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1. ¿Que razón le ha llevado a romper su silencio
y conceder esta entrevista?
En realidad no he tenido
el propósito de permanecer en silencio. Lo que pasa es
que cuando recibo la invitación para una entrevista, de
la que sospecho que el énfasis se hará en el sensacionalismo
relacionado al rescate de mi familia, la he rechazado cortésmente.
Aquello quedó atrás. Y sinceramente, ya me aburre
hablar del rescate. Especialmente porque, como todo cubano, tengo
opiniones sobre lo que ocurre en Cuba y en el exilio. Son asuntos
de actualidad que nos afectan crucialmente a todos hoy, e impactarán
a nuestros descendientes en el futuro. Por su importancia, prefiero
expresarme y debatir esos problemas. Esta entrevista es bienvenida
precisamente por eso.
2. ¿Que añora
más de Cuba?
Muchas cosas: las calles
en que jugué de muchacho, los arroyuelos y los campos en
que corrí, nadé, y me sentí más libre.
La hospitalidad y la candidez de los campesinos. El mar y La Habana
con sus olores únicos. Los paseos con Vicky por el malecón,
los teatros. Pero sobre todo añoro a la gente. El bullicio
del barrio, el ruido de los niños en la calle, la voz de
la vecina llamando por aceite o sal. La muda complicidad de vecinos
para bloquear el entrometimiento oficial, y protegerse de la absurdidad
que resulta haber convertido en delito toda iniciativa para buscarse
el sustento y sobrevivir. Añoro la compañía
de familiares y los amigos.
En contraste tendría
que decir también lo que más detesto, y que explica
por qué no estoy allí: la vigilancia constante,
la doble moral, la máscara que mucha gente se pone para
opinar. Los chivatos, la ineptitud de los funcionarios, los dirigentes
serios y tiesos. La inercia, el mutismo, la sumisión, el
servilismo y la traición convertidos en virtudes. La humillación
de no poder pisar lugares para extranjeros
¡en mi
patria! El adoctrinamiento, la mentira oficial, el silencio y
el miedo. El partido, los CDR, la FMC, la UPC, la UJC, los sindicatos
y cuanta porquería han concebido para inhibir el libre
pensamiento. Los discursos oficiales, las estadísticas
absurdas, los logros vacíos, el triunfalismo nefasto y
el falso nacionalismo. La mediocridad en los medios, o los medios
en manos de la mediocridad. El conformismo y la resignación.
¡Los héroes!, que no lo han sido salvo para destruir.
3. ¿Tiene esperanzas
e intención de volver a residir en su patria?
Esperanzas, sí.
Para mí la intención es acción. Y no estoy
preparado para afirmar esa parte, porque no lo sé. Si llegara
el momento de considerar esa posibilidad, la decisión dependerá
del balance que exista entre el peso de la potencial contribución
que pudiera hacerle a mi país, y los deseos de mi esposa
e hijos. Lo que sí puedo asegurarte desde ahora es que
la opinión de mi familia jugará un papel determinante.
Soy de los que piensa que para hacer patria, primero hay que hacer
familia.
4. ¿Cuánto
cree que durará la muerte anunciada de Fidel Castro?
No lo sé. Hoy
la tecnología puede hacer cosas increíbles. En principio
podrían mantenerlo como un vegetal por mucho tiempo. Aunque
de hecho ya estuviera muerto, quiero decir, intelectualmente.
Ariel Sharon, por ejemplo, lleva un año en ese estado,
y se sabe que no regresará al poder, pero tampoco cuando
morirá.
Sin embargo, esa comparación
es válida únicamente desde el punto de vista médico.
Al ex primer ministro israelí se le mantiene vivo por respeto
o por razones humanitarias como ocurre con muchos pacientes a
los que los familiares no quieren retirar los equipos de soporte
vital. En Israel existe una democracia, y sus ciudadanos exigen
un gobierno responsable. No sólo el estado de salud de
Sharon es público, sino que un nuevo primer ministro fue
elegido rápidamente. El gobierno continúa funcionando
bajo el mandato del pueblo.
El caso de Fidel es
diferente. En Cuba el estado se moldeó y funcionó
en torno a su personalidad, en lugar de la ley. Con la pérdida
de sus facultades, el gobierno ha caído también
en una crisis que percibimos a través de esa espiral de
mentiras y silencios ridículos en que ha caído desde
que se anunció la enfermedad.
La aparente inercia
de las autoridades cubanas me recuerda el pintor al que le han
retirado la escalera: con la desaparición pública
de Fidel, se han quedado "colgando de la brocha", y
no saben ni como agarrase ni como caerse. Es en este contexto
que lo necesitan vivo, alimentando la falsa posibilidad de que
regrese a sus funciones por medio de discursos oficiales y partes
de científicos extranjeros convertidos en voceros. Eso
les da algún tiempo para consolidar el control con métodos
más burocráticos y mecánicos como reglamentos
y directivas. Los tiempos de gobernar con discursos pasaron definitivamente
para Cuba. Pero ese impaz tampoco puede extenderse demasiado,
porque desnuda el pánico que envuelve a las autoridades,
resultándoles peligroso. Entonces, en algún momento,
cuando sientan que pueden controlar las cosas, tendrán
que anunciar la incapacidad irreversible de Fidel, o sencillamente
retirarle los equipos que lo mantienen vivo. Y llegado ese momento,
el caso de Fidel difiere también del de Sharon, pues su
existencia se convertiría en un estorbo para gobernar con
autoridad.
De lo que no albergo
dudas, es de que las últimas imágenes en la vida
de Fidel Castro fueron las vistas el 28 de octubre pasado. Ni
regreso al poder, ni momificación siquiera. Tal es el impacto
del mal que lo consume y que quedó revelado precisamente
en esas imágenes de octubre.
5. ¿Tiene alguna
duda de que la revolución se perpetuará mediante
una dictadura militar, encabezada por Raúl Castro, disfrazada
como un gobierno del PCC?
La perpetuación
del gobierno y la constitución presentes son imposibles
porque representan un retroceso en el desarrollo natural de la
civilización.
En cuando a la posibilidad
de una dictadura militar, tampoco. Al menos no del estilo de las
dictaduras militares que abundaron antes en América Latina.
A diferencia de esos países, las Fuerzas Armadas cubanas
no han sido un órgano represivo contra la población.
No han encarcelado, enjuiciado o torturado. Esa criminal tarea
la cumplen las fuerzas del MININT, que son muy diferentes. Hasta
el momento de yo abandonar Cuba existía entre la oficialidad
más joven del ejército una convicción profunda
de ser parte del pueblo. Aunque la autoridad está en manos
de generales esencialmente corruptos, los ejecutores son los mandos
medios de las FAR. Estos hombres ven su misión como la
de proteger al país de una posible agresión, y creo
que jamás apuntarían las armas contra el pueblo.
Eso lo sabe Raúl, como sabe que el día que dé
semejante orden terminará corriendo el destino de Ceausescu.
No olvidemos que, al margen de quién dé las órdenes,
será el soldado en última instancia el que tendrá
que oprimir el gatillo. ¿Y quienes son los soldados cubanos
sino los jóvenes más avasallados, humillados y privados
de libertades por el gobierno?
Sin embargo, en términos
de tiranía, Raúl Castro sólo necesita continuar
el presente estado de terror con los medios del MININT y el apoyo
de la única rama de las FAR que se prestaría a la
tarea: la CIM.
