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Luchar hasta el último disidente preso
EFE. LA HABANA


La represión de la disidencia en la primavera del 2003 dio origen a un insólito movimiento en Cuba, las Damas de Blanco, esposas de presos que, dos años después, siguen dispuestas a luchar por la excarcelación del último disidente.

Las Damas de Blanco se preparan para conmemorar, entre hoy y el día 20, el segundo aniversario de las detenciones que terminaron con condenas de hasta 28 años para 75 disidentes, acusados de conspirar con EEUU, atentar contra la independencia del Estado y socavar los principios de la revolución.

En un hecho insólito en Cuba, esposas y madres de los opositores presos comenzaron a unirse para realizar actos pacíficos en demanda de su excarcelación: envío de cartas al gobierno, vigilias y caminatas por céntricas avenidas habaneras.Estas mujeres, que eligieron vestir de blanco para sus reivindicaciones en la calle, creen que su movilización ha servido tanto o más que la presión internacional para lograr la excarcelación de 14 disidentes por motivos de salud.

En estos dos años ''nuestra vida ha cambiado radicalmente, nos hemos unido, hemos adquirido cierta experiencia y nos hemos convertido en las voces de nuestros esposos'', explica Laura Pollán, que era ama de casa antes de que su marido, Héctor Maceda, periodista independiente miembro del Grupo de Trabajo Decoro, fuera condenado a 20 años de cárcel.

''Somos sus ojos, sus oídos, sus piernas fuera. Hemos asumido el lugar que a ellos les corresponde'', dice Laura, convencida de que el régimen comunista cubano nunca pensó en que las esposas de los disidentes fueran a unirse para reclamar su libertad.

''Se les fue de las manos y no saben qué hacer con nosotras, porque no militamos en ningún grupo político'', asegura en una entrevista con EFE.

La estrategia de ''desobediencia civil pacífica'' que han practicado durante estos dos años ha dado buenos resultados, opina Laura, que advierte que las Damas de Blanco están dispuestas ``a seguir su lucha hasta conseguir la excarcelación del último disidente preso''.

Ella no descarta nuevas liberaciones bajo licencias ''extrapenales'' en las próximas semanas, aunque no es demasiado optimista porque ''el gobierno utiliza a los presos como moneda de cambio'', dice.

Es difícil predecir qué puede pasar, insiste, porque ``es un régimen obsoleto, (Fidel) Castro (el líder cubano) está en sus últimos años y el sistema está en los estertores''.

También Berta Soler, esposa de Angel Moya, condenado a 20 años por su pertenencia al ''Consejo Nacional de Resistencia Cívica'' y al ''Movimiento Libertad Democrática por Cuba'', considera que el gobierno no contó con la movilización de las Damas de Blanco.

''Pensaron que las familias se iban a acobardar, que no iban a ayudar, pero ha sido al contrario'', señala Berta, para quien ``el gobierno ha cometido un error, porque ha creado una gran familia que no tiene preferencias por ninguna tendencia política o religiosa''.

Berta protagonizó en octubre del pasado año un plantón insólito de casi dos días en un parque próximo al Consejo de Estado -máximo órgano de gobierno- para exigir el traslado de su marido de una prisión de Granma -unos mil kilómetros al sureste de La Habana- a un hospital de la capital para que fuera operado de una hernia discal.

''Lo que nosotras queremos es que liberen a nuestros familiares y no vamos a descansar ni un minuto de nuestras vidas en los pedidos ni en las protestas para lograr su excarcelación'', afirma Gisela Delgado, esposa de Héctor Palacios, condenado a 25 años.

Gisela confía en la liberación de su esposo, de 62 años, y de otros disidentes presos, en especial los que presentan graves problemas de salud, pero reconoce que ''el gobierno ha sido impredecible'' en este tema.

Más allá de la lucha por la excarcelación de los 61 disidentes del ''Grupo de los 75'' que aún quedan en prisión, estas mujeres creen que ``las Damas de Blanco hemos abierto un camino, y mientras existan presos políticos, otras esposas ya saben cuál es el camino''.