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Probablemente Fidel Castro no volverá a la Argentina mientras
gobierne Kirchner. El fiero encontronazo que han tenido excedió
los gélidos párrafos de una carta. Kirchner se reencontró,
en cambio, con su viejo amigo Tabaré Vázquez; prefiere
preservar el clima de distensión que se ha creado entre
ellos antes que apurar una solución inmediata del conflicto
de las papeleras. Michelle Bachelet es su amiga; hubo explicaciones
y hubo, también, garantías implícitas a la
presidenta de Chile por la provisión del gas argentino.
El único encuentro
frío fue con Fidel Castro. Todas las otras reuniones presidenciales
fueron cálidas en lo humano y excelentes en lo político
. La descripción proviene de alguien que estuvo siempre
cerca de Kirchner. Sirvió para explicar que el conmovedor
discurso de Tabaré Vázquez en la reunión
ampliada del Mercosur le había caído muy bien al
mandatario argentino. Ha vuelto el Tabaré de siempre ,
reflexionó luego el propio Kirchner. Tabaré Vázquez
habló de las papeleras, pero no lo hizo desde los argumentos
del Estado, sino desde las razones del corazón.
Fidel estuvo a punto
de ordenarle a su avión regresar a Cuba sin aterrizar en
la Argentina. Kirchner lo había presionado con una amenaza
de órdago para que su gobierno recibiera la carta por Hilda
Molina.
Las cosas sucedieron,
más o menos, de esta manera. El gobierno argentino le hizo
saber al cubano que Kirchner plantearía el caso de Molina
en una reunión a solas con Castro. No. Castro no aceptaba
ese planteo. Viaja a la Argentina para reunirse con el Mercosur,
no para hablar de Hilda Molina , le contestó el canciller
cubano al canciller argentino.
Bien, Kirchner no hablaría
de Hilda Molina, pero le entregaría a Castro una carta.
Taiana partió con el mensaje y se lo dejó a su homólogo
cubano, Pérez Roque. Respuesta cubana: Castro no recibiría
una carta de esa naturaleza. Kirchner empezaba a sentir que el
calor le subía hasta los pelos. Debió recordar las
veces que su esposa, Cristina, le había advertido: Si vos
vivieras en Cuba, ya estarías preso hace mucho tiempo .
Partió entonces
la tercera propuesta argentina: la carta firmada por Kirchner
sería entregada al canciller cubano. Castro ya estaba en
vuelo hacia la Argentina. Respuesta: Es el gobierno de Cuba el
que no acepta ese tipo de cartas .
Kirchner enfureció.
Lo llamó a Taiana y le dio instrucciones muy precisas.
Advertile a Castro que si no me recibe la carta, yo hablaré
de Hilda Molina delante del Mercosur y que no firmaré el
convenio del Mercosur con Cuba . Castro ya estaba en la Argentina
y no fue a la cena inaugural de la reunión cimera. Las
decisiones del Mercosur son por consenso. La ausencia de la firma
del presidente argentino hubiera puesto en riesgo todos los convenios
con Cuba.
Sólo a la mañana
siguiente Castro ordenó a su canciller que recibiera la
carta. Señor presidente de Cuba fue el trato frío
y ceremonial que Kirchner le dispensó a Castro en adelante,
mientras todos los demás iban del clásico Fidel
a secas hasta el compañero Fidel para referirse a él.
Hay que reconocerle
a Kirchner que esta vez fue coherente con su discurso sobre los
derechos humanos y que defendió los derechos negados a
dos ancianas cubanas y a dos niños argentinos, impedidos
de conocer a su abuela y a su bisabuela. Castro no contestó
la primera carta de Kirchner por la médica cubana; ¿le
contestará la segunda?
Que Kirchner haya cumplido
con su deber no garantiza, desgraciadamente, que Hilda Molina
pueda viajar a la Argentina. Fidel está cada vez más
caprichoso e intransigente. El desenlace de este caso es un serio
traspié para el canciller Taiana, propulsor de una política
de respetuosa frotación a Castro que no ha dado ningún
resultado.
Uruguay fue el contraste.