Yo pienso que esta
pregunta se la estará haciendo a sí mismo Raúl
Castro. Porque en sus manos radican las opciones, y sus decisiones
tendrán un impacto definitivo en el futuro de Cuba. Pero
más importante aún para él, en su propia
vida, que podría perderla si mantiene el status quo.
6. ¿Cree que
hay alguna posibilidad de que una facción del ejercito
se postule a favor a una transición democrática?
Absolutamente. Conozco
el pensamiento de oficiales jóvenes y sus deseos de lograr
la democracia en Cuba. El asunto está en si tendrán
la posibilidad de plantearlo, si se abrirán los espacios
para eso dentro del ejército, o permanecerán cerrados
como hasta ahora. Pienso que para que eso ocurra, el gobierno
primero tendría que dar pasos paulatinos, pero concretos,
encaminados al respeto de los derechos humanos y la diversidad
de pensamiento. ¿Se atrevería Raúl Castro
a ello? Nadie lo sabe. Su gran batalla comenzará después
de los funerales de Fidel. Posiblemente ya esté debatiendo
en su cabeza la disyuntiva de continuar con el inmovilismo y arriesgarse
a un estallido popular, o hacer cambios paulatinos que darían
sosiego a los cubanos y tranquilidad a su gobierno.
El problema más
serio que confrontará Raúl, si se decidiera por
los cambios, será el legado ideológico de su hermano.
Encontrar cómo explicar a los elementos más extremos
esos cambios que obviamente irían en contra de lo que hubiera
querido Fidel, y al mismo tiempo asegurar la lealtad de los ministros
y generales adoctrinados y embobecidos por Fidel.
No sabemos cuán
hábil será Raúl en ese hipotético
ejercicio. Pero lo paradójico, y a la vez lo más
inteligente para él, sería utilizar al mismo Fidel
Castro como ideólogo del cambio, regresando a los orígenes
traicionados de la Revolución, y a los postulados que les
valió el apoyo absoluto del pueblo en el 58. Bastaría
con cumplir las ideas que Fidel defendió durante el juicio
por el asalto al Moncada, para poner a Cuba en el camino a la
democracia. Serían pasos inteligentes que cambiarían
el país y su lugar personal en la historia. Pero no doy
crédito a esta posibilidad. Sospecho que el temor a las
consecuencias que para él y su familia podrían traer
un cambio, superan su sentido de responsabilidad y su amor por
la nación.
7. ¿Cree usted que Raúl Castro acierta en apoyarse
en los comandantes de la revolución, especialmente en Ramiro
Valdés, o considera que son capaces de traicionarle?
Creo que él
sabe perfectamente que Ramiro Valdés, Guillermo García,
Juan Almeida, Machado Ventura y otros no son más que símbolos.
La realidad es que ninguno de ellos tiene poder alguno, y no tienen
otra opción que someterse a Raúl como se sometieron
a Fidel. Opinarán más, eso sí, tendrán
más espacio con Raúl para discutir. Pero no para
tomar acciones contrarias. La posibilidad de que lo traicionen
no existe en la práctica, aunque estuvieran dispuestos,
porque sencillamente ninguno tiene con qué enfrentarse
a Raúl.
Posiblemente, con el
tiempo y poco a poco, Raúl los pasará a retiro porque
se convertirán en un estorbo para él. Con libertades
o sin libertades, Raúl necesitará proyectar una
imagen de gobernante eficiente y práctico para sobrevivir.
Y toda esa gente es inepta, y tan útil a sus necesidades
para gobernar como lo serían los museos. Tendrá
que cambiarlos inexorablemente por cuadros más jóvenes
y más tecnócratas.
En el caso específico
de Ramiro Valdés, cuya eficiencia en reprimir es incuestionable,
Raúl tendrá que reemplazarlo también por
alguien de su cría. No creo que cometa la torpeza de darle
a Ramiro, un hombre que no es de su total confianza, el poder
que ahora no tiene, regresándolo al MININT.
8. ¿Sería
posible que una comisión de la nomenclatura del partido
o algunos de los militares lideraran una transición democrática
sin el apoyo del resto del ejercito?
Tu pregunta plantea
dos hipótesis. Comenzaré por la del apoyo del ejército:
De hecho, desde hace
ya muchos años el gobierno no goza del apoyo de la mayoría
del ejército, que son los mandos de base, y posiblemente
del 90% de los soldados porque son obligados a servir en contra
de su voluntad, generalmente en condiciones miserables. ¿Cuántos
jóvenes estarían dispuestos a ingresar a las Fuerzas
Armadas si no fueran obligados por la ley? Cualquier encuesta
entre los hombres cubanos nos revelaría que la mayoría
recuerda sus años de Servicio Militar Obligatorio como
los más odiados de sus vidas. Las estadísticas nunca
se revelarán, pero el índice de suicidio entre los
soldados cubanos fue siempre muy alto por esas razones. El soldado
cubano se diferencia mucho del soldado en los ejércitos
regulares de otros países. Mientras que en un ejército
convencional el armamento personal del soldado está siempre
con él como parte del entrenamiento que pretende convertirlo
en un apéndice de su cuerpo, el soldado cubano sólo
toca un fusil cuando está de guardia o cuando realiza una
de las poquísimas prácticas de tiro que se organizan.
En consecuencia, el 98% del armamento permanece almacenado todo
el tiempo bajo estricto control. Ese armamento es contado de 3
a 6 veces al día durante cada relevo de la guardia que
lo custodia, y cuando falta una simple pistola, toda la unidad
militar queda encerrada hasta que aparezca. En contraste, las
fuerzas del MININT y la CIM están armadas todo el tiempo,
con sus pistolas a la cintura y sus fuciles al hombro, listas
para disparar. Pero rara vez se ve a un oficial o a un soldado
de las FAR armado. Esta simple diferencia que pasa desapercibida
para muchos demuestra la naturaleza del enemigo al que teme el
gobierno.
Las armas de las FAR
y de las Milicias de Tropas Territoriales que existen para defender
al país de la omnipresente invasión norteamericana
permanecen almacenadas en polvorines. Pero la policía,
la Seguridad del Estado y la CIM las tienen consigo todo el tiempo,
listas para usar. Entonces, ¿a quién teme el gobierno?
¿A los Estados Unidos, o al pueblo? ¿Contra quien
han tenido Fidel y Raúl las armas siempre listas? Es un
detalle que el pueblo podría observar con más atención,
porque desmiente por sí mismo el mito de la amenaza externa,
y desnuda el temor del régimen hacia el pueblo que oprime.
En Suiza, por ejemplo,
cada ciudadano es considerado un soldado para defender a su país
de cualquier agresión. Pero cada ciudadano suizo tiene
en su casa el armamento de combate, listo para utilizarlo ante
cualquier ataque sorpresivo. En cambio Cuba, a pesar de lo que
repita el Granma, nunca ha estado lista para defenderse de una
invasión sorpresiva de los Estados Unidos. Pero eso al
gobierno no le importa porque sabe que Cuba no está amenazada
desde el exterior. Lo que preocupa al gobierno cubano, a quien
teme la dictadura, es al pueblo. Y por eso, contra el pueblo,
es que sólo las fuerzas represivas del MININT y la CIM
están realmente armadas.
Por otra parte, la
realidad es que los hombres de las FAR son los únicos que
pueden poner fin al abuso del MININT. Son las armas de las FAR,
en manos de sus hombres, las únicas con capacidad para
acabar con toda la inmundicia que representan la Seguridad del
Estado, la policía represiva y la CIM.
