Color





SÓLO UNA FRANJA ADE COLOR

Por Luis Cino



LA HABANA, Cuba

Todos estarían allí. Los de dentro y los de afuera. 158 artistas de la plástica cubana unidos en un lienzo de 20 x 1,50 metros. "Auge o Decadencia del Arte Cubano estaría expuesto durante casi todo el mes de abril en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Aunque fuera por unos pocos días, los pintores del exilio, o al menos los no tan inconvenientes, podrían venir a La Habana para participar en la IX Bienal. Sólo tendrían que pintar una franja en la tela, del color que quisieran, por la revolución de Fidel Castro.

La idea de unir a todos los artistas en un mismo lienzo fue del pintor cubano Flavio Garciandía, residente en México desde 1994. Los comisarios culturales tuvieron a bien institucionalizar la iniciativa y convertirla en un sí por el régimen.

Garciandía, con más o menos gusto, se dejó manipular. Fue uno de los precios a pagar por su exilio de terciopelo con bendición ministerial de Abel Prieto.

Quién dijo que bajo una dictadura de más de 47 años no puede haber, además de pachanga, charanga y presos políticos, una intensa vida cultural.

Ahí están la Feria del Libro, los Festivales del Nuevo Cine Latinoamericano, de Ballet, de Guitarra, el Jazz Plaza y la Bienal. Todos bien politizados, pero ¡ay del que rehúse asistir! Los mandarines, nada menos que ellos, los acusarán, lacrimosos, de intolerantes que todo lo politizan. ¡Qué cosa!

Garciandía invitó a participar, junto a los artistas de la isla, a decenas de pintores de la diáspora. Les envió, vía Internet, una lista de colores para que escogieran. Al menos en eso fue democrático, pero al final, él mismo tuvo que pintar las franjas de los pintores exiliados.

La mayoría de ellos eligieron su color y no viajar a Cuba. Que pintaran su raya como constancia de que existen, pero que no contaran con ellos para hacerle el caldo gordo a la dictadura.

No obstante, Prensa Latina se apresuró a informar la presencia en La Habana de José Bedia, Arturo Cuenca y Humberto Peña, entre otros.

Algunos de ellos, ni siquiera recibieron la convocatoria. Denunciaron que era una maniobra política del régimen para simular una apertura. Reiteraron que no participarían en eventos oficiales que sirvan para hacerle el juego al gobierno.

Los dibujos egipcios en los camellos habaneros, los montones de ladrillos de barro y los refrigeradores desahuciados de la IX Bienal no ameritan concesiones onerosas, humillaciones o complicidades.

El pintor y fotógrafo Rogelio López Marín (Gory), residente en Miami desde 1991, entendió inicialmente el proyecto a título personal. Gory y Garciandía son amigos desde sus años de estudiantes. Incluso, sus obras tienen puntos de contacto.

En el año 1981, Garciandía y Gory, junto a José Bedia, Tomás Sánchez y otros siete jóvenes artistas con la exposición Volumen I marcaron nuevos rumbos en la plástica cubana.

Parece ser que Gory recuerda mejor que Garciandía los tiempos en que los acusaban de diversionismo ideológico y de extranjerizantes. Volumen I, al romper con los cánones estéticos institucionales, disgustó a los comisarios culturales. Se tuvieron que tragar a los jóvenes pintores, qué remedio, pero nunca los masticaron.

Garciandía está dispuesto a olvidar agravios y perdonar inquisidores. Y de paso, a dejarse enredar en la madeja de los comisarios. Para él, un viaje a La Habana bien vale una Bienal y hasta un cafecito en la UNEAC.

Gory no está dispuesto a servir a los señores. Sabe bien que en Cuba todos los cordeles se enredan. ¡Y de qué manera! La idea de unir a los pintores era buena, pero los mandarines la desvirtuaron. No sirvió.

Gory se muere de ganas de exponer en su ciudad, pero no en calidad de exiliado. De expulsado del reino que regresa, sólo por unos días, por real gracia de la dictadura. No, así no.

Como soy su amigo, sé que la decisión le dolió. Que tuvo que refrenar los deseos de andar por La Víbora. De pararse frente a la Iglesia de los Pasionistas o en la esquina del cine Alameda. De caminar por Párraga, San Lázaro o Santa Catalina. De estar con la familia y los amigos. Pero la honra pesa más que la nostalgia.

Gory volvió a declinar otra invitación para venir a Cuba. Me refiero a la Cuba oficial. De la otra, la de los que lo quieren y lo respetan, nunca se fue.

Lo ha dicho bien claro. Sólo expondrá su obra en Cuba cuando cambien las circunstancias que lo hicieron abandonar el país. ¡Bien por El Gory!

Por ahora, Gory sólo es otra franja de color, pintada por Flavio Garciandía, en el cuadro "Auge o Decadencia del Arte Cubano". Entretanto, morador de la imaginación, creando en libertad, esperará sentado en una luneta del teatro de la memoria. Presiento que no será por mucho tiempo.