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LA HABANA,
Cuba - Junio
En el editorial del periódico Granma del 23 de junio arreciaron
los ataques e insultos a la Unión Europea, con la reiterada
y ridícula acusación a ese bloque de 25 países
de haberse situado al lado de Estados Unidos en una supuesta campaña
anticubana.
Sin consideraciones de ningún tipo se emplean epítetos
descalificadotes hacia uno de los principales polos de poder en
el mundo, que en más de una ocasión ha tendido la
rama de olivo al gobierno de Cuba para ayudarlo a salir de los
atolladeros en que reiteradamente, por su carencia de visión
y su tozudez, se ha visto atrapado.
Recuérdese cuando la caída del bloque soviético
y la pérdida de las cuantiosas subvenciones que entregaba
a la Isla, las inversiones europeas permitieron detener el desbarajuste
económico en que se sumió la nación. No puede
soslayarse tampoco la mano extendida por España, que en
aquel momento de aislamiento hizo propuestas a las autoridades
a fin de que introdujera reformas económicas, e incluso
altos dirigentes, como Felipe González, vinieron con la
mejor voluntad a ayudar a nuestro pueblo.
La inclusión de Cuba en las Cumbres Iberoamericanas estuvo
muy relacionada con la posición europea, que permitió
su regreso al ámbito de la región. Javier Solana,
canciller español entonces, desempeñó un
importante papel en la asistencia para el reintegro a este escenario,
mérito que parece no fue suficiente, cuando años
después, sin justificación alguna, se le acusó
de genocidio por los sucesos en Yugoslavia. En esa ocasión,
las autoridades cubanas se alinearon a los designios del Carnicero
de los Balcanes, Miroslav Milosevic, el verdadero culpable del
drama vivido en esa exrepública.
Más recientemente, ante el injusto encarcelamiento de 75
pacíficos periodistas independientes y disidentes cubanos,
todos considerados prisioneros de conciencia por la prestigiosa
Amnistía Internacional, la Unión Europea ha tratado
de buscar una solución razonable. Si bien en junio de 2003
impuso sanciones al gobierno cubano por ese abuso de poder y violación
de los derechos humanos, el año siguiente las levantó,
tratando de obtener resultados mediante la liberación de
los prisioneros con el empleo de un diálogo crítico
y constructivo, las cuales prorrogó en junio de 2006.
Sin embargo, la respuesta del régimen de La Habana no ha
podido ser peor. De los 75, sólo 15 han recibido licencia
extrapenal por motivos de salud, con la amenaza de ser retornados
en cualquier momento, salvo tres a quienes se permitió
la salida del país. Paralelamente, han sido encarceladas
otras pacíficas personas por el solo hecho de opinar. En
tanto, las condiciones de prisión son terribles, y no se
brinda adecuada asistencia médica. Además, se reinstituyeron
los mítines o actos de repudio contra personas pacíficas,
en particular mujeres indefensas. Esto ha estado acompañado
de campañas represivas contra el pueblo, y la recentralización
de la economía, con lo cual se han cerrado los pequeños
espacios existentes para la iniciativa individual.
En este contexto, resultaba lógico esperar una respuesta
de la Unión Europea, que se produjo el pasado 7 de junio.
Con firmeza se denuncia las inaceptables circunstancias que atraviesan
los derechos humanos en Cuba y la evidente tendencia hacia el
empeoramiento, aunque se mantiene abierta la disposición
a un diálogo crítico. Por supuesto, en la evaluación
la UE no puede dejar de coincidir con otros países acerca
del evidente deterioro de la situación. Por ello carece
de sentido culparla, cuando toda la responsabilidad recae sobre
un gobierno que aplica el terrorismo de estado contra su pueblo,
a la vez que alardea de su pertenencia al recién creado
Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Realmente son poco serias las acusaciones de sometimiento de la
UE a Estados Unidos, cuando año tras año las autoridades
cubanas reconocen públicamente el apoyo de los países
del Viejo Continente a las resoluciones contra el embargo norteamericano
adoptadas en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Un doble
rasero según la conveniencia del momento.
Tampoco puede dejarse de mencionar la falta de memoria de los
dirigentes cubanos, al no tener en cuenta que la inmensa mayoría
de los países europeos, en trascendentales sucesos ocurridos
hace unos años, mantuvieron una actitud muy crítica
ante las decisiones adoptadas por Washington. Recuérdese
la posición ante la guerra en Irak.
En el editorial de Granma es evidente la ausencia de tacto político,
y las pretensiones de convertir la próxima reunión
del Movimiento No Alineado en La Habana en una tribuna contra
los países desarrollados, para lo que parecen contar con
países parias internacionales, como Irán, Zimbabwe
y Corea del Norte, así como algunos que con la afluencia
de petrodólares han caído en una extravagante "fiebre
bonapartista" que terminará con funestos resultados
para sus pueblos.
Los sueños de escindir la comunidad internacional no cuentan
con base objetiva sólida, a pesar de los esfuerzos por
sembrar la confusión y la desunión mundial. En ese
evento participarán países de sólidas posiciones,
como India, Sudáfrica, Egipto, Argentina, Chile, entre
otros, los cuales conocen que la cooperación internacional
es básica para la solución de los problemas que
atenazan al orbe, y que sin las inversiones y la tecnología
del primer mundo resultará imposible encontrar las vías
de la prosperidad y la felicidad de los pueblos. Estas naciones
están concientes de que los llamados a la discordia y los
enfrentamientos siempre han resultado en el agotamiento de las
naciones y la profundización de las crisis.
El gobierno de Cuba deberá entender que los profetas de
la destrucción no tienen cabida en este mundo, y únicamente
consiguen la desgracia para sus ciudadanos en el marco del aislamiento
internacional.
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