Una viva muestra del peso
que cargó sobre sus hombres la juventud cubana es Cary Roque.
Con solo 19 años de edad, trabajaba como locutora y actriz
en CMQ Radio, actriz de telenovelas en CMQ Televisión y en
la exitosa obra teatral "Los Malditos". Además,
estudiaba periodismo en la escuela Márquez Sterling. Como
tantos otros jóvenes de su generación, Cary creyó
honestamente que la revolución traería a Cuba un estado
de derecho sin golpes militares y con un absoluto respeto a la Constitución
de 1940.
Poco le duró
la ilusión. Casi desde el primer día comenzó
a ser testigo de la violencia desatada dentro de la propia CMQ.
Se sintió defraudada por la revolución, pero aún
más por las represalias en contra de quienes querían
desligarse del sistema. El director de la escuela de periodismo,
el Dr. Quintana, fue destituido y reemplazado por Carlos Rafael
Rodríguez. Los alumnos que no simpatizaban con el nuevo
régimen fueron depurados y hasta se les prohibió
acercarse a la escuela.
Algo similar sucedía
en la CMQ. A diario, las también actrices Violeta Jiménez,
Raquel Revuelta y Maritza Rosales, presionaban a todas las demás
para que se inscribieran en las recién estrenadas milicias.
"¿Cuándo vas a unirte a las milicias, Cary?
El domingo hay guardia". Esta pregunta se repetía
con marcada insistencia. Un día, en tono conminatorio,
Violeta Jiménez la emplazó: "Estoy hablando
contigo, Cary Roque, ¿cuándo vas a ser miliciana?"
A lo que Cary ripostó: "Nunca, porque yo no nací
para andar con un fusil arriba; yo tengo una carrera, una educación,
y me gustan los pantalones sólo como ropa de sport, no
como uniforme".
Claro está que
el círculo se le cerraba cada vez más, pero Cary
había prometido a su madre no involucrarse en actividades
contrarrevolucionarias y trataba de mantenerse alejada de éstas,
aunque participó en alguna que otra reunión política.
Pero las promesas se las lleva el viento cuando hay que tomar
decisiones mayores. Conoció a Margot Roselló y a
pesar de la cautela con que se movía entre tanto revolucionario
arribista, se produjo una inmediata identificación política
entre ellas. Margot y su hermana Mercedes conspiraban con el MRR,
el Movimiento de Recuperación Revolucionaria, cuyo coordinador
nacional en ese momento era Máximo Díaz Delgado.
Cary comenzó a conspirar en acción y sabotaje; era
un hermoso esfuerzo de entrega total y desinteresada, especialmente
por parte del Directorio, el grupo estudiantil.
Las tres formaban parte
de la misma célula y ayudaron al alzamiento de Lino Bernabé
en la Sierra El Escambray. Su esposa, valiente mujer, a pesar
de estar embarazada lo acompañó hasta el final.
Esta fue una de las últimas operaciones que realizarían.
- El 17 de abril nos
encontrábamos Margot y yo en la clínica El Sagrado
Corazón con Mercedes, quien había tenido un embarazo
extrauterino. La casa de Mercedes, junto al Parque Zoológico,
era el cuartel general de operaciones; de ahí salían
y para ahí bajaban de El Escambray, era casa de contactos,
casa de seguridad, sede de estrategias; todo allí era "Top
Secret".
Desgraciadamente,
nuestro grupo fue infiltrado por un muchacho llamado Pepe Silva,
a quien Mercedes defendía apasionadamente y juraba que
era como un hermano. El trabajaba en la Base de San Antonio de
los Baños y allí tenía un contacto muy bueno
que nos suministraba granadas, armas y demás. Ese fue su
vínculo para entrar al movimiento. Nos denunció
a todos y denunció la casa
En el hospital,
Mercedes nos pidió que nos fuésemos para la casa
porque Betty, su niña, estaba sola con la tala. ¡Qué
sorpresa nos llevamos! Allí estaba escondido el sobrino
de Mercedes, fugado de la cárcel de Santa Clara. Y dentro
de la casa, todos estaban presos. La tata de la niña, asomada
a la ventana de la cocina, nos abría los ojos indicándonos
que algo andaba mal pero ¡olvídate!, no nos dieron
chance. Saltaron sobre nosotros con armas largas y al grito de,
"cogimos a las que esperábamos "nos apresaron
en aquella enorme redada. Hasta el abuelo de las Roselló,
sobre su anciano pecho las medallas de veterano de la Guerra de
Independencia, cayó preso. Pudo salvarse "El Gordo"
Manolo Salvat, que salió con nombre y apellido falsos.
