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LA HABANA, Cuba
Los canarios están que trinan. La oleada de inmigrantes
africanos que
desembarcan con su obsorbo personal en el archipiélago
tiene a José Luis
Rodríguez Zapatero al soltar el calzado, ponerse las chancletas
y tirarse
pal solar a poner orden y más pelos de alambres en las
cercas del Magreb.
¡Hasta es posible que prenda "Llamazares" en medio
de un Mediterráneo
rendido entre un peñón de Gibraltar que alumbra
como un cirio, y un
continente africano más oscuro que la boca de un lobo!
Hay que ser rencorosos, insensibles, malagradecidos y optimistas
para ir a
reclamar una riqueza que les fue robada hace más de cien
años.
Existe un momento para todo. Y ya el momento de la colonización,
el saqueo
y el robo gota a gota debe ser olvidado.
¿Acaso los países colonialistas de la hoy Unión
Europea no "liberaron" un
presupuesto para comprar guano, leche y agua embotellada, con
el cual los
habitantes de Mauritania, Senegal, Angola, Kenia y Nigeria, entre
otros
más cerca de la luz, pero aún en tinieblas, fabriquen
sus propias casas,
se alimenten y no perezcan de sed?
¿Alguien puede negar que los integrantes del Ejecutivo
español con su
denominado Plan África 2006-2008, si bien es posible que
acaben con la
quinta y con los mangos del continente y el contenido negro, también
pongan fin a una inmigración irresponsable, sin sentido,
dictada sólo por
el deseo de cruzar la Puerta de Alcalá, escampar un aguacero
bajo la torre
Eiffel, ver un juego de fútbol entre Inglaterra y Camerún
en la xenófila
Berlín, o pasear en góndola por los canales de Venecia?>
¡Imposible tolerar tanto pasa-pasa de frontera en frontera,
de mar en mar,
de ola en ola, de balsa en balsa y de patera en patera!
¡Cada cual en su sitio, en su lugar! Es inadmisible que
la inmigración se
haya convertido en una epidemia más necesitada de proyectos
preservativos
que el propio SIDA.
Es preciso poner fin a tanto relajo, atajar a tiempo el creciente
"turismo
de sostén y alcantarillas" al que nos tienen abocados
millones de personas
irresponsables del tercer mundo.
Ya resultan alarmantes las cifras de arribos en embarcaciones
procedentes
del oeste de África, con punto de partida en Mauritania
y Senegal y
destino de llegada en las Islas Canarias, como en una tournée
infernal que
llena de puntillas el apretado calzado de zapatero.
Según escribiera preocupado en el Juventud Rebelde el periodista
Luis
Luque Álvarez, la cochambre de la inmigración hacia
Canarias va en
ascenso, pues mientras que en el año 2005 llegaron 4,571
personas, hasta
este momento de 2006 ya son ¡6,900 individuos! embarcados
y desembarcados
en Iberia sin haber tocado jamás las escalerillas de un
avión.
Pero lo más lindo del caso, refiere el informador juvenil,
es que "ninguna
de las 156,859 piezas hoteleras existentes en la Isla podría
alojar a
estos "extraños". Tampoco los 17 campos de golf,
ni los ocho centros de
convenciones, ni los seis casinos de juego son lugares que importen
a los
recién llegados. Para ellos no hay espacio".
Los centros de internamiento están desbordados, por lo
que los africanos
han sido ubicados incluso en garajes, aseguró conmovido
el articulista
Luis.
Y para rematar su espeluznante trabajo, el colega Luque citó
palabras de
funcionarios españoles que dicen que "los inmigrantes
presentan
enfermedades que las autoridades no han querido difundir, como
sarna,
tuberculosis, sífilis y SIDA", acusaciones desmentidas
por la Cruz Roja
española, que calificó estas expresiones como "un
disfraz de lo que sólo
es una rampante muestra de racismo".
Entonces Álvarez, para contrapuntear las racistas declaraciones,
sentenció: "Ignoro si a los abundantes turistas procedentes
de Alemania,
donde hace meses aparecieron focos de gripe aviar los fumigan
o ponen en
cuarentena antes de darle entrada en algún hotel".
