De heroína a disidente

Por Oliver Galak
De la Redacción de LA NACION


Hilda Molina sintió que su corazón se aceleraba.

Tenía 28 años y Fidel Castro, el hombre que tanto admiraba por su liderazgo en la Revolución Cubana, se encontraba a sólo unos metros.

Hilda Molina junto a Fidel

El presidente visitaba la Universidad de La Habana y los compañeros de Molina la empujaron a acercarse.

"¿Cómo te llamas?", le dijo con tono paternal. "Hilda Molina Morejón", respondió, temblorosa.-¿Eres buena estudiante? ¿De qué carrera?

-Soy estudiante de Medicina -dijo la joven con humildad. Sus amigos completaron la información: era el mejor promedio de su carrera.

-¿Qué especialidad te gusta?

-La neurocirugía. Desde niña soñé con ser cirujana de la cabeza.

-¡Ah, neurocirujana! Pero así... tan chiquita y con esas manitas...

El 1,52 metro de estatura no le impedirían 16 años más tarde, en 1987, convertirse en la primera mujer en el planeta en realizar una intervención quirúrgica de trasplante de tejido cerebral con éxito.



El primer contacto de Molina con Castro, contado por la prensa cubana cuando ésta todavía se animaba a hacerse eco de la fama internacional de la médica, sería el prólogo de una larga serie de encuentros entre ambos y de un gran desencuentro final, el mismo que hoy le impide salir de la isla para visitar a su familia.

La mujer cuyo reclamo humanitario provocó la crisis más seria entre los gobiernos de Castro y de Néstor Kirchner nació hace 61 años en Ciego de Avila, a 700 km de La Habana.

Su madre, Hilda Morejón -que hoy, a los 86 años y con un delicado estado de salud, vive con la médica y aspira también a venir a la Argentina- era una habilidosa costurera y ferviente católica. Su padre era un profesor de educación física que se ganaba el sustento como portero de un cine y que llegaría a identificarse plenamente con los objetivos de la revolución.

En 1959, pospuso su decisión de estudiar medicina para militar en las organizaciones comunistas de la provincia de Camagüey, mientras ejercía la docencia. Su identificación con el gobierno cubano era casi total. Pero sería la carrera científica, y no la política, la que llevaría a Molina a ser elegida diputada de la Asamblea Nacional de Cuba en 1993.

Se recibió de médica en 1974 y de neurocirujana tres años más tarde, siempre con las mejores calificaciones. Inició su labor profesional en el Instituto de Neurología de La Habana.

Los logros científicos se sucedían uno tras otro, pero su gran orgullo siempre fue su hijo, Roberto Quiñones, el hombre que por estas horas conmueve al país con su reclamo.

No obstante, a medida que ascendía en su carrera, Molina se ocupaba cada vez menos de su familia. Dos veces se casó y dos veces se divorció, la primera de ellas con el padre de Roberto, cuando éste tenía dos años.

La tenaz investigación científica, la dedicada atención de pacientes, el dictado de conferencias y los contactos con colegas de todo el mundo le absorbían la mayor parte del día, que solía comenzar a las 4 de la mañana.

Dos años y medio estuvo separada de Quiñones a principios de los 80, cuando el gobierno la envió a Argelia en misión médica. Allí comenzó a interiorizarse por las técnicas de restauración neurológica que le darían prestigio internacional.

Esas ausencias fueron suplidas en la crianza del pequeño Roberto por la abuela Hilda. Quiñones suele decir que fue "su segunda madre". Quienes vieron recientemente a la anciana afirman que sólo sobrevive empujada por la devoción religiosa y la esperanza de reencontrarse con su nieto.

La prensa local presentaba a Molina como "la sensación de la medicina cubana" y la mostraba en fotos junto con el presidente cubano.

En 1989 fundó -y dirigió hasta 1994- el Centro Internacional de Restauración Neurológica (Ciren).

Castro solía expresar su orgullo por el Ciren. Con frecuencia recorría sus salas y saludaba a los pacientes, siempre acompañado por Molina. Allí nació su cariño por la médica, aumentado por la pasión que siente el mandatario por los científicos. Un cariño que ahora, tras la "rebelión" de Molina, dificulta la resolución del conflicto.

Entre los pacientes del exterior estuvo el dirigente radical César Jaroslavsky. Permaneció varios meses en Cuba, hasta que recuperó su capacidad de caminar, y estableció una relación personal con Molina: fue testigo en la isla del casamiento de Quiñones con la argentina Verónica Scarpatti.

Antes de irse, Jaroslavsky le dio a la directora del Ciren 10.000 dólares como muestra de su agradecimiento. En lugar de quedárselos para ella, Molina -que hoy vive en un humilde departamento- decidió repartirlos entre los 450 empleados de la institución en forma de regalos navideños (alimentos y ropa). Pero algunos funcionarios cubanos objetaron el gesto por considerar que "estimulaba a los trabajadores con métodos capitalistas".

Otro encontronazo se produjo cuando la neurocirujana rechazó una iniciativa para destinar el área más moderna de ese centro médico a los extranjeros, que abonaban el servicio en dólares, y disminuir el número de camas para los pacientes cubanos. También se opuso a saltear algunas normas del protocolo científico en el tratamiento de los tejidos fetales.