Si lo identifican, Manolito hubiera sido un paredón
Aquella recogida
fue tan grande, tan loca, con cientos de miles de presos, que
a veces creo que llegamos al millón. Tras ocho horas de
detención en casa de Mercedes, nos llevaron de madrugada
para el MINFAR, Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias,
donde nos esperaba Barba Roja Piñeiro y, junto a él,
Pepe Silva. Margot y yo nos miramos y ambas pensamos, "Bueno
aquí confirmamos lo que tanto dijimos y Mercedes negaba:
Pepe nos ha denunciado". Años más tarde, nos
dijeron que lo habían fusilado por robar armas para venderlas
¡Caer presas
el 17 de abril! Con todos los cuadros de la resistencia listos
para cuando llegara la invasión, ésta nos tomó
por sorpresa, nos agarró desarticulados y sin información.
Nuestros nombres estaban en listas desde hacía mucho tiempo.
Nuestras vidas no valían un céntimo:
"¡Paredón,
paredón, para saya y pantalón!"
Barba Roja me
lanzó a la cara un montón de fotos tomadas por Pepe
Silva durante un trasiego de armas instándome a confesar
que las mujeres en las fotos éramos Mercedes y yo. Yo hasta
llevaba puestos los mismos espejuelos que en la foto, pero lo
negaba una y otra vez. Fueron momentos muy duros. Fusilaron a
muchos sin juicio. Por suerte, el esposo de Mercedes ni sabía
que ella estaba conspirando, así es que el infiltrado no
pudo delatarlo. El pobre hombre estaba lívido al saber
lo que estas tres mujercitas venían haciendo en su casa
y a sus espaldas. Así y todo, estuvo preso varios meses
y salió loco
En aquellos días
de Bahía de Cochinos, el paredón no cesó
de funcionar. Todo preso que tú te encuentres hoy y que
estuvo en La Cabaña en aquella época, te contará
cómo llegaban a las galeras y decían: "Tú,
tú y tú, Fulano, Mengano y Zutano
", sin
juicio ni nada. Pero igual sucedía en cualquier estación
de policía y aún más en el propio MINFAR
A Mercedes la
apresaron en el hospital. Le querían quitar los sueros,
transfusión y demás, pero su médico se les
encaró para explicarles que ella estaba muy grave tras
operarla del embarazo extrauterino. Dijo que la mantuvieran bajo
custodia, pero que no la movieran. A Margot y a mí nos
llevaron, por separado, para el G-2. Aquello era terrible, imagínate
que en un solo cuarto habíamos más de 70 mujeres.
Allí solo encontré a una conocida, Juanita, que
trabajaba en CMQ. A su esposo le ocuparon una planta de radio;
él logró escapar y la agarraron a ella. Allí
comencé a conocer a las que con los años se convertirían
en mis hermanas. Mi verdadera hermana, Gloria, trabajaba con Pan
American y la sacaron para Miami, no volví a verla en 20
años
Poco después
de un mes en el G-2 me trasladaron con un grupo para una casa
tapiada a unas dos cuadras de allí; creo que había
sido de uno de los dueños de la tienda El Encanto. La habían
subdividido en celdas con dos literas cada una; a mí me
tocó compartir por mucho tiempo con una muchacha muy inteligente
que logró salir en libertad, María del Carmen Muñoz
y Grau. Era de la juventud Católica, la Universidad de
Villanueva y el Directorio, pero nunca lograron ubicarla y la
soltaron. Allí conocí a Reina Peñate y a
Noelia Ramírez, a quien apodaríamos "La Preciosa".
