Color




Madres Nuestras, blancas damas.
por Clara Olivia Ocampo

Capítulo 1º.-Vestidas de Blanco.

Por calles de antigua data, todas vestidas de Blanco, despacio, al ritmo delas más cansadas -por la edad o la enfermedad- domingo a domingo avanzan lasmadres de Abril.

Aunque no lo pregonen –son por demás humildes, sencillas, virtuosas y no searrogan la representación de nadie- son el reflejo de todas las madres cubanas que sufren por el hijo preso, lejano, desaparecido o muerto.
Esposas-madres, madres-hijas, madres-novias, caminan en silencio, con dignidad, con los gritos de dolor retenidos, con la lagrimas secas, con la mirada alta y la dignidad rampante.

Solo recuerdan, a los paseantes, a los vecinos, a los esbirros rabiosos que las insultan, que son las madres por excelencia, las que están dispuestas a esperar al hijo, al esposo, al hermano que el poder absoluto retiene injustamente en las ergástulas oscuras de lejanas prisiones.

No se apuran, la maternidad es lenta demora 9 meses y no cejan, el parto es doloroso, pero siguen firmes por que la maternidad es eterna.

Están ahí. Y ahí estarán. Son las madres-esposas, las madres-hijas, las madres-madres¡¡

Porque las madres siempre nos han acompañado, con una sonrisa y una lágrima, con las manos cargadas de pesadas jabas, para complacer un gusto pasajero, para deleitar el sabor de un día, para recordar los olores y sabores de la familia.

No van a preguntar ¿cuando vuelves? Las madres solo van a decir : ¡Aquí estoy y aquí estaré! Vestidas de blanco, despacio, erguidas, en nombre de>las madres que murieron, de las que no pueden estar o están muy lejos, de las madres que no han nacido.

Vestidas de blanco.

¡qué honor!

Recuerdo hoy, a mi madre, viejita, cansada, sonriente, de la mamo Momi Tanaka, o del brazo de la hermana de Paco Almoina, recuerdo su mirada dulce y su expresión segura, Aquí estoy , aquí estaré¡

Recuerdo también a las madres que de lejos, desde exilio, incansables y entusiastas recorrían el mundo y declaraban a los que querían oír y a los sordos también, que en Cuba había mil prisiones llenas de hombres y mujeres dignos que luchaban solo por la libertad. A Teresita González y muchas otras volando de Europa a México y de allí a Brasil, sin descanso; madres de hiero, de mármol, madres de alma.
Pero sobre todo presentes tengo a las madres que dejaron parte de sus entrañas, como impronta final, desgajadas por las balas en un paredón.

Y a las madres presas, heroicas decenas de corazones de oro, que daban su mensaje al mundo tras una reja, desde un celda.

Vestidas de Blanco, por todas. Por las vivas, por las muertas, por las ausentes, por las lejanas, por todas.

Vestidas de Blanco.

¡Qué honor!

Capítulo 2º.-Vestida de blanco y azul.

De los cielos llega ella. Manos abiertas para recibir nuestras penas y consolar el dolor. Madre de Dios. Madre nuestra.

Inmaculada en la concepción, más cargando con el dolor de todos, de los hijos y los padres. Madre excepcional, que vio a su hijo crecer como niño, desarrollar como adulto y morir como Dios.

Madre de esperanza, que fue salpicada con la sangre del látigo y las espinas, y su hijo pediendo en la cruz; madre del consuelo que en medio de su dolor indescriptible, nos aceptó a todos como hijos, cuando de la alto de la cruz Dios-hombre, Hijo-sangrante, dijo: “Hombre ahí tienes a tu madre; madre ahí está tu hijo” y por los siglos de lo siglos recibirá nuestro dolor para consolarlo, nuestras penas para endulzarlas, y que se viste de blanco
también y camina los domingos, por los hijos de todas las madres, por las madres de todos los hijos.

Reina del Cielo, es tu día también, Madre de Dios. Y en lugar de regalarte, te pido un regalo. Madre de blanco y azul, lleva la felicidad a las otras madres, consuelo a su dolor, entusiasmo en su andar.

Madre de blanco azul, en ti confiamos. Tu no distingues ricos o pobres, ni sabes de comercios y comerciantes, de negocios o negociantes, no te preocupas por las inversiones, ni por los votos en la OEA, ni temes al ladrido ni al aullido de la bestia.

Madre nuestra de blanco y azul, protege a nuestras Madres de Blanco.

Capítulo 3º.-Vestida de Blanco, azul y rojo.

Sobre el altar de la patria se eleva ella, con una gran estrella blanca sostenida sobre el pecho. Madre Patria. madre toda.

Madre que naciste herida, en los albores del pasado siglo, que tanto te costó romper cadenas propias y extrañas, madre nuestra. Patria hermosa.

Madre Cuba, cuanta sangre se ha vertido por ti. En la manigua sacra, en las calles de ciudades ciegas. Contra las colonias, contra los colonos de otros cielos y de nuestro propio cielo. ¡Cómo has sufrido Madre Patria!

Hijos traidores, negociantes inescrupulosos, políticos corruptos, hermanos asesinos. ¡ Que dolor para ti, madre!

Hoy en tu día, madre de Cuba toda, venimos caminando tras las madres de>blanco,

a ratificar nuestro juramento de adolescentes. Nunca negarte, nunca abandonarte, defenderte con las uñas, ayudarte a sostener la estrella solitaria -que es guía de nuestro destino- para que su luz se imponga por>sobre los tiranos, los ladrones, los negociantes, los asesinos, los sin memoria. Para que su luz de blanca pureza y claro destino llegué al altar donde solo puede ser honrada la libertad, de donde desplazaremos para siempre a los sumos sacerdotes del odio, de la autocracia, de la mentira.

Epilogo:-Ahí en el altar de la patria, el perfume de María Inmaculada y su luz, recibirá la ofrenda de paz y de amor de las Damas de Blanco, en otro Domingo más que nos acerca al final, donde la Madre de Dios, la Patria Sufrida y las Madres Blancas se unirán para abrazar a los hijos que desterraron el mal.