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La habana, 13 de febrero de 2006
Comunicación
Desde hoy, un grupo
de 135 cubanos, constituido en sus promotores iniciales, hemos
decidido impulsar esta iniciativa ciudadana que hemos convenido
en llamar ACCIÓN URGENTE CONTRA LA VIOLENCIA.
Estamos observando
cómo la cultura de la violencia, de larga tradición
en nuestro país, se viene imponiendo entre nosotros y queremos
y optamos porque la cultura de la paz pase a la ofensiva.
Esta es una iniciativa
estrictamente cívica que esta llamando a la decencia que
habita en todos los cubanos, y que por consiguiente no responde
a criterios de organización civil, política o de
derechos humanos de los muchos que existen en Cuba. Actuamos únicamente
en calidad de ciudadanos preocupados por proteger a nuestros hijos,
familias, ideas y entornos de la violencia circundante que vive
con nosotros, a veces inadvertidamente, y que, lamentablemente,
se alimenta también de las acciones, proyecciones y políticas
del Estado y sus instituciones.
Creemos que Cuba merece
vivir en paz con sus vecinos y consigo misma, y que nosotros somos
responsables de que esa paz se haga realidad.
Solo estamos por tanto
convocando a todos los cubanos a que apoyen con sus firmas, y
promuevan, esta ACCIÓN URGENTE para constituirnos en una
vigorosa corriente de ecología social y cultural por la
paz, y a que hagamos nuestro el llamado de: NO A LA VIOLENCIA.
Este sería un primer paso de convergencia ciudadana desde
el que imaginar acciones concretas y sistemáticas que desmoralicen
y arrinconen a este flagelo que nos está afectando a todos.
Manuel Cuesta Morúa
Un Promotor
ACCIÓN
URGENTE CONTRA LA VIOLENCIA
En los últimos
años hemos estado asistiendo a un incremento de la violencia
en el mundo. Cada acción violenta es seguida de una respuesta
más violenta aún, en una escalada continua y cerrada
que parece no tener fin. La agresión entre personas, entre
grupos de individuos y entre naciones, es el denominador común
que parece signar esta época. Es un retroceso en la historia
de la humanidad que niega siglos de experiencia y de cultura y
en cuyo transcurso se ha demostrado la nulidad de las posiciones
del fanatismo y de la brutalidad. El empleo de la violencia es
una de las causas cardinales de los problemas y precariedades
del hombre en la actualidad.
Cuba no escapa a este
fenómeno global en que se da el enfrentamiento entre aquellos
que se empeñan en imponer la violencia, y aquellos que
apuestan por una vida en paz donde los conflictos y las diferencias
se solucionen pacíficamente. La violencia, en cualquiera
de sus formas, es una manifestación injustificada del comportamiento
social y responde a actitudes despreciables y destructivas en
tanto socava los cimientos de la civilización y atenta
contra los derechos e integridad física y moral, tanto
de los que la practican como de los que la sufren.
Muchos ciudadanos cubanos
vemos con preocupación -en un país donde no existe
debate público sobre el tema- cómo la amenaza, la
grosería y el insulto sustituyen la comunicación
entre semejantes y al necesario respeto en nuestras relaciones.
La violencia verbal y la violencia física han ganado espacio
en nuestra convivencia a todos los niveles de la existencia cotidiana
y deben ser erradicadas mediante acciones concretas y preventivas.
Las enseñanzas
de la historia demuestran que los logros más significativos
de la humanidad están asociados a la lógica pacífica
del entendimiento mutuo entre individuos, grupos y naciones. La
violencia porta en sí una espiral devastadora que produce
daños irreparables y conduce al peligro de alcanzar un
punto de no retorno. Tiene la propiedad de solaparse, apelando
a recursos engañosos que pretenden legitimar su permanencia:
la violencia doméstica; la violencia desde los medios de
difusión masiva y desde el lenguaje que se inculca a las
nuevas generaciones; la violencia en la comunidad, en los espacios
de convivencia; la violencia contra los diferentes y contra los
que defienden una opinión distinta; la violencia instigada
contra otros, desde las disputas en eventos sociales, deportivos
y culturales hasta los espectáculos que ofrecen los mítines
de repudio, lamentablemente resucitados de ciertas páginas
vergonzosas de nuestro pasado reciente y que ya creíamos
superadas, y la violencia callejera que ha hecho inseguro y hostil
nuestro entorno.
Es preciso que los
cubanos tomemos conciencia de la gravedad de este mal y actuemos
en consecuencia. En una nación de todos, a todos corresponde
asumir su cuota de responsabilidad para imprimir un giro radical
en esta dirección, negándonos a toda actitud de
violencia en cualquiera de sus manifestaciones. No es posible
vivir en paz en una sociedad violenta. El futuro de Cuba depende
de esa paz, un patrimonio común a todos.
Es por eso que un grupo
de ciudadanos, constituido en sus promotores, convoca a esta ACCION
URGENTE CONTRA LA VIOLENCIA para unir nuestras sensibilidades
y hacer -mediante nuestras firmas- un compromiso público
contra este flagelo que amenaza con destruirnos. Este sería
un paso importante a partir del cual promover la cultura de la
NO VIOLENCIA en Cuba.
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