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LA HABANA, Cuba
Dicen que de lo sublime a lo ridículo sólo hay un
paso. Más de cuatro décadas de revolución,
torbellino totalitario, grandilocuente y epopéyico, lo
han demostrado.
La música no ha quedado aparte en todo este barullo. Siempre
ha estado ahí. No podía ser de otro modo en Cuba.
Ha puesto la banda sonora a los picos histriónicos del
momento. En cada uno de éstos, marchas, éxodos,
ofensivas, eventos solemnes o luctuosos, alguien ha puesto ritmo
y melodía. Como caídos del cielo, como agua para
chocolate. Sólo que a veces han sido inoportunos.
La culpa ha sido de la incapacidad de los cubanos de dejar de
ser quienes son. Irreverentes e irreductibles jodedores, que nacen
con la música y el ritmo en la sangre. Que si por el Comandante
fuera, sólo tendríamos marchas militares y si acaso
mariachis.
Años atrás, en medio del revés representado
por el fracaso de la zafra gigante de los diez millones, nacieron
algunas tonadas veladamente alegóricas. "El perico
está llorando", se convirtió en el tema central
del carnaval gigante de julio de 1970.
El tema surgió casi de forma inmediata a una larga comparecencia
autocrítica del Comandante. Las características
del animalito, su plumaje verde y la picaresca criolla hicieron
el resto.
Por suerte, no se concretaron las amenazas de alguien que no recuerdo.
Esta fue hacer resonar la Internacional en una inmensa marimba
hecha con huesos de mártires. Aunque no fue ésa
la intención, todavía nos estamos riendo. Más
recordada es hoy, la marimba de bailes escabrosos a ritmo de Hanki
Panki.
No siempre fueron aviesas las intenciones. Los músicos
Leo Brower y Sergio Vitier, interpretaron la Internacional para
aquel Noticiero ICAIC Latinoamericano, con guitarras, percusión
y ritmo cubanos. Sonaba mejor para mi gusto, tanta solemnidad
con aires de guaguancó. Creo que dio la esencia perfecta
del socialismo y el hombre en Cuba.
Pero los mandarines no lo entendieron así. El arreglo fue
proscrito. Y no se habla más del asunto. Ya nadie se acuerda,
como tampoco de los monos de Santiago Álvarez, impersonando
a los Beatles.
Hablando de los Beatles, peligrosos agentes del diversionismo
ideológico en la época, vayamos a la utilización
de "The fool on the hill" por parte del cineasta Nicolás
Guillén Landrián. Fue en un documental, donde el
Comandante hablaba de sus ambiciosos planes. Le costó caro.
Fue a parar a la sala de penados del Hospital Siquiátrico
de Mazorra.
Parece ser que para nuestros comisarios musicales, nuestras tumbadoras
carecen de grandeza épica. Otro fue el destino de una pieza
sinfónica compuesta por el cubano Dámaso Pérez
Prado. Aprovecharon que se apartaba del mambo y los gritos guturales
y se apropiaron sin su consentimiento de la bella Suite de las
Américas para homenajear al Che Guevara.
Como olvidaron dar su crédito al compositor, muchos años
después, una gran cantidad de personas en Cuba sigue pensando
que la obra fue compuesta en el Departamento de Orientación
Revolucionaria (DOR), quizás hasta por Juan Almeida.
La nueva trova, antes de su desplome bajo el embate roquero, también
fue un arma de la revolución. La diputada Sara González
hizo de la canción funeral en fechas significativas del
calendario oficial, vibrantes y viriles alegatos sobre la épica
revolucionaria. Nadie como ella para afirmar el acento de varón
en sus cantos de batalla.
El también diputado Silvio Rodríguez, luego de poner
a parir a toda una era para su revolución, tuvo menos suerte
en cuanto a solemnidades. Además de malas interpretaciones,
sobre sus propósitos en Ojalá, su cañón
de futuro dirigido a matar canallas, fue muy bien recibido por
el pueblo, con otros fines. Se convirtió en forma popular
de saludo. "Aquí, ¡matando canallas!" Adivine
usted quiénes eran los canallas.
Montespuma con su carismática solista Tanya, estimuló
la imaginación popular con una canción muy sugerente.
"Ese hombre está loco", fue radiada hasta el
cansancio. Incluso hasta en Radio Martí. Cada uno escogió
el loco a su gusto.
Todavía la nomenclatura echa de menos las guarachas de
Carlos Puebla y las guajiras de Eduardo Saborit. Con raperos y
timberos es muy difícil facturar el background de las nuevas
empresas revolucionarias.
Tal vez, en la banda sonora de los finales de la película,
necesiten los comisarios la ayuda, una vez más, de la afinada
voz de Hugo Chávez y la trompeta morenada de Evo Morales.
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