¡Magnífico análisis! Contundente y oportuna
crisis de verborrea que deja
al descubierto la existencia de una inmigración dividida
entre qué bueno
que vinieron y San Alejo, ratificadas en el colosal descubrimiento
y
sentencia: Para unos, ¡Welcome! Para otros, ¡Abur!
Y es encerrado en esa frase donde sale a relucir el carácter
de llanero
solitario, de zorro, en fin, de justiciero, de nuestro sistema
social.
¡Acá sí no se cuecen habas, se descerraja
un tiro en la mollera al primer
forajido que ande de saltimbanqui por la Isla, ni se precisa cantar
la
palinodia ante el mejor postor! Lo que se hace, hecho está,
y pare de
contar, sugerir, modificar o desaparecer, ya que todo es perfecto.
Porque si de verdad existe una causa de peso para la irrevocabilidad
del
socialismo cubano, se encuentra en la perfección y respeto
del derecho al
libre movimiento de los nativos de la Isla.
¡Lo mismo puede despetroncarse arrollando en una conga santiaguera
que
caer desplomado de cansancio por bailar un bembé en el
Día del Taíno
ausente, de triste recordatorio en nuestra capital!
Da igual que corra cauteloso detrás de una gallina ajena,
trote
marcialmente para alcanzar un P2 más estruendoso que un
cañón, o corretee
de la OFICODA (Oficina de Control de Alimentos) a la cocina, para
sincronizar la hora de comprar los frijoles con la entrada del
agua en
punto de ebullición.
El hecho es que el cubano se mueve, camina, agacha, balancea y
gira sin
restricción alguna, lo mismo en una calle, en la punta
de una loma, que
asido a las barandas colocadas por la GETA (Grupo Especial de
Transporte
Alternativo), en una carreta tirada por un tractor a lo largo
y los baches
de La Rampa habanera, o entre la polvareda de un terraplén.
Eso sí, también el derecho a viajar está
garantizado. En Cuba se cumple al
pie de la letra y con sensible fondo musical esa canción
que dice: "Toda persona tiene derecho a circular libremente
y a elegir residencia en el
territorio de un Estado".
Además, nosotros recitamos de memoria en cada esquina del
país, en cada
foro que nuestra voz alcance, y en cada balsa que se aleje de
la Isla, los
versos del poema inconcluso titulado Artículo 13, leídos
cada día con tono
incidental: "Toda persona tiene derecho a salir de cualquier
país, incluso
del propio, y regresar a su país".
Mientras que, para impedir el arribo de africanos a Islas Canarias,
el
>gobierno español tiene que recurrir a un apoyo logístico
para coordinar el
despliegue marítimo y aéreo sustentado en tres busques
y tres aviones en
función de patrullaje, intersección y destierro
de los inmigrantes, las
autoridades cubanas, de forma consensuada, pacífica, aplaudida
y
rechiflada, lanzó al aire el decreto ley 217 para poner
control al
movimiento interno.
¡Y ahí sí hay justicia, persuasión,
y no actos de racismo u otras
discriminaciones que sufren quienes no acaban de poner el huevo
en su país
o en otro ajeno!
Si un posible inmigrante santiaguero tiene en la esquina de su
casa una
bodega, en la otra un consultorio médico de la familia,
en la de más acá
una escuela, y al doblar por la de allá el camino al cementerio,
¿por qué
carajo quiere ir a residir junto a una tía en Santos Suárez
que vive de
una manera similar?
¿Acaso para conocer un camello? ¿Quizás para
rondar el capitolio en busca
de extranjeros y otras hierbas que aderecen su pan? ¿O
tal vez para crear
derrumbes en las barbacoas, exceso de consumidores del churro
y el jurel,
barajuste de gente en la cola de ómnibus y algunas supuestas
prerrogativas
también al alcance de sus intereses, aunque en menor grado,
en su tierra
natal?
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