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LA HABANA, Cuba
Mi muy orejudo y medio tonto burro de Bainoa:
Estoy bastante disgustado con sus rebuznos a medias, sus coces
sin impacto y por su lento trotar hacia las habladurías
que como un día invernal en esa localidad helada pretenden
escarcharnos el calor revolucionario.
Usted, por ser cuadrúpedo, es más cuadro que muchos
de los bípedos que rigen el destino de miles de personas
que habitan ese pueblo alejado de la mano de Dios, y se hallan
a merced, como un juego de yaquis, del lanzamiento que haga la
garra del Diablo.
Por eso es que me inquieta su falta de combatividad y entrega
a las causas perdidas, al trapicheo fecundo de las necesidades
básicas, y vaporizada, embrutecida, o lo peor, habitada
sólo por fantasmas como un Comala tropical sin Pedro Páramo.
Respetado pollino. Su labor en Bainoa es la de ser la oreja de
la nación, una ilustre trompeta con sordina que filtra
los asnales estropicios que cometen algunos directivos de la comunidad,
divorciados de sus responsabilidades públicas y viudos
de la moral y la conciencia, pero auténticos revolucionarios
orales con carné incluido.
¿Cómo es posible entonces, mi admirado huérfano
de mieles y de hierbas, que permita salgan a la luz rumores, bretes,
chismes y algazaras contra el desempeño de sus subordinados
en la conducción económica, política y social
de la comunidad?
¿No pudo explicarle a la señora Regla Duarte, residente
en la calle 7 final -pues de ahí para allá sólo
hay potreros-, Barrio de la Iglesia que si hace sólo siete
años cerraron la panadería del lugar por la rotura
del horno fue para estudiar a fondo las ventajas de la harina
de boniato sobre la de trigo o maíz a la hora de confeccionar
un pan integral, revolucionario, sin ningún componente
o variedad que nos recuerde al capitalismo, amén de la
multiplicidad de usos y efectos?
¿Ella no conoce o ha visto las virtudes del pan de harina
de boniato con el que premiamos al pueblo a través de la
libreta de racionamiento?
Entonces dígale que le salvamos la vida y explíquele
las siguientes ventajas.
De comerlo acabado de sacar del horno que Bainoa no posee, sentirá
como si le cayera allá en el fondo del dulce abismo de
su estómago un puñado de sal con balines de acero,
o algo así como una suela de zapato hervida con polvos
de ladrillos a granel, y en el menos bueno de los casos sentirá
una especie de sacudida telúrica con terremoto activo que
acabará vibrante como
un fuego artificial en sus entrañas, cual nota de pasión
de lo que hacemos y hacemos bien.
Si lo consume al otro día, la cosa cambia. Se pone tan
tieso de lo digno, que puede utilizarse como pisa papel para oficinas,
sujetador de techos que amenazan fugarse del hogar ante cualquier
brisita, arma mortal si choca contra la cabeza del que nos desgalliniza
el patio, piedra de amolar, y machacador de ajos y corojos, entre
otros usos que demuestran su cubanía ciento por ciento
y su calidad de integral.
Ya del tercer día en adelante el pan multipropósito
pasa de su función nutritiva a la estética, pues
comienza a salirle un moho verde digno de la acuarela de un Gauguin
en Tahití, y de ahí se desprende una enredadera
que va formando frondas émulas de los Jardines Colgantes
de Babilonia construidos por Nabucodonosor y regados por su esposa
Amytis, hasta convertirse definidamente en una selva espesa y
nauseabunda que semeja, por el follaje rebelde y la peste atómica,
las riberas del río Almendares, aquí en la capital.
Querido rebuznante:
Espero que no tome a mal estos señalamientos, pero usted
es el rebuzno más autorizado para atajar, si es preciso
a patadas, toda esa campaña de manipulación dirigida
a desprestigiar el nivel de vida de muchas de nuestras poblaciones
del interior -¿La Habana se encuentra en el
exterior?-, como franca señal de envidia por los adelantos
que mostramos en todos los sectores de la sociedad.