A pesar de lo que se
diga en los discursos oficiales, y el lugar que Fidel y Raúl
pretendan darle a las FAR en la Revolución. El verdadero
soporte de su gobierno ha sido siempre el MININT con su Seguridad
del Estado. A nada temen ellos más que al ejército
armado. Por eso bien se ocupa la CIM, cuando hay un desfile militar
en la Plaza, de revisar y asegurarse, una mil veces, de que no
halla tan siquiera una bala disponible en ninguno de los fusiles,
aviones y otros armamentos que desfilarán. Las únicas
armas que puede haber en la Plaza con capacidad de disparar son
las de la Seguridad y las de la CIM. Díganme entonces en
quien confía la tiranía, y a quien teme.
Sin embargo, la oposición
que existe en el ejército, como en el caso del pueblo,
se trata tan sólo de un estado de ánimo que no ha
podido traducirse en acción. Primero, por la razón
de que las armas que no están al alcance de la mano, y
segundo, por la constante vigilancia de la Contra Inteligencia
Militar. ¿Qué oficial se arriesgaría a decir
abiertamente lo que piensa, o a intentar organizar una oposición,
cuando por reglamento la más mínima crítica
a Fidel o a Raúl se paga con cárcel? A mi parecer
es algo que en las condiciones presentes sólo puede ocurrir
de manera espontánea y masiva.
Pero regresando a tu
pregunta, supongo que estaríamos hablando de una oposición
organizada por una porción considerable de militares contra
las iniciativas aperturistas del gobierno. En ese caso te diría
que no. Porque implicaría la aceptación de diferencias
y divisiones dentro del ejército que son universalmente
inadmisibles en de las instituciones armadas. De lo contrario
estaríamos en los umbrales de un conflicto con el potencial
de convertirse en guerra civil. La única oposición
a iniciativas de cambios sería la del generalato corrupto,
pero no encontraría seguidores entre los oficiales intermedios
ni los soldados, por las razones que ya te decía. Entonces
esos generales quedarían neutralizados y retirados.
Ahora, en cuanto a
la otra hipótesis que plantea tu pregunta, la de una comisión
del partido o de militares que liderara una transición,
me resulta difícil de imaginarla sin Raúl Castro
a la cabeza. Y pienso así porque la estructura de poder
en Cuba está concebida de manera que él lo heredará
en su totalidad. Y cualesquiera que sean sus intenciones, Raúl
no va a repartir ese poder, aunque decidiera incluso iniciar una
transición. Las insinuaciones que hizo recientemente sobre
un gobierno colegiado son sólo palabras adecuadas para
el momento adecuado. Creo que una vez enterrado Fidel, Raúl
ejercerá el poder, por la opción que determine,
sin tolerar oposición alguna desde adentro. Para él
será una necesidad. En definitivas, tendrá todos
los mecanismos de poder en sus manos y, ¿para qué
correr el riesgo de entregar a sus súbditos las herramientas
para que se le opongan, practiquen la división y compitan
por el poder? Por el contrario, sabe que una vez soltado los diablos
no podrá regresarlos a la jaula, y que si la discordia
estalla en la cúpula, entonces perdería el control
sobre el orden de la transición, y en consecuencia, perdería
también el control sobre su seguridad personal y la de
su familia.
Entonces, según
tu pregunta, tendríamos el escenario de un Raúl
Castro que, desde una postura autoritaria y con poder absoluto,
decide deshacerse paulatinamente de los hombres que estorban a
su alrededor, e iniciar una transición que él iría
profundizando en la medida que va ganando el apoyo genuino del
pueblo, y con ello, la seguridad para sí mismo. Es una
alternativa que el pueblo de Cuba apoyaría mayoritariamente
porque evita el caos.
Este es asunto que
muchos líderes del exilio no comprenden, posiblemente por
los años que llevan fuera de Cuba, y han perdido la noción
del estado de cosas allí. La mayoría de los cubanos,
incluyendo al exilio, quisiéramos una transición
justa y democrática. Eso nos une, coincidiendo en los deseos
de hacer justicia, que implica enjuiciar a los líderes
presentes por sus crímenes. Pero esa justicia es sólo
posible en caso de un levantamiento popular. ¿Y después,
qué?
Hay un sector muy fuerte
entre los líderes del exilio que exige elecciones libres
en seis meses. Y cuando escucho eso, lo primero que me pregunto
es: ¿Y quién va a contar los votos? Porque Cuba
está sumida en un estado de destrucción y desgobierno
tal que no puedo imaginar cómo podrían organizarse
unas elecciones justas y transparentes en tan poco tiempo. Porque
para unas elecciones se necesitan orden y ley. Y en Cuba, como
sabemos, las instituciones no tienen fundamento legal, sino que
funcionan sobre un legajo absurdo de mandatos ideológicos
impuestos por el partido único. Entonces, primero habría
que cambiar las leyes, o al menos declarar inválida la
presente constitución para que la de 1940 entre en vigor.
Y luego hacer que las instituciones se rijan por la ley, y que
los funcionarios aprendan los mecanismos legales en que debe funcionar
el país. Eso no se logra en unos meses.
Pero habría
retos aún más inmediatos que enfrentar una vez pasada
la euforia por el gobierno depuesto y la justicia impartida. En
La Habana, por ejemplo, la mayoría de los policías
fueron importados desde Oriente porque el gobierno sabía
que los locales se prestarían menos para el sucio trabajo
de reprimir. ¿Qué pasaría con esos policías?
No es difícil imaginar que abandonarían la ciudad
inmediatamente, si es que quieren sus pellejos. ¿Y el orden
público? ¿Qué ocurría con los cientos
de miles de fusiles celosamente controlados en polvorines por
todo el país hasta ese momento? Quedarán a merced
del momento, y el pueblo se armará. Pero también
se armarán los criminales que viven entre el pueblo. Y
no es difícil imaginar las consecuencias que traerían
todas esas armas en la calle, en medio del vacío dejado
por las instituciones del orden desaparecidas.
Si pensamos con detenimiento
en estas cosas, entonces nos damos cuenta que la transición
que necesitamos debe ser ordenada, con tiempo para restablecer
el reino de la ley, que nos traiga unas elecciones verdaderamente
libres y transparentes. Donde los candidatos tengan las mismas
oportunidades de dar a conocer sus programas, y los mecanismos
que impiden el fraude estén firmes a infalibles.
Así que, regresando
a tu pregunta (me he extendido demasiado), una transición
liderada por una comisión del partido o por militares,
si estuviera verdaderamente encaminada a la democracia, sería
positiva. En cuanto a la posibilidad, existe, pero sólo
Raúl Castro tiene la opción de llevarla a cabo.
Y, aunque no quiero cerrar las puertas a ese hombre, dudo muchísimo
que él tenga el coraje y el amor por Cuba como para iniciarla.
Por el contrario, me
temo que sólo dará pequeñas libertades económicas
para apaciguar al pueblo. Y si llegara a la estupidez de mantener
las cosas como están, bueno
Este verano que se avecina
los expertos lo prevén como el más caliente de la
historia. También será el de mayor presión
en la caldera social cubana. Y pudiera reventar.
9. ¿Está
la nomenclatura militar tan ocupada en sus negocios que es incapaz
de ver la realidad de los cubanos de a pie o acaso no les importa
el pueblo en absoluto, hay algún negocio de el ejercito
en particular que es desconocido y que le gustaría desvelar?
