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La publicación
en un solo volumen de cuatro ensayos magistrales del economista
cubano Raúl Maestri Arredondo (La Habana, 1908 - Manassas,
Virginia,1973) publicados hace más de medio siglo, en Madrid
el primero y en La Habana los restantes, es, por varias razones,
un acontecimiento mayor para los historiadores y estudiosos del
pensamiento político en Cuba, y por extensión, en
el mundo hispánico.
Desde que entré
en conocimiento, gracias a mi amistad con Regina H. Maestri, viuda
del autor, de la existencia de las cuatro obras capitales que
hoy compilamos, temblé ante el abismo que separaba al valor,
el peso y la magnificiencia del trabajo de Raúl Maestri
y el desconocimiento involuntario u olvido malintencionado, incluso
entre los corifeos de la cubanología, no digo ya de la
existencia, sino de la vida misma de este hombre extraordinario.
Debo aclarar que un primer intento de rescatar a la figura de
Maestri se concretizó en un ensayo que le fuera dedicado
por su amigo, el escritor José Ignacio Rasco y que quedara
plasmado en el volumen de estudios republicanos cubanos 1902-2002
Centenario de la República Cubana (Ed. Universal, Miami,
2002) que con motivo de esta magna conmemoración publicó
la asociación que para estos efectos fundáramos
Javier de Castro y quien escribe en las postrimerías del
Centenario. Sin embargo, a la excepción del mencionado
ensayo y la generosa fidelidad de su autor, las tintas no corrieron
y nada más se oyó decir, ni en meras citaciones,
de la figura cimera a la que con orgullo y sentido de responsabilidad
hemos entregado junto a la editorial Aduana Vieja no pocas horas
de intenso trabajo para su rescate.
Las obras de Raúl
Maestri que volvemos a abrir para Cuba y para el mundo son, siguiendo
el orden cronológico de sus ediciones príncipes:
El Nacionalsocialismo alemán (Ed. Biblioteca Nueva, Madrid,
1932), Notas de la URSS (Ed. José Montero, La Habana, 1936);
Arango y Parreño: el estadista sin Estado (Ed. Publicaciones
de la Secretaría de Educación, La Habana, 1937)
y La prensa y los nuevos problemas de la cooperación hemisférica
(Ed. Diario de la Marina, La Habana, 1941).
Tal vez quien mejor
resume la razón del incomprensible olvido de Raúl
Maestri sea el propio José Ignacio Rasco al recordar en
su ensayo que en medio de la abundancia o variedad de temáticas
cubanas "el bosque no deja ver el árbol". Y de
ello se trata al hablar de este insigne cubano, de un árbol
cuyas raíces han bebido en la fuente del saber, en la Alemania
de entreguerras donde fue alumno del profesor austríaco
Joseph A. Schumpeter, en la Universidad de Heidelberg; en la propia
España de Ortega y Gasset, con quien se relaciona durante
su paso por Madrid y quien escribe un entusiasta prólogo
e insta al joven cubano a la publicación de El Nacionalsocialismo
alemán; o en la propia Universidad de La Habana donde se
gradúa de Derecho y publica su tesis "El latifundio
en la economía cubana" (1929).
Árbol fructífero
de su tiempo, Raúl Maestri escondía sin saberlo
en el abundante follaje de su conocimiento al enemigo celoso de
su estrella. Entre cubanas querellas El Nacionalsocialismo alemán,
profundo estudio de las bases de esta ideología escrito
en Colonia, valiente desafío que desmantelaba antes de
su triunfo el carácter propagandístico de la misma
y premonición escalofriante de la fuerza destructora que
significaría para Alemania y para el mundo, fue, por así
decirlo, un libro que pasó con más penas que glorias
en la "piñita" de la élite intelectual
de la Cuba que giraba sobre la sempiterna órbita de su
propio ombligo, siempre fuera de la órbita que regía
y rige el destino del orbe.
El Nacionalsocialismo
alemán, siendo probablemente el mejor libro en letras hispánicas
que hasta ese momento denunciara al nazismo, con instrumentos
tan precisos que aún hoy me parecen más propios
de la disección científica que de sus remedos pamplinescos,
quedó soslayado, aún sin que se le leyera, por el
simple hecho de llevar en su portada la imagen del Führer
saludando (y saludado) por las enardecidas masas poderosas y anónimas
de la Jugendbewegung y del Sturnmabteilungen alemanas. En el follaje
frondoso de la sabiduría de Maestri se camuflaban, muy
a pesar de él y bajo éste u otro pretexto, los envidiosillos
de siempre: los que sabían que aquel cubano había
dado el salto que exige del pensador tocado por la gracia el selecto
círculo de hombres universales, abarcadores y hacedores
de historia. Y le faltó tal vez valor al autor para elevar,
en medio de aquel recelo y hostilidad rival, y con la misma fuerza
con que lo hizo en su libro en contra del embaucador nazi, la
voz de su propia defensa. Con ello quiero dejar dicho que los
cubanos no sólo perdimos a Raúl Maestri entre las
ramas oscuras de revoluciones, censuras, éxodos y exilios
posteriores, sino que lo perdieron también aquéllos,
y nosotros, en lo que tal vez hubiera sido el mejor libro sobre
la ascención y la caída de la Alemania Nazi, si
se hubieran abierto, como lo merecía, de par en par, las
puertas a El Nacionalsocialismo alemán, premonitor y agudísimo.