Allí estuve bajo interrogatorios constantes, de día
y de noche, durante dos meses y medio. No me dejaban dormir, a
veces me sacaban y me dejaban sola, por horas y horas, en un salón
helado
El peor de los
interrogadores, el más sinvergüenza, era Idelfonso
Canales. Me presionaba mucho amenazándome con fusilar a
mi padre si yo no hablaba; mis padres ni sabían de mí
desde el día 17 de abril, así es que seguro me daban
por muerta. Pero, Saturno se come a sus propios hijos y también
así la revolución. Al igual que a Pepe Silva, a
Canales lo fusilaron por traficar con dólares
Un día
me dejaron ver a mis padres durante 15 minutos. Mi madre estaba
totalmente destruida de los nervios y mi padre era un anciano;
en un mes se había puesto blanco en canas. Se ve''ia como
que le habían robado la vida. A su pregunta, les confesé
que yo era culpable y que allí estaría por muchos
años. No volví a ver a mis padres hasta que me trasladaron
para Guanabacoa
El 22 de septiembre
de 1961 se dictó nuestra sentencia en un juicio con Pelayito
"Paredón" de juez y Flores Ibarra de fiscal,
la combinación clave para la pena de muerte. La pidieron
para 18 hombres, y las condenas más severas para Mercedes
y Margot Roselló y para mí. Mi abogado, de apellido
Fernández, vino recomendado por Dora Rivas, quien estaba
defendiendo a Robert Morton, el vice-presidente de la Pepsi-Cola,
acusado de ser agente de la CIA y para quien pedían la
pena de muerte que luego conmutaron. Éramos 102; nuestra
causa era la 238 pero mezclaban causas para confundir y había
gente del MRR, de Rescate, y de la Unidad de Apoyo a Bahía
de Cochinos. Conmutaron algunas penas, pero fusilaron a siete
hombres. Fue un juicio desgarrador, con la sala atestada de familiares
que gritaban su angustia cuando dictaban sentencia de muerte.
Al finalizar el juicio procedían a la apelación,
pero solo rectificaron las penas de muerte y a nosotras tres nos
rebajaron las condenas a 20 años.
En ese juicio
condenaron a muerte a Aldo Vera estando prófugo. Al comandante
de la Marina de Guerra Revolucionaria, Gonzalo Miranda le conmutaron
la pena de muerte. Muchos venían del Movimiento 26 de Julio;
era una conspiración netamente salida de las filas de la
Revolución. Era un juicio de mucha fuerza por estar involucradas
las tres armas, el Ejército, la Marina y la Policía.
Importantes personalidades y embajadores estaban presentes, incluyendo
el de Inglaterra. Aquello era un constante forcejeo. Tras cada
sentencia de muerte el preso quería abrazar a sus hijos,
a su esposa, a sus padres, por última vez
Cuando terminó
el juicio, los familiares se tiraron arriba de los que iban a
fusilar y los policías, los cascos militares, los PMs,
a culatazo limpio nos golpeaban a todos
hacían un
cerco y nos separaban. Mundito, el sobrino de Mercedes, estira
las manos y nos dice: "Cuídense", y un PM con
bayoneta calada nos da un fuerte culatazo a Mercedes y a mí.
Al; tratar de interponerse Mundito, cargó contra él
con otro culatazo
todo esto a la vista y gritos de los familiares
Los nuestros
nos halaban para que no nos metieran en la jaula. Cuando a empujones
nos montaron en la jaula para llevarnos a la cárcel de
Guanabacoa, los familiares le cayeron atrás a la jaula
mientras se oían los gritos de los que iban a fusilar
¡horrible, horrible! ¡Aquello era Pandemonium! Polín
corrió junto a Norma y entonces la arrastraron a ella;
Mercedes perdió el conocimiento en pleno juicio y hubo
que sacarla en camilla. Éramos 110 acusados y casi 400
familiares. Nunca olvidaré la cara de mi padre apretando
los puños y mordiéndose los labios, cargado de impotencia
...Cuando llegamos
a Guanabacoa, las noticias del juicio habían precedido
a nuestra llegada y las presas estaban rezando un rosario con
María Cristina Oliva, rogando porque no hubiera fusilamientos.
Al traer nosotras la mala nueva, se renovaba el dolor de cada
una. Si no era el hermano, era el esposo, si no, el hijo. Cuando
una iba a juicio, las demás nos quedábamos rezando.
Mujeres que hasta ayer fuimos desconocidas, hoy, en el dolor,
éramos más que hermanas.
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