Claro que ven y dan
la espalda a la realidad de los cubanos de a pie. Son corruptos
y no les importa. Pero esa es la nomenclatura. No los confundamos
con los hombres sencillos que sirven honorablemente, desinformados
y acosados por el mito de la amenaza extrajera, en las unidades
militares que están regadas por el país.
Lo que conozco de los
negocios que realizan los generales de las FAR, lo he conocido
aquí. Pero nada me sorprendería. El robo al pueblo
es rampante.
10. ¿Qué
siente cuando los elementos de propaganda del régimen insisten
en destacar los presuntos logros revolucionarios?
Ultraje. Son un insulto
a la inteligencia. En Estados Unidos y en América Latina
he encontrado mucha gente que defiende la salud gratis como un
logro indiscutible de la revolución. Entonces les respondo
que es preferible pagar la atención médica con dinero
que con derechos. Y aunque el sistema de salud cubano actual es
un desastre, pienso que si fuera el mejor del mundo, tampoco lo
querría, porque no se diferenciaría en nada de la
atención veterinaria de primera calidad que reciben los
animales del zoológico. Éstos no pagan con dinero,
pero sí con su libertad. Yo prefiero la selva, con sus
enfermedades y sin médicos.
11. ¿Cree que
queda algún mito revolucionario por desmentir al mundo
o considera que ya la comunidad internacional conoce la situación
interior real cubana?
Quedan por desmentir
todos. La propaganda del régimen ha sido extremadamente
efectiva. Y los cubanos que estamos en el exterior hemos fracasado
en combatir esa propaganda con inteligencia.
12. ¿Cree que
el pueblo cubano reaccionará de alguna manera tras enterrar
a Fidel Castro?
Habrá alegría, claro, pero silenciosa. También
expectativa y esperanza en que las cosas mejoren. Sin embargo,
Raúl cometería un error si interpretara eso como
una señal de que las cosas pueden seguir igual que antes.
Los cubanos necesitan respiros y él tendrá que darlos
de alguna manera, y alimentar alguna esperanza. La paciencia del
pueblo se está agotando.
13. ¿Considera
que ha habido algún cambio en la represión interna
o prevé alguno posible?
No, y tampoco lo preveo
a corto plazo. Raúl no podrá dar pasos en ese sentido,
incluso si lo quisiera, mientras Fidel esté vivo. Primero
tendrá que enterrar al hermano, después quitar a
alguna gente que le estorban, y entonces aflojar la represión.
Si es que ese fuera su propósito. Pero no lo sabemos.
14. ¿Cree que
la disidencia en el insilio debería elaborar un documento
de común acuerdo para que lo rubricaran todos los grupos,
pidiendo nada mas que la liberación de los presos políticos
y la celebración de unas elecciones libres, plurales y
con sufragio universal?
Me es difícil
opinar desde la seguridad que me rodea aquí sobre lo que
la disidencia debería hacer allí. Me abstengo de
ello, y detesto las críticas que se hacen a algunos disidentes
desde aquí. El primer apoyo que el exilio debería
dar a la disidencia es abstenerse de criticarla. Aunque sabemos
que la disidencia está penetrada por la Seguridad del Estado,
aunque sospechamos de algunos de sus miembros, pienso que es preferible
evitar las críticas desde aquí. No es una cuestión
de silenciar opiniones, sino de tener una estrategia efectiva
de lucha. Porque actuamos como el grupo de pescadores cuyas vidas
dependen del único pez que hay en el río, y entonces
nos pasamos el tiempo discutiendo cómo cocinar el pescado
en lugar de organizarnos primero para poner la red a lo largo
del río, capturar el pez y entonces discutir cómo
cocinarlo. Para nosotros el pez sería derrotar al gobierno
u obligarlo a iniciar una apertura. Es el primer paso, en lo que
todos estamos de acuerdo, y en lo que deberíamos enfocar
el cien por ciento del esfuerzo. Las diferencias políticas,
el cómo cocinar el pescado, es cosa a discutir después
de manera abierta en el camino a las elecciones. Le tocará
al pueblo escoger la receta que más le convenga.
15. ¿Deberían
elegir a un primus inter pares y un color que lo representara
para que defendiera ese acuerdo en los foros internacionales para
que se comprobara en el exterior el nivel de pluralidad que acepta
el régimen?
Eso sería bueno
desde el punto de vista de darle un rostro a la disidencia, y
cierta protección dentro de la indefensión en que
viven. Pero será insuficiente para obligar al gobierno
a negociar. Para eso hace falta la fuerza, y para la fuerza: la
unidad. Pero corresponde a los disidentes elaborar la estrategia
adecuada.
16. ¿Cree usted
que la disidencia en el exilio debería apoyar este documento
de forma unánime y adoptar el color elegido como símbolo
de su representación?
Sí. Se trata
del agarrar al pez primero, ¿no?
17. ¿Considera
que en el exilio se están preparando para dar los pasos
adecuados para fomentar que los cubanos residentes en la isla
pidan una transición a la democracia?
Habría que saber
primero qué son los pasos adecuados. Pero creo que la mayoría
del exilio apoyará cualquier iniciativa encaminada a la
transición de los que están en la isla.
18. ¿Qué
daño podría hacerle al gobierno cubano y a los militares
en especial una campaña que promocionara el turismo hacia
la isla solo cuando existiera una democracia real en Cuba?
Ninguno. Aún
no hemos sido capaces de convencer a muchísimos ciudadanos
de América Latina y Europa Occidental sobre la naturaleza
criminal del régimen. Y dudo de nuestra capacidad para
organizar una campaña de esa magnitud que sea efectiva.
19. ¿Cree posible
que si la disidencia le planteara esta disyuntiva a Raúl
Castro transigiría con un proceso de transición
de algún tipo?
No. Para plantearle
algo de esa naturaleza al gobierno hay que estar respaldado por
la fuerza que representa el apoyo abierto de una gran parte de
la población. Y el gobierno ha sido eficiente en impedir
que el mensaje de la disidencia llegue con regularidad a la población.
Habrá mucho trabajo que hacer primero. El gobierno no escuchará,
a menos que esté obligado a ello por la presión
popular.
20. ¿Cree que
los cubanos residentes de la isla quieren cambios hacia la libertad
y la democracia o se conformarían con que les mejoraran
sus condiciones de vida?
Creo que una mayoría
aplastante quiere cambios hacia la democracia. Pero también
quieren tranquilidad. Mejorar las condiciones de vida no los conformará,
pero les dará un poco más de paciencia en esa espera
para evitar la violencia.
21. ¿Estaría dispuesto a asumir algún papel
activo en un futuro proceso de transición a la democracia?
Depende del proceso
en sí, de mi familia y de lo efectivo que en realidad pudiera
ser.
22. ¿Qué
mensaje les enviaría a los militares cubanos?
Sean siempre leales
a su misión, que es defender al pueblo de todo agresor,
incluso del gobierno.
23. ¿Qué
le diría al pueblo cubano si pudiera leer sus respuestas?
Que practicáramos
la decencia cotidianamente con todos. Es el camino más
corto a la libertad.
24. ¿Cree que
está entrevista será censurada en Cuba y se bloquearán
las paginas en las que se publique?
Seguramente, como censuran
todo lo que informe al pueblo. Aunque no sé de sus capacidades
actuales para bloquear las páginas del Internet. Pero el
Internet es como un dique que se ha roto: ponen un tapón
aquí, y les sale por allá.