Y es que leer en los
albores de un nuevo siglo el enjundioso ensayo que inaugura esta
compilación significa entender, desde sus inicios mismos,
al nacionalsocialismo en el contexto del existencialismo del alemán,
del pueblo que buscaba su derrotero con una visión épica
y una esencia trágica de su historia entendida como avatar.
Ahí están, enumeradas y profundizadas por Maestri
las premisas de su éxito inicial, de sus accidentes y lecciones
superadas, de sus estrategias y elecciones políticas, de
su ausencia de programa racional y de su panfletaria promesa de
desquite y mejoría, de su mella gradual en la psicología
del alemán, de la estricta responsabilidad histórica
de un caldo de cultivos económico y social generado tras
la derrota humillante de una fallida primera guerra, unido a una
propensión de carácter grosso modo nacionalista
que permitió que una ideología de escamoteo germinara
y floreciera en amplios sectores aparentemente incompatibles.
Lo aclara Maestri en
las primeras páginas de su ensayo: "Alemania fue entusiásticamente
a la guerra, como a una cruzada o a una romería".
Con un análisis estricto del vacío que gangrenaba
a las diferentes fuerzas políticas alemanas, el autor estudia
con objetividad la opción alentadora que podía significar
una ideología germanizante (esencialmente antisemita),
demagógico-idealista, "lirista" y nacionalista
de raíz étnica y popular que amnistiara al sentimiento
de frustación y de dependencia de una nación de
pasado imperial. Cabe recordar, como lo hace Maestri, que a las
causas faltaban un cauce y un encauzador, o sea, el héroe
mítico, que a la imagen de Federico de Prusia que se autodeclaraba
"Criado del pueblo", añadiera la aspiración
del hombre alemán saturado de cultura (no necesariamente
culto) de satisfacer su debilidad "primitiva" por la
vía de los atributos marciales, la disciplina y sobre todo,
la obediencia ciega.
Al vuelo, Raúl
Maestri roza, y en ocasiones ahonda, en consideraciones que asombran
por la contemporaneidad de sus enunciados. Cito, por ejemplo,
la conciencia clara con que evoca la vaguedad de criterios que
definen como "izquierda" o "derecha" a las
fuerzas motoras de la vida política de un país.
También la acuciante sospecha de la fragilidad de la democracia
desde su concepción misma y sus facilidades, o aún
la inercia de la masa de electores, absorta por el caos político,
y en consecuencia, incapaz de ofrecer nuevas disyuntivas al tablero
político de una nación. En el caso específico
del nacionalsocialismo alemán lo deja muy claro: "[...]
ha alcanzado una condensación de energías tal, que
no se disolverá fácilmente 'sin intentar antes'
su plena realización". El entrecomillado dentro de
la frase es mío, por cuanto deseo recalcar que ese 'intento'
que destaca Maestri, no fue otro, pocos años después,
que la expansión y la guerra.
Con el segundo libro,
Notas de la URSS, sucede que se trata de una compilación
realizada por el propio Maestri de artículos publicados
en el Diario de la Marina, en el semanario Orbe y en la revista
mensual Grafos. Todos ellos frutos del viaje de cinco semanas
que, en 1932, saliendo en tren desde Berlín, realizó
por las ciudades soviéticas de Leningrado, Moscú,
Rostov, Charkov y Kiev.
Los artículos
de Maestri sobre la "revolución de los Soviets",
vistos desde la perspectiva de nuestro tiempo, a más de
una década del desmoronamiento del comunismo y la apertura
de los archivos del horror estalinista, pudieran tildarse, sin
temor a equivocarnos, de ingenuos e, incluso, connotadores de
cierto entusiasmo con respecto al sistema que se ponía
en marcha en la Unión Soviética de entonces. Raúl
Maestri reconoce en no pocas ocasiones la incompatibilidad entre
la aspiración teórica del sistema que se intenta
construir y la realidad distante de sus resultados inmediatos.
