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TODOS LOS HOMBRES DEL COMANDANTE
Juan González Febles

 

LA HABANA, Cuba -

Servir al Comandante, más que oficio, es profesión de fe. Se gana tanto
como sirviendo al Diablo, y se pierde en proporción adecuada. Son muchos los
hombres que le han servido con lealtad. Entre ellos están los que lo han
hecho embriagados de patriotismo, con la esperanza y el corazón puestos en
la idea y no en el hombre. Estos se extinguieron mucho tiempo ha.

Quedan los que consagran su servicio al hombre, éstos son los hombres del
Comandante. Son personas con hábito castrense y castrista. Preparados para
la bala, pero también para el insulto y el escarnio público. Algunos han
llegado a ser abofeteados. La norma es que los caídos en desgracia se
humillen. Pero los hay que rompen diques. Como el otrora poderoso empresario
de construcciones civiles que retó al Comandante a liarse a puñetazos y
acabó ocupándose de la basura en un oscuro municipio habanero.

Entre los castristas hubo y hay gente digna. Uno de ellos fue el ex
canciller Robaina. ¡Quien lo diría! Robaina, bautizado por su pueblo de
bromistas como "pulovito" o como "Salsero Mayor", por insistir en ser quien
era y por ende, vestirse y pensar como le dictaba su cabecita, fue digno en
su caída. Hoy, trabaja envuelto en la atmósfera fluvial del contaminado río
Almendares. Se ocupa de problemas resueltos y asuntos sin importancia.
Comparte estas responsabilidades con otro ex ministro en desgracia.

Otro de los hombres del Comandante en desgracia es el célebre José Luis
Padrón. Este fue uno de los golden boys del antiguo Ministerio del Interior.
Compartió castings con Antonio de La Guardia, el condotiero chileno Carlos
Alfonso ("Guatón", Max Marambio) y toda aquella ilustre banda de forajidos.
Luego de ser humillado, perdió además a su hija adolescente en un oscuro
incidente vinculado a su defenestración.Dicen los que le conocen que
permanece fiel a su Comandante. Sin comentarios.

Todo parece indicar que servir a Fidel Castro es un asunto muy escabroso.

Como apuntamos al principio, equivale a servir al Diablo. Al final se pasa
la cuenta y el saldo suele ser desfavorable para los servidores.

¿Qué me dicen de José Abrantes? El pobre tipo murió en una mazmorra idéntica
a las que usaba contra los enemigos del poder que ostentaba. Sufrió el trato
profesional que contribuyó a perfeccionar. Fue defendido por el mismo Comité
Cubano Pro Derechos Humanos que combatió en sus días triunfales de ministro
castrista. Dio a sus semejantes un ejemplo fáctico de cómo funciona la Ley
de Karma. Murió abandonado, traicionado y solo.

Otro ejemplo clásico es el del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés. No
perdió la vida y conserva los oropeles oficiales. Sólo perdió la confianza
de sus antiguos subordinados del Ministerio del Interior. También la
autoestima. No pudo o no quiso interceder por sus hombres cuando éstos
cayeron en desgracia en 1989. Hoy es un cadáver político entorchado en quien
nadie cree y de quien nadie espera algo.

Ni tan siquiera la familia escapa a este fatum. El otrora súper ministro
Marcos Portal fue chivo expiatorio en la última crisis energética. Luego de
"resuelta" la crisis, la electricidad ha quedado en veremos. Seguimos a
oscuras, las tarifas se incrementan y Doña Yadira no da la luz.

Siempre existen las excepciones que confirman la regla. Una muy
significativa es el general de cuerpo Abelardo Colomé Ibarra -Furry para los
suyos. En 1989 -según fuentes muy confiables- rehusó presidir el Tribunal
que juzgaría a su colega de armas Arnaldo Ochoa. Alegó que el general Ochoa
salvó su vida en una de las empresas internacionalistas en que participaron
juntos siendo jóvenes. A pesar de este gesto, sin duda alguna valiente e
hidalgo, conservó su lugar en la corte. No conozco hasta el presente otro
caso con estas características. Mis respetos, general.

La otra cara de la moneda, la tenemos en el también general Ulises Rosales
del Toro. Este pobre hombre puso su fidelidad al Comandante por encima del
agradecimiento al camarada que también salvó su vida. En su momento presidió
el tribunal que segó la vida de Ochoa, La Guardia y los otros
infortunados.Recientemente fue humillado e insultado en público por el
Comandante. Debe asumir, entre otras cosas, el desastre azucarero. Luego
regresará al regazo protector del número 2. Mejor hubiera sido no salir
nunca de allí, ¿verdad, Ulises? ¡Qué le vamos a hacer! Así paga el Diablo.