El final

Uno de los hechos que colmó la paciencia de Molina fue que le cuestionaran el casamiento de su hijo con una extranjera. Devolvió las medallas con que había sido condecorada y renunció a su banca de diputada.

Meses antes, en mayo de 1994, el matrimonio Quiñones había partido por razones profesionales a Japón. Un incidente con las autoridades cubanas en el aeropuerto los decidió a no volver a Cuba y radicarse en la Argentina.

Desde entonces, Molina no consiguió la visa para salir del país, a pesar de que antes había participado en numerosos congresos internacionales.

Luego de un par de años sin obtener respuestas, un militar cubano le explicó los motivos: "Usted no puede salir de Cuba porque su cerebro es patrimonio del país".

Paralelamente, Molina comenzó a percibir un hostigamiento: teléfonos intervenidos, seguimientos en la calle, amenazas veladas. Pero nunca fue detenida ni procesada por la Justicia.

Ya en la Argentina, Quiñones inició una cruzada para lograr la salida de su madre. Envió cartas a decenas de funcionarios argentinos y extranjeros, contó su historia a la prensa, realizó gestiones ante autoridades científicas de todo el mundo y logró el apoyo del Vaticano. Fue el gobierno de Kirchner el primero en recibirlo.

Probablemente Castro no lo sepa, pero una de las "manitas" de Molina que llamaron su atención hace 33 años y que salvaron la vida de varios pacientes, la izquierda, está hoy inutilizada: la mujer se fracturó y no quiere ser atendida en los hospitales cubanos.

Su retiro de la profesión es definitivo. Casi tanto como su decisión de seguir luchando para reencontrarse con su hijo y conocer a sus nietos.

Medallas


El 15 de octubre de 1996, Hilda Molina devolvió al ministro de Salud todas las medallas que había recibido de la Revolución Cubana: las distinciones por los 10, 15 y 20 años de servicio en el Ministerio del Interior:
L la orden Ana Betancourt;
:La medalla de la Alfabetización;
Lla medalla Trabajador Internacionalista;
Lla distinción 23 de Agosto;
:La medalla Eliseo Reyes;
E el sello conmemorativo "30 años de los órganos de la Seguridad del Estado;
La distinción 28 de Septiembre; medalla Hazaña Laboral;
Lla moneda insignia conmemorativa "XXXVII Aniversario del 26 de Julio, Día de la Rebeldía Nacional"
y la orden Carlos J. Finlay.


Neurocirujana cubana "emocionada" con solidaridad de argentinos


La Habana, 2 ene (EFE).- La neurocirujana cubana Hilda Molina, que desde hace diez años intenta obtener un permiso para viajar a Argentina para reunirse con su familia, expresó hoy a EFE su "emoción" por la solidaridad recibida de "cientos de argentinos"

Molina, de 62 años, ha intentado hasta ahora de manera infructuosa, junto a su madre, de 86 años, viajar a Buenos Aires donde reside su hijo, Roberto Quiñones, su esposa argentina, además de dos nietos que no conoce

En declaraciones telefónica, la especialista dijo que no hay "nada nuevo" sobre las gestiones del gobierno argentino, "en coordinación" con el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, para encontrarse con su familia

"Sin embargo me siento sorprendida y muy emocionada con las grandes muestras de solidaridad que he recibido de muchas personas comunes y no vinculadas con la política, hacia nosotros", señaló

Explicó que según le ha dicho su hijo y su nuera, que incluso una asociación denominada "Madres del dolor", por los hijos que han muerto por diversas causas, "están realizando oraciones en favor de que se logre nuestro viaje" al país suramericano

"También nos han expresado que están en la mayor disposición de hacer todo lo que esté a su alcance y cualquier tipo de acción pacífica en nuestro favor", aseguró

Agregó que incluso "otras personas igualmente sin vinculación política" están realizando "cadenas de oración en las iglesias", lo cual la hace sentir a ella y a su madre, según dijo, "muy emocionadas"

Relató que una de esas personas le dio a su nuera una medalla con la imagen de la madre Teresa de Calcuta, al la cual, señaló "le pediré para ver si se da este milagro de por ver a mi hijo y su familia"

"Ya realmente tengo pocas esperanzas de que esto se solucione, pero confío en Dios y de él espero que haga un milagro", afirmó Hilda Molina

La neurocirujana dijo a EFE que en días pasados su hijo se entrevistó con el canciller argentino, Rafael Bielsa, y algunos colaboradores, y que espera que la solución pueda lograrse en algún momento de este nuevo año

El conflicto diplomático costó el puesto de embajador argentino en la isla a Raúl Taleb y el de jefe de gabinete de la Cancillería a Eduardo Valdés, a quienes el presidente argentino, Néstor Kirchner, ordenó cesar

La neurocirujana, de 61 años, alega que la negativa a darle el permiso para viajar se debe a que en 1994 renunció al puesto de directora de un centro médico especializado, lo que bastó para que fuera considerada una disidente por el régimen cubano

En la carta de respuesta a la misiva de Kirchner, el presidente cubano, Fidel Castro, ofreció a los Quiñones viajar a Cuba para pasar la Navidad con Molina, propuesta que fue rechazada de plano por la familia.

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