Mas no se adelanta, ni se esclarece, en sospechar que la maquinaria
demoledora del régimen soviético escondía
una razón dictatorial de mayor envergadura. Su viaje a
la extinta Rusia y su asombro honesto son, ideológicamente
hablando y a los efectos del periodismo resultante, equiparables
a los errores cometidos, en un inicio también, por el filósofo
francés Jean-Paul Sartre después de sus dos viajes
a la Cuba de principios de los sesenta.
Ahora bien, de la misma
manera que Raúl Maestri, de educación y modo de
vida burgueses, conocía las deficiencias y estado crítico
del capitalismo incipiente cubano y las profundas dificultades
del mismo sistema en un orden internacional; de la misma manera
con que pudo predecir el movimiento de fuerzas políticas
alemanas que zanjarían el camino para el triunfo devastador
del fascismo; no logró, tal vez falto de precedentes o
demasiado embuido por la lectura de teóricos del marxismo,
descifrar en medio de la demoledora realidad soviética,
las tenazas de hierro que se cernían sobre la libertad
del espíritu y el derecho individual a la emancipación.
Tampoco así las ínfulas imperiales del régimen
de Moscú.
Al margen de estas
consideraciones, me parece justo anotar que al menos treinta y
cuatro de estos artículos, fueron publicados durante los
meses de noviembre y diciembre de 1932 en el Diario de la Marina,
bajo el consentimiento de su director José Ignacio Rivero.
En cierta medida, semejante disposición en las páginas
de un diario tradicionalmente tildado de conservador por la propaganda
del totalitarismo cubano de hoy, no puede resultar más
que sorprendente, a la vez que deja clara evidencia de la saludable
libertad de prensa en la Cuba republicana.
Quizás en este
sentido el artículo más esclarecedor de cuantos
integran este segundo libro sea "Dictadura y democracia".
En él emerge la contradicción que el joven Maestri,
de apenas veinticuatro años, no pudo resolver entonces.
"La dictadura soviética es férrea", nos
dice, y enumera el estado de constante sobresalto, de miedo, de
delación y de desconfianza en que vive el hombre soviético,
vigilado día y noche, por las siniestras oficinas de la
GPU y por los propios ciudadanos. Nos cuenta incluso que el material
fotográfico del que disponía tuvo que entregarlo
a los servicios de inteligencia para que censuraran, sin justificación
verbal alguna, las imágenes que no deseaban dejar salir
del país. Sin embargo, al final de ese mismo artículo
incurre el propio autor en el error de considerar que la democracia
y la libertad, tal y como son concebidas del otro lado de la cortina
de hierro, son un lujo que determinadas sociedades en perpetuo
estado de acoso, como la soviética, no pueden permitirse.
Es el mismo razonamiento que, décadas después e
incluso más allá de la caída del muro de
Berlín, practican no pocos intelectuales de Occidente con
respecto a Cuba en su hipotética posición defensiva
con respecto a Estados Unidos.
Finalmente, otro artículo,
"De puertas adentro", describe sin subterfugio alguno
el estado calamitoso de la vivienda y de la vida privada (inexistente)
en la URSS. En él descubrimos la naturaleza honesta de
Maestri que no oculta al lector cubano las inclemencias del sistema
describiéndolas de forma descarnada y sin ápice
alguno de simpatía. Este artículo, y otros en los
que aflora ya el impacto de las garras del sistema político,
permiten crear un balance justo de la obra. No creo que Raúl
Maestri estuviera vendiendo la imagen del sistema para que se
implantase en otras partes del planeta. Más bien me parece
que estaba intentando comprender y descifrar, o a lo sumo justificar,
el contexto en que había surgido el mismo. Probablemente
sea éste el punto débil de la visión histórica
del eminente cubano, o sea, el hecho de recurrir (en el caso de
la URSS) a un método comparativo que supone que cualquier
desmán o atrocidad inherente al sistema sería poco
si se le comparara con el régimen precedente, en este caso,
el zarismo. El mismo error lo siguen cometiendo, décadas
después, ilustres del pensamiento universal cuando al referirse
a la Cuba contemporánea se aventuran en similares balances
restrospectivos.
El tercero de los ensayos
de Maestri que publicamos concierne directamente a Cuba y en específico
a la notoria figura de quien, de alguna manera, puede ser considerado
nuestro primer economista de preclaro juicio: Francisco de Arango
y Parreño (1765-1837). Se trata de una conferencia conmemorativa
del centenario de la muerte del mismo y, en mucho, deudora de
las investigaciones emprendidas por el autor para su tesis de
doctorado.
