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NUNCA APRENDIERON A MORIR
Jorge Olivera Castillo

 


El alboroto a causa del contenido de una pizarra lumínica se convierte en un océano de intolerancia que ahoga la razón.

LA HABANA, Cuba –

Visto y comprobado. Mahatma Ghandi es un subversivo, Martín Luther King un elemento perturbador e infame. Ilegal y entrometido Abraham Lincoln, el hombre que abolió la esclavitud en los Estados Unidos apenas dos años después de haber sido electo presidente en 1861.

Sus pensamientos han aguijoneado el lomo del totalitarismo. Se rebelan como movimientos que refuerzan el perfil excluyente de un gobierno que impone y no expone, que obliga y no persuade, que impugna el criterio diferente y abraza el asentimiento unánime.

Una secuencia de frases proyectadas sobre una pantalla bastan para que suene el tambor de la guerra.

Confirmo mi certeza de que la unanimidad es frágil y su temperamento asustadizo ante los axiomas rellenos con palabras que abogan por expandir los derechos de naturaleza cívica y política paridos por una democracia genuina y garante de las libertades fundamentales.

Considero no andar por caminos errados cuando compruebo que el alboroto a causa del contenido de una pizarra lumínica se convierte en un océano de intolerancia que ahoga la razón, al menos la que se cobija en cerebros medianamente aptos para su funcionamiento. Ampliar la visión informativa del pueblo cubano es una afrenta que va más allá de lo previsible. Eso es un delito. Lo sé por propia experiencia.

No es el hecho que los mensajes hayan aparecido en la fachada de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en la Habana. El asunto que destapa los baúles de la ira del régimen comunista, poco tiene que ver con el lugar. En este caso el sitio sólo amplía la hostilidad.

Lo mismo da que hubiesen tenido de fondo la sede del Vaticano, el Consulado de Costa Rica o la representación de la Unión Europea. Nadie puede enarbolar aforismos, a la ligera, en un país donde la distribución y contenido de ideas, literatura u otras manifestaciones de índole informativa e intelectual, permanecen bajo control. ¿Cuál? Pues, el del Partido de Gobierno que ejerce funciones de policía, educador, fiscal, abogado y muchas más imposibles de enumerar. Sería, aparte de vergonzoso, alucinante.

Sólo me atengo a reflejar un punto de vista sobre este nuevo incidente que pone al rojo vivo las normalmente tensas relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Me tomo tal atribución aunque sea un ejercicio peligroso y sujeto a tergiversaciones promovidas por personas afines o patrocinadoras de esta posición que dibuja con sus actos la censura.

Esto que escribo es un asomo de espontaneidad de alguien que cree en cualquier mensaje tendiente a fomentar la pluralidad y la convivencia pacífica.

Yo no percibo en esos pensamientos nada que incentive la confrontación y haga retoñar los odios. Al contrario, invitan a la reflexión y ponen en perspectiva la sapiencia de hombres que aportaron lo mejor de sí para el progreso de la humanidad. Ningún argumento sirve para proscribir a King, Ghandi y Lincoln. Intentarlo es inútil. Ellos nunca aprendieron a morir.