25. ¿Cree que
la opinión pública es consciente de hasta donde
es capaz de llegar el régimen para mantener su imagen y
en particular, que opinión le merece la utilización
de Elián y de sus hijos?
No. Especialmente dentro
de Cuba porque la opinión pública está a
merced de la manipulación absoluta de la información
que practica el gobierno. Te pongo un ejemplo sutil: en 1991 cuatro
policías de Los Ángeles fueron filmados por un aficionado
cuando golpeaban brutalmente a un hombre de la raza negra llamado
Rodney King. Las imágenes se transmitieron muchísimas
veces por las televisoras norteamericanas. En Estados Unidos reinó
la indignación, y los cuatro policías fueron enjuiciados.
Rodney King, quien tenía una larga historia delictiva,
recibió una compensación millonaria porque sus derechos
civiles habían sido violados. La televisión cubana
sólo transmitió las imágenes de la golpiza,
y omitió luego el desempeño de la justicia. Entonces,
¿se le puede culpar a la gente en Cuba que tiene una visión
equivocada de los Estados Unidos?
Ellos son maestros
en manipular la información para someter a las masas. A
veces los subestimamos, o no los comprendemos, y cometemos errores
que les facilitan el trabajo. El caso de Elián Gonzáles
en un vívido ejemplo de esto. Fidel vio en la situación
creada alrededor del niño una oportunidad única
de redimir su reputación como divisor de familias y poner
al exilio en ridículo ante la opinión pública.
La aprovechó en toda su dimensión. Montó
una campaña de publicidad extraordinaria alrededor del
caso, gastó millones en abogados, aviones fletados y periodistas
invitados a cubrir los eventos en Cuba. Para él esos millones
eran un precio insignificante a pagar por el beneficio político
que obtendría. Entonces movilizó al pueblo y organizó
las numerosas manifestaciones a lo largo de la isla que allí
recordarán bien.
En la prensa de los
Estados Unidos, que generalmente se ocupa muy poco de Cuba, no
hacía más que hablarse del niño Elián
y de las demostraciones masivas en La Habana. Puedo asegurarte
que en esos días se debatió más el caso de
este niño cubano en los medios norteamericanos, que todo
lo que se había discutido o escrito sobre Cuba desde la
Crisis de Octubre hasta ese momento. Y todo eso en un contexto
positivo para el gobierno cubano. Fidel envió al padre
de Elián con el resto de la familia a Washington, vinieron
las abuelas
Todos ellos, claro, estrictamente controlados
por los oficiales de la Inteligencia cubana que los acompañaban,
inhabilitados para hablar por sí mismos. ¿Y qué
veía el pueblo de los Estados Unidos? Veía a un
padre reclamando el legítimo derecho de potestad sobre
su hijo. Veía al pueblo en Cuba exigiendo, frente a la
Sección de Intereses, la reunificación de esa familia.
Y veía a unos parientes y a unos líderes del exilio
empeñados en retener al niño con ellos. Eso es todo
lo que vía la mayoría del pueblo norteamericano.
Entonces, ¿de qué lado iba a estar la opinión
pública que dicta la política de este país?
Para los ciudadanos libres no hay nada más importante que
los hijos, y los norteamericanos vieron en Elián a sus
propios hijos, y a sí mismos en Juan Miguel. La mayoría,
desde luego, estuvo por el retorno inmediato del niño a
su padre.
Yo creo que los líderes
del exilio perdieron esa perspectiva de las cosas y se dejaron
arrastrar al juego político trazado por Fidel. Cayeron
en la trampa que se tendió desde La Habana, y cometieron
el error de convertir la batalla por Elián en una batalla
política. Los líderes de la Fundación Cubano-Americana
pusieron sus recursos y sus abogados al servicio de los parientes
de Elián en Miami. Lo que estuvo bien. Pero se pusieron
ellos también en la prensa y se convirtieron en protagonistas.
Lo que estuvo mal. De esa manera mientras más presión
hacía Fidel desde La Habana, más presión
hacíamos nosotros desde la tribuna de las organizaciones
políticas, acentuando el conflicto y aumentando la publicidad
que trabajaba en beneficio del gobierno cubano. El pueblo vio
por televisión a las organizaciones políticas del
exilio haciendo de contraparte al gobierno cubano, hablando en
nombre de la familia, vio el cortejo de automóviles con
esos líderes yendo a entrevistarse con una amiga de la
Fiscal General. Se convirtieron, de hecho, en el rostro que aparecía
en la batalla del lado de acá, y por eso de perdió.
Porque el pueblo norteamericano lo interpretó como una
batalla política entre el exilio y Fidel. Y en ese caso,
el pueblo prefirió ponerse al lado del padre, al que veía
en el medio. Y todo eso ocurría cuando había otros
niños y familias enteras en Cuba impedidos de viajar por
el gobierno cubano para reunificarse con sus seres queridos. ¡Y
no se hablaba una palabra en la prensa de EEUU al respecto!
Todos sabíamos
que el padre de Elián y las abuelas eran rehenes virtuales
del gobierno cubano, y que no estaban hablando por sí mismos.
Fidel, en cambio, estaba obligado a impedir el contacto entre
la familia venida de Cuba y la familia de Miami. Por eso su máquina
de propaganda inventó los supuestos peligros de Miami para
justificar que los familiares venidos de Cuba no se reunieran
con los de aquí a solas porque sabía que corría
el riesgo de que todos ellos, una vez separados de los agentes
que los controlaban, pudieran optar por la libertad y quedarse.
Fidel predijo la reacción
de los líderes del exilio que habían tomado control
de las cosas aquí. Ya sea por desconocimiento o por protagonismo,
el caso es que cayeron en su trampa y comenzaron a actuar como
contraparte del gobierno cubano. Así que si Cuba había
dicho que no permitiría la reunión de los familiares
en Miami porque era peligroso allí. Entonces los líderes
de la Fundación respondieron que no se reunirían
fuera de Miami porque podrían intentar el secuestro de
Elián. ¡Qué torpeza! Nada menos que en los
Estados Unidos, donde para los efectos de la ley daba lo mismo
estar en Miami, que en Nueva York, u otro estado como Colorado
o Arizona. De esa manera se confundieron las prioridades, y en
lugar de hacer todo lo posible por facilitar esa reunión
a solas entre familiares, en cualquier parte de los Estados Unidos
bajo protección federal, tomaron el curso de responder
a las acciones del gobierno cubano con acciones opuestas. Pero
que en efecto contribuían a lo que Fidel quería:
impedir que las dos familias se reunieran a solas.
El resultado fue que
Fidel logró cercenar los lazos de una familia cubana más,
y en la operación, logró aglutinar al pueblo y que
no se hablara de otra en cosa en Cuba que de Elián González,
que se olvidara la represión contra la disidencia y los
problemas que acosan a los cubanos.
Hay batallas que no
se ganan con dinero, sino con astucia y transparencia. Y la de
Elián se perdió por eso. Porque las acciones de
los líderes de la Fundación estuvieron marcadas
por el protagonismo, y no ayudaron a ganar la opinión pública
del pueblo norteamericano, que fue la que en definitivas determinó
el curso de los acontecimientos. Las consecuencias las pagó
la familia González, y especialmente el niño, que
perdió el derecho definitivo sobre su persona. Y el padre,
que cedió al gobierno cómo educar a su hijo. Convertidos
ambos en instrumentos de propaganda política. Sólo
Juan Miguel sabe si actuó como padre, o como marioneta
de Fidel. La duda nos quedará para siempre.
