza se inclina
a favor de la "Revolución", para tristeza de los que vivimos
en democracia, y supuesta vergüenza para los democráticos gobiernos
estatales y gobierno federal de los Estados Unidos. Y es que parece ser que
las democracias no se llevan bien con el ballet clásico, y que son los
estados totalitarios los que apoyan con todas sus fuerzas este tipo de manifestación
artística, como tan bien plantea la crítica Isis Wirth en su reciente
libro "Después de Giselle". En el caso cubano, en 1956 el
gobierno de Batista le retiró la subvención estatal a la compañía
de ballet que desde 1948 Alicia, Fernando y Alberto Alonso habían logrado
fundar con tanto esfuerzo y éxito en La Habana, mientras que a partir de
1959, el Ballet Nacional de Cuba recibiría todo el apoyo de Fidel hasta
nuestros días. Cuando Margarita se encuentra con Ramona, la pelea es
de mono amarrado contra león suelto; mientras Margarita ha tenido que hacer
hasta ventas de garage para recaudar fondos para su academia privada de ballet
en Pensilvania, Ramona dirige la Escuela Nacional de Ballet, con todo el apoyo
del estado totalitario. Como estamos hablando de ballet, no diremos que Margarita
ganó la libertad y que ha podido vivir 40 años en democracia, sino
que desde el punto de vista de realización como bailarina y como maestra,
la balanza se inclina sin lugar a dudas del otro lado: Margarita se hubiera consolidado
como la quinta joya, y por sus manos de maestra hubieran pasado cientos de talentosos
bailarines de la afamada escuela cubana de ballet, como hoy puede decir con justificado
orgullo su hermana Ramona como directora y maestra de esa misma escuela. Lo
que hay que hacer entonces de este lado en que vivimos en democracia es exigir
a los gobiernos estatales y al gobierno federal que en vez de gastar tanto dinero
en guerras sin fin, sin razón y sin fruto como la de Iraq, apoyen y subvencionen
la cultura de cada ciudad norteamericana, para que, por ejemplo, Pedro Pablo Peña
y Magaly Suárez puedan robustecer la compañía del Ballet
Clásico Cubano de Miami, que con tanto sacrificio han logrado fundar contra
viento y marea, y que nos ha brindado ya un "Giselle" y un "Lago
de los Cisnes" de altura.
Baltasar Martín.
|