Aclarada mi intención de despertar sus dotes como dirigente
de un arria dócil y conciente de que si no le mejoramos
la hierba y el establo es por razones ajenas a nuestra necesidad
de acapararlo todo, quisiera hacerle unas preguntas que me inquietan
antes de cambiar el tema.
¿Usted no habrá visitado últimamente la provincia
de Holguín, pese a que el viaje demora alrededor de un
mes si es en tren, y dos si tiene que hacer la cola para viajar
en ómnibus?
¿No mantendrá correspondencia, sin importar que
la carta llegue al año o no llegue a su destino, con el
burro Pancho IV, ese borrachín redomado que consume en
su dieta de 19 cervezas diarias el equivalente al salario mensual
de un profesional cubano?
Si no es así, disculpe, pero la estirpe de los panchos
terminó muerta e incinerada en un marabuzal por cirrosis
hepática, luego de varios años de infructuosas reuniones
en una Asociación de Alcohólicos Anónimos,
allá en Holguín, tentados a toda hora por el ataque
despiadado de los bucaneros y los mayabes.
Pero volviendo a lo que nos ocupa, ¿cómo es posible
que usted no le haya salido al paso a la señora Regla cuando
expresó que existe un solo teléfono para la comunidad,
que el cine de Bainoa lleva cerrado diez años y la sala
de video no funciona desde 2005?
¿Dónde quedaron sus alborozados rebuznos de los
años 80, sus coces de indignación ante quienes abandonaban
el país en el 94 y su trote guerrero que opacaba con el
retumbar de sus cascos las voces de cuanta persona, animal o cosa
desbarraba en su presencia contra el sistema a inicios del presente
siglo?
No lo puedo negar, apreciado jumento, inteligente asno. Noto cierta
tibieza en sus rebuznos, apatía en las coces y desaliento
en los trotes de combate. Y un verdadero revolucionario no se
puede transformar así, de un día para otro, como
si no quedara la historia del país para rumiar a solas
y acompañado.
Tiene que volver a ser combativo, responderle a la señora
Regla las causas del desmontaje o canibaleo de los centros vitales
y de recreación en la comunidad, como ha ocurrido con la
panadería, el único teléfono, el cine y la
sala de vídeo.
Dígale que no puede pasar por alto que aún existe
el imperio. Que dentro de cada cubano que roba o canibalea un
trozo de pantalla, un cable, una butaca, una puerta, una ventana,
los techos, las paredes, el cimiento y hasta la tierra donde se
encontraban estas instalaciones, sólo existe el deseo de
transportar, como trofeo, la obra de la revolución para
su confortable casa.
Y si persiste en su descabellada misión de reclamar algo
que no existía hace 125 años, expóngale estos
irrebatibles razonamientos.
Si la panadería reabriera, las colas no la dejarían
disfrutar del cine. Pero si opta primero por la película,
entonces no alcanzaría pan. Perdido el pan, le entrará
una rabieta que ni dándole cien pesos entraría a
la sala de vídeo, frustración que, a su vez, la
impulsaría a llamar por teléfono para quejarse,
pero al no existir el aparato, no le queda otra alternativa que
quedarse en su casa, frente al televisor, disfrutando a sus anchas
lo que promete el ALBA, que asoma por las rendijas de su techo.
Ante una situación tan favorable, porque la cura en salud,
pregúntele, mi muy estimado, orejudo y medio tonto burro
de Bainoa, ¿para qué quiere panadería, teléfono,
cine o sala de vídeo?
En espera de que sus rebuznos, coces y trote de campaña
tomen un segundo aire y solucionen con su demostrada inteligencia
los pequeños problemas de Bainoa, queda de Ud. hasta un
nuevo encuentro, Nefasto Boza.
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