En el plano personal
me opuse al retorno de Elián a Cuba en aquellas condiciones,
y el New York Times tuvo la gentiliza de publicar una carta mía
en la que explicaba por qué pensaba de esa manera. Pero
puedo asegurarte que si Juan Miguel hubiera mostrado su amor de
padre, mandando al diablo a los funcionarios cubanos y a todos
los que estaban en su camino, y hubiera arrancado para Miami él
mismo a reclamar a su hijo, entonces me habría tenido a
mí y a una gran parte del exilio apoyándolo. Es
más, pienso que de haber hecho eso, nunca habría
prosperado el pleito, y que los parientes del niño habrían
cedido a su petición, porque la habrían reconocido
como genuina. El problema surge por la seguridad que teníamos
todos de que no era el padre, sino Fidel, quien hablaba por la
boca de Juan Miguel.
El juicio final lo
hará Elián cuando alcance la madurez y analice el
curso de su vida. Si determina que perdió algo tan preciado
como la libertad cuando la tuvo tan cerca, la responsabilidad
caerá por entero en Juan Miguel González. Un padre
no puede tener peor castigo que ese en la vida.
26. ¿Considera
que los exiliados cubanos han aprendido de errores pasados y están
tomando conciencia de que la democracia solo se alcanzará
en Cuba por medios pacíficos y cuando la unidad de los
grupos disidentes sea un hecho comprobado por el régimen?
Indudablemente el exilio
ha madurado mucho con los años. Pero aún lo consumen
las divisiones, debilitando el tremendo potencial que tenemos
para hacernos sentir como una fuerza a respetar mundialmente.
Según el Departamento del Censo de los Estados Unidos,
el grupo de inmigrantes más exitoso en la historia de este
país es el nuestro, superando incluso a la mayoría
de origen anglosajón. El 37% de los cubanos de segunda
generación, por ejemplo, tienen ingresos superiores a cincuenta
mil dólares anuales, comparado con el 18% de la mayoría
anglosajona. Eso demuestra la extraordinaria ética de trabajo
y el coraje para emprender sueños que tiene nuestro exilio.
Sin embargo, no hemos tenido éxito en proyectarnos al mundo
como lo que realmente somos. Nuestra falta de influencia global
en la batalla por la libertad de Cuba ha sido un fracaso colosal
que no podemos ignorar, si queremos enmendar las cosas.
La propaganda de mentiras
del gobierno cubano ha germinado mejor por el mundo que los testimonios
reales sobre sus crímenes. Y la responsabilidad de contar
al mundo esa verdad recae por entero en el exilio. Conformarnos
con los éxitos obtenidos aquí, con la influencia
alcanzada en la política interna de este país, darnos
palmadas en el hombro por lo que se ha logrado, no ayudará
a cambiar las cosas. Tampoco lo hará decirnos que los recursos
que invierte el régimen en propaganda son muy superiores
a nuestros recursos. Hay muchísimas cosas que debíamos
hacer y que no se hacen. La realidad es que hemos fallado miserablemente
en lograr que los pueblos se conviertan en nuestros aliados, pues
aún una gran parte de esta humanidad apoya y defiende al
gobierno cubano.
Recientemente leí
que el alcalde de Londres se proponía gastar algunos millones
de libras en celebrar oficialmente el casi medio siglo de "justicia
social en Cuba". Si los londinenses fueran nuestros amigos,
bien tenía que cuidarse el alcalde de hacer semejante propuesta.
¡Entonces, dígame usted si no hemos fracasado! Cada
joven que camina por las calles de Europa y América Latina
vistiendo una camiseta con la figura del Ché es un logro
de la propaganda castrista, y un recordatorio de nuestro fiasco.
No reconocerlo es una torpeza que nos mantendría en el
inmovilismo.
¿Y por qué
ha ocurrido eso? En mi opinión por tres razones fundamentales:
Primera: porque estamos
divididos, y sumidos en riñas políticas que son
menos urgentes que lograr la derrota de la tiranía. Aquí
precisamente, nos comportamos como los pescadores que se la pasan
discutiendo cómo cocinar el pescado en lugar de reunir
los esfuerzos para capturarlo, y después discutir como
cocinarlo. Desgraciadamente una parte determinante del liderazgo
se ha empeñado en marcar sus diferencias ideológicas
con otros, en lugar de trazar puentes y buscar los puntos que
indudablemente tenemos todos en común, y trabajar en ellos
con tesón y tolerancia. Te pondré un ejemplo de
lo que quiero decir: en diciembre de 1994 tuvo lugar la Cumbre
de las Américas en Miami, la capital del exilio. Nunca
habíamos tenido una oportunidad mejor para contar a los
mandatarios de este continente la verdad sobre nosotros, demostrarles
nuestra organización, nuestro poder y lo que realmente
somos. Era una oportunidad única de atraer el respeto y
la atención que necesitábamos para ser escuchados
en un mensaje claro sobre la situación en Cuba. Como yo
no era miembro de grupo político alguno, y mantenía
relaciones cordiales con todos, pensé que sería
una buena idea vestirme de intermediario y conversar con los líderes
del exilio a ver si lograba que todos se sentaran en una mesa
a discutir un solo propósito: organizar una marcha silenciosa
del exilio, sin carteles de organizaciones, sin protagonismos
personales, sin discursos. Tan sólo con banderas cubanas
y fotografías de los presos políticos y otras víctimas
de la dictadura. El efecto de cientos de miles de cubanos marchando
disciplinadamente con un mensaje simple y claro habría
sido trascendental. Recuerdo que Jorge Mas Canosa, Carlos Alberto
Montaner, Armando Pérez Roura y otros líderes tuvieron
la gentileza de recibirme. Todos me escucharon. Pero al final,
ninguno levantó el teléfono para conversar con el
otro. Luego las diferentes organizaciones realizaron sus propias
demostraciones, hondearon sus propias banderas y los líderes
pronunciaron sus discursos. Pero la fuerza que pudo demostrarse
en una acción mancomunada del exilio quedó diluida
y no tuvo el impacto deseado.
Yo sé que este
es un tema delicado. Y tal vez mis palabras hieran la sensibilidad
de algunos. Pero tarde o temprano habrá que enfrentarlo
con honestidad, y los líderes del exilio tendrán
que acopiar el valor necesario para saltar las diferencias y buscar
el consenso en lo que nos une, postergando el debate sobre lo
que nos divide, si es que queremos convertirnos en la fuerza formidable
que tenemos el potencial de ser.
Segunda: porque carecemos
de una estrategia de lucha coherente y abarcadora. Lo mismo apoyamos
la lucha pacífica que las actividades de corte terrorista
de algunos grupos armados. En estos últimos merece detenernos:
Debo decirte ante todo
que creo en la lucha armada como un recurso legítimo que
tenemos los cubanos para alcanzar la libertad. Y creo en la vigencia
de las palabras de Maceo cuando dijo que la Libertad no se mendiga,
sino que se conquista con el filo del machete. Pero una cosa es
la lucha armada, y otra cosa son la propaganda grosera y el terrorismo
que nos merecen el irrespeto de aquellos que necesitamos de aliados.
Y es importante marcar bien esta diferencia por el daño
que a nuestra causa han hecho, en mi opinión, algunos grupos
armados del exilio. Mucha gente calla o teme pronunciarse al respecto.