Francisco de Arango
y Parreño fue, en su tiempo, el dueño del central
azucarero más grande del mundo. Además de plantócrata
de primer orden fue también el primer gran estadista de
América, cabal conocedor de las leyes de la economía
y del efecto nocivo de las cláusulas monopolizadoras de
la metrópoli española sobre la economía de
las colonias. Medio siglo después, otro brillante economista
cubano, Manuel Moreno Fraginals, apuntó que el Discurso
sobre fomento de la agricultura en La Habana (1787), obra de Arango
y Parreño, era "una lección de economía,
franca, sin más preocupaciones éticas que el dinero
ni más objetivos que la producción de azúcar
a bajo costo". Fue también el primer tratado en castellano
que analiza técnicamente el manejo de una empresa fabril.
Ignoro si Moreno Fraginals
conocía el trabajo de Maestri. En todo caso, no lo cita,
y sus fuentes parecen atenerse exclusivamente a las bibliografías
activas. Sin embargo, una vez más, Raúl Maestri
se adelanta, sin por ello ser reconocido, a lo que luego se ha
dado por letra acuñada, y que no pocos repiten como propia
cosecha.
De este modo, el tercer
ensayo de este libro abarca la dimensión del homenajeado
en ámbitos relacionados con la economía, la sociedad,
la cultura y la política. En ellos, sin proponérselo,
por puro instinto cívico y apego a su tierra, Arango y
Parreño disertó y dejó abundante material
que en sus inicios no había concebido para la publicación.
Maestri, conocedor de las cuestiones de historia cubana, ofrece
la muy aguda apelación de "Estadista sin Estado"
al hombre que de haber crecido en otro contexto hubiera podido
aplicar y hacer aplicar sus ideas novedosas y su amplio sentido
pragmático de la economía.
Finalmente, el cuarto
trabajo aquí compilado, La prensa y los nuevos problemas
de la cooperación hemisférica, resume la larga intervención
de Maestri en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Missouri,
durante la trigésimasegunda Semana del Periodismo, ocurrida
entre el 13 y el 17 de mayo de 1941. Desde aquella tribuna, Maestri,
también periodista, representaba al Diario de la Marina,
órgano de prensa para el que trabajaba y del que fue su
Vicedirector.
Resulta muy halagüeño
constatar que el representante del diario más importante
de Cuba aprovecha la circunstancia de aquella reunión para
crear un estado de opinión entre sus congéneres
americanos favorable a la libertad económica de Cuba y
el interés de Estados Unidos de reestructurar la balanza
de comercio cubanoamericano en beneficio de ambos países.
Digo esto, porque lejos de proclamar los méritos del diario
que representaba, olvidándose incluso de ensalzarlo como
cualquier periodista al servicio de su directiva hubiera hecho,
Maestri sacrifica la valorización de las páginas
cotidianas y de su larga historia, para extender argumentos de
interés continental y de particular necesidad para el bienestar
económico de la Isla.
Y no sólo recalca
y recava ayuda para estos fines mediante lo que conscientemente
asocia a un instrumento de utilísimo "poder"
(la prensa), sino que expone criterios económicos certeros
que diversificarían la economía cubana y evitarían
un sismo económico-político en la vida futura de
la nación. Tal premonición resulta admirable y sorprendente.
Hasta aquí,
el hombre actor de la República, siempre pendiente de Cuba
y de la salud de las relaciones internacionales con vista al progreso
y al desarrollo ascendente del hombre. Más de una década
de exilio, en la que también se destacó como consejero
para Asuntos de América Latina del Banco Mundial, bastó
para que su extensa y válida labor se diluyera en el fondo,
a veces impenetrable, de ese cajón de sastre de seres ilustres
que ha dado Cuba, de los que hoy apenas se citan nombres.
Por eso, al preparar
este prólogo y rastrear a través de lecturas y muchas
horas de conversación sobre la personalidad que nos ocupa,
me ha embriagado la certeza de que este libro implica, como ciertos
trabajos de arqueología, un renacer civilizador para la
verdadera historia de Cuba y para los que desde décadas
futuras se enfrentarán a la reconstitución de su
lugar preponderante y de su enorme caudal de ideas.
Ya no es Raúl
Maestri aquel señor agraciado por la sabiduría que
paseaba la soledad bajo las ramas secas de su exilio invernal
a la espera de los cerezos en flor. Del follaje de ese tronco
abaluartado de nuestra historia han brotado, sin hojarascas, las
ramas reverdecidas de su propia labor. Puede el cubano insigne
y el humanista universal alcanzar ya, de su propia mano, esté
donde esté, el fruto deleitoso de la justicia.
* Prólogo de la edición de Obras Escogidas, de Raúl
Maestri, Editorial Aduana Vieja, Valencia, 2006.
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