El primero en distenderse fue Tabaré Vázquez, que
llegó a Córdoba con signos de tensión porque
no sabía cómo lo recibirían. Kirchner le
dio un primer abrazo cuando lo vio en la cena inaugural. Ya se
habían abrazado en Caracas, pero el gesto tuvo un sentido
más importante en territorio argentino. Alberto Fernández
le dio el segundo abrazo. Tabaré Vázquez tenía
reservado además un lugar en la mesa principal, cerca de
Kirchner. El presidente uruguayo se distendió. Empezó
a bocetar las ideas básicas de su discurso del día
siguiente.
Hubo una reunión
breve y fuera de agenda entre Kirchner y Tabaré. Salió
el tema de las papeleras. Tenemos que volver a hablar , le deslizó
el uruguayo a Kirchner. El argentino sostuvo -y sostiene- que
el diálogo nunca estuvo roto de su lado.
Kirchner puso cara
seria cuando lo escuchaba a Tabaré en su improvisado discurso.
Nada de lo que dijo Tabaré le cayó mal. Vimos en
Uruguay una posición acuerdista , dijeron al lado del Presidente.
A Kirchner le preocupaban más -es cierto- las palabras
de Tabaré que las bromas de Chávez a Lula o los
fárragos de Castro sobre la cirugía ocular. Pero
era la cara seria que pone Kirchner cuando se concentra escuchando
a otro. Sucede, sí, que muy pocas veces se lo ve escuchando
a otro; casi siempre está entretenido en sus propios soliloquios.
Quiero cuidar este
buen clima , dijo Kirchner poco después sobre el conflicto
con Uruguay. Buscará una fórmula que contenga también
a la sociedad de Gualeguaychú ( ¿para qué
hablar prematuramente de grandes acuerdos cuando debemos evitar
que los puentes se corten otra vez? , explicó) y no quiere
afectar los derechos argentinos ante el tribunal de La Haya. Una
fórmula, necesariamente compleja, se analizará en
los próximos días. Alberto Fernández se comprometió
con Tabaré a reanudar el diálogo con su amigo uruguayo
Gonzalo Fernández.
La cancillería
argentina se aferró a la derrota de La Haya y devaluó
el clima creado entre los presidentes. Otro error. Todo es más
complicado cuando los diplomáticos confunden una derrota
con una victoria. Uruguay también fue advertido por La
Haya. Más les vale a los dos países trabajar en
un acuerdo bilateral, aunque sea -como seguramente será-
largo, arduo y difícil.
Importan los símbolos.
Julio De Vido incluyó a Uruguay en el acuerdo con Venezuela
para la refinería del petróleo que Caracas venderá
en la Argentina, convertido en combustible, en las estaciones
de Pdvsa. Uruguay participará también, junto con
Venezuela y la Argentina, de la explotación petrolera de
la cuenca del Orinoco. Y Montevideo es una estación inmodificable
ya del gasoducto del Norte, que la Argentina construirá
desde la boliviana Tarija.
Uruguay dejó
de desconfiar de la provisión energética argentina.
Nos dieron luz cuando corríamos el riesgo de quedar a oscuras
, dijo un uruguayo importante.
De Vido le propuso
a Kirchner que le cobrara a Chile el mismo precio del gas que
Bolivia le impuso a la Argentina. No. A Michelle la tengo que
ayudar ahora y no complicarla , lo instruyó Kirchner. Hubo
aumento del precio, pero no tanto. La Argentina le pidió
más gas a Bolivia. Chile tendrá más gas argentino.
La garantía de abastecimiento está implícita
y no puede ser firmada; lo impiden la ley argentina, que habilita
a exportar sólo los excedentes del consumo interno, y la
histórica mala relación entre Bolivia y Chile. La
tensión ha disminuido con Santiago.
Quedaron las divagaciones
de Chávez sobre un Mercosur convertido en alianza ideológica;
sería la muerte súbita de la alianza comercial.
Sólo a los caudillos que creen en la vida eterna y hasta
en el más allá se les ocurren esas cosas.
Por Joaquín
Morales Solá
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