Pero la realidad es que el silencio no es nuestro amigo en esta
batalla, ni tampoco la percepción equivocada que existe
en el mundo, en gran medida alimentada por la propaganda cubana
y sazonada por estos grupos, de que somos una comunidad tan llena
de rencor que no nos importan las víctimas que puedan resultar
de nuestros métodos. Ayer mismo, por ejemplo, El Nuevo
Herald anunció que grupos de exiliados realizarán
una manifestación el viernes en respaldo a Posada Carriles.
Esa es la imagen que transmitimos al mundo. Es posible que Posada
Carriles sea una víctima inocente de las maquinaciones
de Fidel para implicarlo en el ataque al avión de Barbados.
Pero también algunas de sus acciones, las que él
mismo ha reconocido, han prestado un servicio inigualable a la
tiranía, porque no han tenido nada que ver con la lucha
armada y sí con el terrorismo. Cuando las bombas comenzaron
a explotar en los hoteles de La Habana tuve profundas sospechas
de que era una operación montada por la propia Inteligencia
cubana. Porque poner víctimas inocentes que nada tienen
que ver con el problema cubano sólo sirve a la dictadura
en su campaña universal de descrédito contra sus
oponentes. Poco después Posada concedió una entrevista
al New York Times en la que se hacía responsable de dichas
bombas. ¿Qué opinión se hizo el pueblo de
los Estados Unidos cuando leyó esa entrevista? ¿Ayudó
Posada Carriles con eso a la libertad de Cuba, o sirvió
a los intereses propagandísticos del régimen? Esas
son las cosas que explican por qué el pueblo norteamericano,
el pueblo que más ha contribuido a la libertad de otros
pueblos, no nos ha dado su apoyo a pesar de que desprecia a Fidel
Castro.
Algo similar ocurre
con los grupos que iban a los Everglades de la Florida, vestidos
de camuflaje y armas largas a entrenarse para la lucha armada.
El problema no está en el entrenamiento que realizaban
si su propósito era realmente luchar con las armas contra
la dictadura. El problema está en que al otro día
salían las fotografías de los entrenamientos en
los periódicos, con todo el descrédito que ello
representaba. ¡Nunca se había visto a un grupo armado
más interesado en la propaganda de sus acciones! Es el
caso con las bombas que durante una época explotaron en
los consulados cubanos de varios países, violando la soberanía
de esos países. ¿Cómo podemos exigir respeto
por nuestra soberanía, cuando no respetamos la ajena? ¿Cómo
podíamos recabar el apoyo del pueblo norteamericano cuando
una bomba explotaba en el consulado cubano de Nueva York, y luego
un grupo que se decía luchar por la libertad de Cuba se
hacía responsable? ¿Y los ataques furtivos a instalaciones
civiles costeras de Cuba? ¿Merecían esas acciones
el respeto y el apoyo del pueblo norteamericano y los países
democráticos? Claro que no. Y el exilio dejó de
condenar esas acciones porque Fidel las estaba condenando también
desde La Habana. Porque lo triste de estas actividades, es que
muchas han sido promovidas por el gobierno cubano. Y en el exilio
nos ha faltado la sagacidad para darnos cuenta de ello. A pesar
de que ha sido documentado claramente.
En 1992, por ejemplo,
Francisco Ávila Azquy, quien era jefe militar de Alfa 66,
y trabajaba al mismo tiempo para la Inteligencia cubana y el FBI,
salió de las sombras y contó cómo los agentes
del gobierno cubano infiltrados en el exilio instigaban acciones
armadas que Fidel pudiera calificar después de terroristas.
Relató cómo la Inteligencia cubana le había
entregado dinero en efectivo para financiar tres tiroteos a las
costas cubanas desde el mar. Y que en una ocasión le dieron
doce mil dólares para que comprara una embarcación
para Alfa 66. Antes de hacer sus declaraciones, y para demostrar
su credibilidad, Francisco se alió con un canal de televisión
local y filmaron secretamente uno de sus encuentros con el oficial
de la Inteligencia cubana que lo atendía y que fungía
como diplomático acreditado ante las Naciones Unidas en
Nueva York. El escándalo obligó después al
gobierno de los Estados Unidos a expulsar al diplomático
de su territorio.
Esa es tan sólo
una intriga revelada entre las muchas que corre la Inteligencia
cubana entre esos grupos. ¡Y todavía existe una porción
respetable de este exilio que apoya a esa gente! La mayoría
son gente sencilla y extremadamente ocupada con sus trabajaos
y que está a merced de lo que escucha en las estaciones
de radio de Miami. Esa ha sido una responsabilidad de los líderes
que debieron tener la audacia de explicar a sus compatriotas la
diferencia entre lucha armada y terrorismo. Entre los que trabajan
para la libertad de Cuba, y los que sirven a los intereses del
régimen con sus acciones. Porque sería muy distinto
si esas actividades estuvieran encaminadas al verdadero enemigo.
Aquí se sabe dónde viven los represores más
conocidos de Cuba, los asesinos y los torturadores que abusan
cotidianamente en las prisiones cubanas, los chivatos que han
inundado de tragedia a tantas familias, los jefes de la Seguridad
y la policía represiva. También se sabe dónde
están las unidades fronterizas del MININT que han cometido
crímenes contra el pueblo, como la de Canímar, por
ejemplo. Y yo pienso que cualquier acción armada llevada
a cabo contra cualquiera de esos objetivos militares, cualquier
ajuste de cuentas a esos canallas por alguno de los comandos que
aquí dicen se infiltran allá, habría recibido
el respeto absoluto de todos. ¡Caramba, no hay que ser muy
inteligente para darnos cuenta del timo al que nos somete toda
esa gente!
Recuerdo que siendo
un adolescente escuché a Fidel decir durante un discurso
que el noventa por ciento de las organizaciones contrarrevolucionarias
de los años sesenta habían sido creadas por la Seguridad
del Estado, y que en muchas de las otras los agentes de la Seguridad
componían más de la mitad de sus hombres. Y me pregunto
cuál será la magnitud del esfuerzo que la Inteligencia
cubana ha puesto en promover organizaciones de corte terrorista
en el exilio.
Personalmente creo
que la estrategia de lucha debe ajustarse a las condiciones del
momento, y que ahora la opción armada no es viable desde
afuera, entre otras cosas, porque viola las leyes de los Estados
Unidos y otros países. El mundo de hoy no es el de Martí
en vísperas de la guerra del 95, ni el del Granma en 1956,
y las operaciones armadas desde el exterior, sencillamente no
son producentes. Sin embargo, aunque no esté de acuerdo
con esa opción de lucha, sentiría siempre el mayor
respeto por los hombres que la hubieran llevado a cabo contra
objetivos represivos del régimen. También habrían
tenido el discreto respeto del pueblo norteamericano y una buena
porción del mundo, aunque lo desaprobaran. Pero ese no
es el caso.
Las consecuencias de tales actos han sido terribles para el exilio.
Nos han quitado aliados cruciales y nos han privado del respeto
que merecemos internacionalmente. En Cuba mientras tanto, sólo
han servido para aglutinar al pueblo, para indoctrinar a la juventud
en el odio y la desconfianza, y para descalificar a los que se
oponen al gobierno.
Y tercera: porque hemos
dejado a la juventud en los centros académicos del mundo
a merced de la propaganda castrista. Es cierto que los recursos
del exilio no pueden competir con los de un estado que cuenta
con miles de diplomáticos, y prácticamente fondos
ilimitados para la labor de diseminar mentiras. Pero también
es cierto que no hemos sabido organizar a nuestros hijos para
combatir, aunque sólo fuera en las universidades norteamericanas,
a la propaganda castrista. I digo organizar porque es todo lo
que se necesita hacer con nuestros jóvenes. Es increíble
la identificación que tienen los cubanos nacidos aquí
con la patria de sus padres. Si le preguntas a cualquiera de ellos
de dónde es, te dirá que de Cuba. Así son
nuestros hijos, y así de firme ha sido el amor a la patria
que le han transmitido sus padres. Pero todo el talento y toda
la fuerza que tienen nuestros jóvenes están expresados
solamente en esa pasión por Cuba, pero sin efectividad.
¡Cuán diferente serían las cosas en los campos
académicos si nuestros jóvenes dieran conferencias,
interactuaran con otros jóvenes, despertaran la polémica
y dieran testimonio de la realidad que vive Cuba! Porque aunque
exista en las universidades una intelectualidad frívola
que está dominada por la desidia, la verdad de Cuba, descrita
y documentada por nuestros jóvenes, sería imparable.
Esas son las razones
por la que creo no hemos tenido el reconocimiento internacional
que podríamos tener. Sin embargo los fracasos son experiencias,
y veo que cada vez son más los cubanos aquí que
cobran conciencia de lo importante que es apoyar las iniciativas
de la disidencia dentro de Cuba que, por estar allí, está
mejor preparada para definir la estrategia de lucha correcta allí.
Creo que una vez alcanzado un consenso entre los grupos opositores
dentro de Cuba, el exilio cubano lo apoyará abrumadoramente.
Desde luego, también se escuchará la estridente
voz de esos profesionales de la Inteligencia cubana que viven
aquí para oponerse a todo lo que signifique unidad. Pero
serán una minoría, gritona, pero insignificante.
27. ¿Que grado
de infiltración cree que padece la disidencia en el insilio
y en el exilio, es esta la causa de todos sus males?
Muy alto. Aquí
y allá, a todos los niveles. Pero creo que le damos más
importancia de la que merecen, y ya con eso les estamos ayudando
en su trabajo. Porque no olvidemos que su misión es sembrar
la desconfianza y la división entre nosotros, impedir que
sumemos nuestros propósitos en un frente común.
Y a veces nos dejamos llevar por la paranoia de los espías
y sospechamos de todo el mundo, lo que nos impide aglutinar esfuerzos.
Tampoco se trata de confiar en todos, pero podríamos tener
estrategias más efectivas para mantenerlos a raya si tuviéramos
mayor consenso en nuestras acciones. Esa estrategia no puede ser
la misma en el exilio que en Cuba.
Acá podemos
trabajar de manera transparente. Y si los individuos somos transparentes
en nuestras vidas y en nuestras acciones, ya con eso desarmamos
bastante a los espías que nos puedan pisar los talones.
Porque no hay arma más poderosa contra la infamia que el
decoro. Y no hay que temer a los espías en las cosas que
podemos hacer abiertamente, sin paranoias ridículas. Digamos,
por ejemplo, que mañana surja una iniciativa para reunir
firmas de exiliados en una carta al Secretario General de las
Naciones Unidas pidiéndole que exija al gobierno cubano
la liberación de todos los prisioneros de conciencia. Entonces
comenzamos a preparar la lista de gente que queremos que firme,
y alguien dice: "no, ese o aquel no, porque creo que es espía
de Castro". Y a mí me parece una estupidez esa actitud.
Porque si el hombre fuera espía y está dispuesto
a firmar, ¡pues su firma cuenta también! Por otra
parte, no dudemos que si tenemos un espía entre el nosotros
lo primero que hará es decir exactamente eso para mermar
el esfuerzo.
Entonces tendríamos
que ser más transparentes e incluyentes en las actividades
que pueden serlo. Pero al mismo tiempo, mucho más cerrados
en las cosas que requieren la discreción. Digamos por ejemplo,
que un grupo de exiliados se propone mañana introducir
en Cuba, por mar, 20,000 copias de bolsillo de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos. Entonces debe organizarse enteramente
en secreto, sin envolver a nadie que no tenga que estar necesariamente
involucrado con la operación, sin mencionarlo por teléfono
o correos electrónicos que pueden ser interceptados. Esa
discreción debería mantenerse antes, durante y después
de la operación. Porque también, cuando con ánimos
de protagonismo llamamos al periódico al día siguiente
y a las estaciones de radio para contar como introducimos los
libros a Cuba, le estamos haciendo el trabajo a la Inteligencia
cubana. Ellos, que habrían tenido que movilizar a cientos
de agentes para intentar enterarse sobre las vías que utilizamos,
el cuándo y el cómo, reciben toda la información
de nuestras propias bocas porque queremos ser héroes en
el periódico local.
Las condiciones en
que lucha la disidencia en Cuba son muy diferentes, por cuanto
allí los espías son la ley, el juez y el carcelero
al mismo tiempo. Nadie mejor que los que están allí,
al corriente de las condiciones a nivel de ciudad y barrio, puede
decidir mejor como lidiar con estos personajes de doble cara.
En Cuba existe un rostro visible de la disidencia, e indudablemente
existe otro clandestino, que irá ganando fuerza y efectividad
en la medida que logre burlar a la Seguridad del Estado, así
como desarrollar mecanismos que le permita detectar en tiempo
a los espías potenciales.
Una cosa, sin embargo,
debe quedar clara para todos los espías en Cuba y en el
exilio: Nuestra patria no estará siempre a merced de los
delincuentes que la gobiernan hoy. El día que la ley y
el derecho vuelvan a reinar en Cuba, aquellos que con su traición
llevaron la tragedia a muchísimas familias, tendrán
que enfrentar el peso de la justicia.
28. ¿Cree que el General Abelardo Colomé Ibarra
es indispensable para el régimen se mantenga tras la muerte
de Fidel o ve posible que tenga planeada una estrategia de salida
para que si la democracia llega a la isla él y los suyos
estén a salvo?
No. Allí no
hay nadie indispensable para el que ejerce el poder. ¿Eran
indispensables Arnaldo Ocha, Tony de la Guardia, José Abrantes
y Pascual Martnínez Gil? ¿Lo fueron Roberto Robaina
y Carlos Aldana? Tampoco lo será Colomé Ibarra.
Pero este no es un hombre que se distinga por tener cabeza propia.
Pertenece al círculo íntimo de Raúl y posiblemente
tenga un desempeño similar en el futuro.
Creo que vale la pena
aclarar una cosa en cuanto a Ramiro Valdés. Te decía
antes que no creo Raúl le dará poder real regresándolo
al MININT. Pero dada su reputación como policía
eficiente, posiblemente permanecerá largo tiempo en la
posición que ocupa ahora. No nos equivoquemos. La designación
de Ramiro como ministro de Informática y Comunicaciones
está fundamentada en la necesidad de controlar el flujo
de información, impedir el acceso libre a la Internet y
perseguir a los que se atreven expresarse anónimamente
por ese medio. Pero es una posición civil, y él
no será una amenaza para Raúl desde allí.
En cuando a si Colomé
u otros tienen una estrategia de salida, lo dudo. Están
tan confiados en sus posiciones que no lo ven la posibilidad de
que tengan que abandonar el país a la carrera. Pero no
es de extrañar. Los tiranos se alejan tanto de sus pueblos
que pierden la percepción de la realidad, hasta que despiertan
en medio de la revuelta y pagan con sus cabezas. Así ha
sido siempre, y así será en Cuba, a menos que los
líderes actuales se llamen a la razón.
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